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Columna

Oficialismos en picada: El mensaje menos pensado de Evo a Alberto

A Fernández le toca vivir una paradoja, celebra el triunfo de la izquierda boliviana pero con el temor de que esa misma ola lo maltrate fuerte. 22 de octubre, 2020

Se sabe que Bolivia nos toca literalmente, nos toca por vecindad en la frontera y por habitación dentro del país por la cantidad de bolivianos que conviven con nosotros acá. Bolivia también nos afecta. Tenemos, por ejemplo, lazos energéticos de ida y vuelta comunes. Tenemos una historia común y Bolivia nos influye porque los vientos políticos nuestros y los de ellos suelen tener un ida y vuelta entre ambos países, al punto de que unos terminamos determinandonos, de alguna manera, a los otros.

Venimos hablando de Bolivia muy seguido, particularmente desde hace un año, cuando se dio el golpe cívico militar que derrocó a Evo Morales en medio de una gran crisis política y el exilio de Evo terminó con él viviendo acá. Evo dice que Alberto Fernández le salvó la vida y Fernández celebra el triunfo del más boliviano en las elecciones del domingo pasado, que entronizan ahora a Luis Arce, que fue ministro de Economía de Evo y se le adjudica la paternidad del milagro económico boliviano.

Pero atención, Arce no quiere pegarse a Evo, mientras Alberto quiere ir con Evo a la solución de Arce, que aún no tiene fecha pero no pasaría del 14 de noviembre. Arce no quiere pegarse a Evo. Fernández, quiere vivir ese triunfo como propio, pero Arce no quiere quedar pegado a su jefe político o ex jefe político, porque no está claro que Evo haya sido una figura relevante para ganar por más del 20 por ciento de diferencia.

Sin salud ni economía

Más bien tiende a pensar Arce que su principal aliado fue el Covid-19, con la catástrofe socioeconómica que generó y lanzó a la gente de patas y cabeza a la oposición. Arce y sus asesores no estarían dispuestos a jurar que le ganaban a la derecha golpista, por lo menos que le ganaban tan fácil como sucedió por 20 puntos de diferencia.

Alberto habló en las últimas horas con sus asesores y también se juntó con Evo y habló de este fenómeno, de la crisis, de los oficialismos que no caen en picada por asuntos, digamos, ideológicos, sino como efecto del descontento generalizado por la miseria en pandemia.

La vuelta de las protestas en Chile para ver otro ejemplo que nos toca y nos influye. No implica un auge de la izquierda, sino la persistencia de una ola antisistema que estalló también hace un año y hoy acumula todavía más razones que entonces para retomar las calles. Acá vamos a tener elecciones dentro de un año exacto. A Fernández le toca vivir una paradoja celebra el triunfo de la izquierda boliviana, pero con el temor de que esa misma ola lo maltrate fuerte.

 


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