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Meritocracia y mediocridad

El mundo vive una circunstancia dramática en la que se necesitan líderes preparados, capaces de pensar en el futuro, que tengan la la suficiente confianza en su propia capacidad como para dialogar con quienes piensan de otra manera. 27 de septiembre, 2020

La última portada de Newsweek pregunta: ¿por qué tantos gobiernos están haciendo mal las cosas? Muchos dijeron lo mismo cuando empezó la pandemia y pareció que muchos mandatarios no estaban preparados para enfrentar un problema tan complejo. Ahora da la impresión de que tampoco saben cómo enfrentar las crisis económicas y de todo orden que se avecinan. La educación que recibieron les preparó para memorizar conocimientos, consignas, mitos y prejuicios, no para enfrentar lo imprevisto. Saben predicar ideas rancias y no siempre tienen la creatividad para enfrentar el cambio permanente del mundo líquido.

Revoluciones. Antiguamente había abolengos, el poder y la riqueza se heredaban. Con el capitalismo apareció la idea de que somos iguales y debemos prepararnos para competir con los demás en la sociedad democrática. A partir de la Revolución de la Inteligencia esto se agudizó. Como se dice en el libro The Fourth Industrial Revolution, publicado por Foreing Affairs, “en un mundo en donde el conocimiento es poder, la inteligencia es la inversión más valiosa”.

Actualmente transitan por las calles más genios de los que existieron en toda la historia de la humanidad. La ciencia y la tecnología evolucionan a una velocidad exponencial por el trabajo de científicos, académicos y emprendedores que se apoyan en los adelantos tecnológicos. Todo cambió como fruto de las llamadas  revoluciones industriales. Con la primera se mecanizaron los procesos productivos y se desarrolló el transporte de personas y bienes. Su catedral fue la fábrica. La segunda vino con la generación masiva de energía eléctrica y la producción en cadena. Su nave insignia fue la Ford. La tercera, que todavía se está instalando, fue la Revolución de la Inteligencia movida por el desarrollo de los ordenadores, las energías renovables,  la red eléctrica inteligente y el transporte electrónico.

La cuarta revolución se basa en la informática desarrollada durante la tercera y va hacia la automatización de las máquinas, la robótica, los sistemas ciberfísicos de control de la realidad, las smart-industries capaces de predecir, planear, controlar y producir objetos contaminando poco el ambiente y con mínima presencia de seres humanos. Estamos llegando a la época de la internet de las cosas, en la que todos los objetos se van integrando en un sistema de dispositivos interrelacionados entre sí.  La singularidad está entre nosotros como lo previeron Kurzweil, Harari, y otros autores. En diez años trabajarán en el mundo más robots que seres humanos.

Mediocres. El corazón de la cuarta revolución son las universidades. Actualmente las compañías más grandes del mundo no son las que tienen más fierros, sino las que convocan a más gente preparada. Se instalan en centros tecnológicos y científicos como Silicon Valley en California, Zhenshe en China, Cambridge en el Reino Unido y otros similares. Las sociedades que encabezan esta transformación educan a su gente con una excelencia que impedirá que puedan competir con ellos los jóvenes de países que fomentan la mediocridad.

Llega inevitablemente un problema: la globalización de la competencia laboral. Se formará un mercado mundial de trabajo que ya existe de manera incipiente. Cuando se gradúen quienes están empezando sus estudios en nuestros países tendrán que competir con profesionales de todo el mundo y deben prepararse para eso. El motor del presente y del futuro es la meritocracia. Pocos creen que un país puede progresar promoviendo la mediocridad, pero existen.

En Ecuador se creó un organismo antimeritocrático con mucho poder. El presidente de ese entonces quiso que lo conformaran mediocres obedientes. Para ser elegido era mejor no tener méritos: el candidato perdía puntos si tenía título universitario, si había publicado un libro, si hablaba un idioma imperialista. Se democratizó el organismo para que ejerzan el poder ignorantes que obedecían al caudillo. Normalizado el país no hubo quién les maneje. El último presidente fue un corrupto fraile dominico que está en la cárcel porque  usaba la oficina para vender cargos públicos. Esas cosas pasan con la mediocracia.

Son pocos, pero existen, los que creen que un país puede progresar promoviendo la mediocridad

Líderes. El mundo vive una circunstancia dramática en la que se necesitan líderes preparados, capaces de pensar en el futuro, que tengan la la suficiente confianza en su propia capacidad como para dialogar con quienes piensan de otra manera. En vez de eso algunos se dedican a insultar e inventar tonterías para combatir a sus adversarios.

Una de ellos es Jeanine Áñez, que funge de presidente de Bolivia. Gracias a un golpe de Estado de la policía, que puso en fuga a Evo Morales, y sin que nadie la designe, esta señora logró que un oficial de la marina de guerra, con experiencia en combates navales, le ciña la banda presidencial, y se quedó en el palacio. Creyó ser popular. Se postuló para la presidencia y tuvo que abandonar  la candidatura después de un fracaso estrepitoso. Dedicada a perseguir a Morales y a decir disparates sobre el derecho de asilo, colaboró para que el MAS recupere espacio y lo más probable es que Luis Arce gane las próximas elecciones.

Algo semejante ocurre en Ecuador. Cuando empezó el gobierno de Lenin Moreno le aconsejamos que se dedique a solucionar los problemas de la gente y se olvide de perseguir a Rafael Correa. Hizo lo contrario. Sacó a Correa de la competencia electoral, pero tiene la peor imagen presidencial del continente. Quien encabeza las encuestas es el candidato de Correa, seguido por un candidato del partido indígena Pachakutec. Va tercero un banquero en un mal tiempo para ser candidato y banquero. Alguno de los 14 candidatos menores que se inscribieron podría tomar fuerza. En un país en el que el 90% de los habitantes  ha perdido la esperanza puede pasar cualquier cosa.

Perseguidos. Ser perseguido siempre dio buenos réditos políticos. La persecución a Perón, Velasco Ibarra, Haya de la Torre y otros consolidó liderazgos poderosos. Si Mauricio Macri hubiese perseguido a Cristina, ella habría ganado en una sola vuelta sin ayuda de nadie.

Perú es el otro país que elegirá presidente en los próximos meses. Los últimos mandatarios peruanos pertenecieron a pequeños partidos efímeros, mientras las formaciones políticas tradicionales, APRA y Acción Popular casi han desaparecido. Los peruanos están tan pesimistas como los demás latinoamericanos, pero el presidente Martín Vizcarra conserva buenos números, al punto que se organizó un cacerolazo espontáneo para defenderle de una eventual destitución.

Encabeza las encuestas George Forsyth, candidato de 38 años que se hizo conocer como portero de Alianza Lima, un popular equipo de futbol. Fue elegido el año pasado alcalde de La Victoria, uno de los municipios más importantes y conflictivos de Lima. Su antecesor está detenido por integrar una banda de maleantes. La fuerza de Forsyth está en que ha combatido  con fuerza la corrupción y sobre todo en que no se parece a los políticos del pasado. La gente se hartó de las viejas prácticas.

Hartazgo. En todos lados el estado de ánimo de la población está en el límite. La mayoría siente que su país está mal, descree de los partidos y las instituciones, la mayoría querría irse. Están enojados porque sienten que los viejos políticos se dedican a peleas intrascendentes, a defender sus intereses y no se ocupan de sus problemas que se han vuelto muy graves. En los Estados Unidos la insatisfacción  permite que un outsider como Trump tenga posibilidades de ganar, a pesar de que los republicanos le combaten desde el Proyecto Lincoln y los demócratas, las universidades y la mayoría de los medios de comunicación lo hacen desde un progresismo que representa al sistema.

En Argentina una corriente del peronismo se instala en el poder. Es un sector que Perón rechazó, los echó de la plaza de Mayo y decidió eliminar después del asesinato de Rucci y el enfrentamiento de Azul. Operación Traviata de Ceferino Reato refiere cómo lloró Perón cuando supo de  la muerte del sindicalista que era su amigo. La fracción hegemónica del peronismo proclamó el “día anual del Montonero”, al mismo tiempo que  ahora impidió  un homenaje a Rucci en la provincia. No se sabe cómo procesan estas actitudes los peronistas de Perón.

Más allá de eso, algunos no son conscientes de que en el mundo hiperconectado todo tiene consecuencias. Si el gobierno alemán declara el día anual de homenaje a la Baader Meinhof, el colombiano el del Combatiente de las FARC o el peruano el del Senderista, estarían dando un mensaje. Nada de esto puede ocurrir porque en Colombia corrieron a pedradas al candidato de las FARC y en Alemania y Perú sería un delito promover algo así. Argentina es el único país del mundo que reivindica a un movimiento armado del siglo pasado, que puede entenderse con la lógica de ese entonces, pero carece de  vigencia en el mundo de la Inteligencia Artificial.

En este momento la inserción de cualquier país en el mundo es determinante para que pueda desarrollarse. México, que tiene un gobierno de izquierda, ha consolidado su alianza económica con los Estados Unidos, AMLO conserva interesantes índices de popularidad con su lema “abrazos y no balazos” y su enfrentamiento total en contra de la corrupción. En el otro extremo Argentina reclama la vanguardia de una revolución mundial estrafalaria, en la que solo creen unos pocos militares del Caribe.

El país se precipita hacia la mayor crisis de su historia, huyen los capitales, se incrementa la pobreza, quiebran miles de pequeñas empresas y se promueve desde el estado el odio y la persecución a la Ciudad de Buenos Aires, cuando lo que se necesita es diálogo entre los dirigentes, meritocracia y un poco de grandeza.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.


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