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Ir al centro

24 de octubre, 2020

La frustrante lucha contra la brecha cambiaria tuvo como protagonistas primero al Banco Central y ahora al Ministerio de Economía. Pero la responsabilidad por la falta de resultados que inicialmente se le atribuyó a Miguel Ángel Pesce y luego a Martín Guzmán ya se trasladó al Presidente y su vice. El argumento que gana terreno explica los problemas en el armado de una coalición ecléctica que resultaba exitosa electoralmente para sumar votos diversos pero que no consigue amalgamar una dirección unificada de gobierno. Que Alberto Fernández prometió “centro”  en la campaña de 2019 pero se mimetizó con el kirchnerismo en el ejercicio del poder. 

Desde los años 70, la cantidad de empleados del sector privado es la misma y la población se duplicó

Desgraciadamente, el problema es aún mucho mayor porque también Macri atravesó el mismo recorrido prometiendo en la campaña electoral de 2015 un gobierno de centro para luego, en el ejercicio del poder, mimetizarse, en su caso con su verdadero ser, y tampoco lograr que la exitosa coalición electoral que fue Cambiemos se conformara en una coalición de gobierno.

La repetición del dilema muestra que el problema no está solo en los actores: Macri-radicales-Carrió; o Alberto Fernández-kirchnerismo-Massa. La desconfianza no la produce la anormalidad de un gobierno bifronte Fernández-Fernández, o el kirchnerismo o Cristina Kirchner solamente. La desconfianza es también por Macri y por los economistas que lo acompañaron y las ideas que representaron como inadecuadas para las soluciones posibles en la Argentina futura. Lo que hoy está padeciendo Alberto Fernández con el dólar ya lo vivió Mauricio Macri en 2018 cuando el dólar pasó de 20 a 40 sin que el regreso del kirchnerismo fuera siquiera una hipótesis.

Ayer se conoció que Gustavo Grobocopatel se sumaba a la lista de empresarios que se fueron a vivir a Uruguay. Su nombre resulta significante porque fue símbolo del boom de la soja y el aumento de la productividad del campo, uno de los poquísimos sectores que logró éxito y competitividad en las últimas dos décadas junto con los unicornios de la industria del conocimiento que tienen a Mercado Libre como ejemplo más emblemático y su dueño también en Uruguay.

La compra de dólares mientras se sigue viviendo en Argentina es, en pequeña dosis y aunque siempre reversible, también una forma parcial de extraterritorialización y producto de la misma desconfianza en el futuro de Argentina. El problema no lo va a poder resolver un Súper Guzmán, ni Alberto Fernández rompiendo con Cristina Kirchner, ni ambos actuando y mostrándose codo a codo en un plan amistoso con los mercados. Solo será resuelto de manera definitiva con el acuerdo de un plan compartido entre la coalición gobernante y la opositora que responda a lo que tienen en común: las promesas de campaña de cada uno de ellos en 2015 y 2019 resumidas en ir al centro. O sea, siendo lo que dijeron ser. Y lo que es la gran mayoría del país.

Como tantas veces sucede en la vida, la unión podría no surgir del amor sino del espanto al percibir con claridad la gravedad de la situación que no es el dólar a 200 pesos sino el profundo y persistente problema de falta de trabajo que arrastra el país desde hace muchas décadas. Todos los males son su consecuencia, desde la toma de tierras hasta la inseguridad, pasando por el dólar.

Antes de la pandemia Argentina tenía la misma cantidad de empleados en la actividad privada en blanco, que pagan jubilación, que en la década del 70, cuando la población prácticamente se duplicó. El crecimiento de la población económicamente activa engrosó el empleo público, el empleo en negro, el empleo de la economía popular y la desocupación. El preocupante índice de desocupación –hoy 13%– que se duplicó y por momentos hasta casi triplicó desde comienzos de los 90, aunque grave, no alcanza a reflejar la gravedad de la situación. La tasa de desempleo es el porcentaje de la gente que busca trabajo y no lo obtiene sobre el total de quienes tienen trabajo más quienes lo buscan. Ese 13% actual indica que hay 1,4 millones de personas que buscan trabajo sobre 11 millones de población económicamente activa que incluye a esos 1,4 millones que buscan empleo más los 9,5 millones de empleados. 

Pero lo que no refleja el índice de desempleo son los que dejaron de buscar trabajo. En marzo, al terminar el primer trimestre del año los empleados eran 12 millones y también había 1,4 millones de desempleados totalizando una población económicamente activa de 13,4 millones. Hay entonces 2,4 millones de personas que en estos meses se quedaron sin trabajo  y dejaron de salir a buscarlo por la pandemia. Mientras la población total de la Argentina no se redujo, la población económicamente activa, como la denomina la estadística, se redujo de 13,4 millones (los 12 millones de empleados más los 1,4 millones de desocupados) a 11 millones (los 9,5 millones de empleados más los 1,4 millones de desocupados) haciendo que se agreguen como desocupados que saldrán a buscar trabajo no bien puedan otros 2,4 millones de personas.

 La cifra de 1,4 millones de desocupados formales más 2,4 millones de los desocupados potenciales son 3,8 millones de personas sobre un total de 28 millones de habitantes porque las estadísticas miden los 31 mayores aglomerados urbanos que representan el 63% del total de la población del país. Extrapolando esos 3,8 millones al total de la población del país daría 6 millones de personas con problemas de empleo.

Puesto en otros términos, sobre el total de la población solo poco más de un tercio (38%) trabaja y poco menos de dos tercios (61%) no trabaja. La solución de este problema no es responsabilidad del ministro de Trabajo, Claudio Moroni, entrevistado en profundidad en esta edición (ver página 34), de la misma forma que la solución del dólar no pasa solo por el ministro de Economía.

Hoy casi dos tercios de los habitantes no trabajan, cuando en el pasado solo la mitad de la población era inactiva

No se puede generar empleo con inestabilidad macroeconómica, pero no se puede generar estabilidad macroeconómica sin empleo y producción. Se acerca el momento donde será necesario solucionar simultáneamente los dos problemas con medidas que activen las fuerzas productivas y aumenten la recaudación haciendo cada vez menor el déficit fiscal.

En economía el representante de ese centro político es Roberto Lavagna, quien no por casualidad fue superministro de Néstor Kirchner y candidato a presidente del radicalismo y es el único que propuso un plan para generar nuevo trabajo a través de un régimen diferente para cada empleo pospandemia. 

Solo con un shock de trabajo y producción se resolverán las inconsistencias de la macroeconomía que la pandemia vino a empeorar pero están desde mucho antes. El dólar libre es una consecuencia, la causa es nuestra incapacidad de generar empleo y de poner a todos los argentinos que están en condiciones de hacerlo a producir. Todo lo demás será parcial, porque sin más trabajo productivo  volveremos a chocar con la misma piedra.


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