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Al menos usamos Uber en Moscú

Los argentinos que en masa llegaron a Rusia durante estos días antes del triste final de ayer no traerán la Copa pero sí al menos la satisfacción de haber conocido no solo esa cruza increíble de monoblocks soviéticos, palacios zaristas y nuevas edificaciones que ofrece Moscú, sino también la comprobación de cómo puede funcionar sin problemas un sistema de transporte que ofrece todas las alternativas de movilidad. 1|07|18

Los argentinos que en masa llegaron a Rusia durante estos días antes del triste final de ayer no traerán la Copa pero sí al menos la satisfacción de haber conocido no solo esa cruza increíble de monoblocks soviéticos, palacios zaristas y nuevas edificaciones que ofrece Moscú, sino también la comprobación de cómo puede funcionar sin problemas un sistema de transporte que ofrece todas las alternativas de movilidad.

En un viaje organizado por TNT Sports del que participó PERFIL, la primera sorpresa se da cuando se pisa territorio ruso y se pide un Uber: lo que llega es un taxi. Es que en Rusia, luego de batallar arduamente bajando precios contra Yandex, el gigante tecnológico ruso que ya ofrecía un servicio similar, Uber finalmente bajó la bandera (cuac) y terminó aliándose: crearon una nueva empresa en la que ambos son accionistas y se reparten el mercado, mientras desarrollan otros negocios de comercio y logística.

Pero no es solo eso. Con una tarjeta llamada “troika”, por los tres caballos que tiraban de las carretas, se puede usar todo el sistema público de colectivos y sobre todo el subte: el metro de Moscú, de 1935, tiene 14 líneas y permite llegar a todos lados, conectando con líneas de trenes y arribos a los cuatro aeropuertos de la ciudad. Los boletos cuestan entre 50 y 70 centavos de dólar, aunque caminar por estaciones-palacio y usar escaleras mecánicas de 3 minutos para bajar o subir a las profundidades no tiene precio.


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