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Vicepresidenta en el olvido

Gabriela Michetti, o la cara de la lealtad mal paga

Deja el gobierno en silencio, cada vez más lejos del entorno del todavía presidente Macri. De ladera PRO al ostracismo cambiemita. 7 de diciembre, 2019

Hasta este viernes, la vicepresidenta Gabriela Michetti ocupó su oficina en el Senado de la Nación. Mantuvo las últimas reuniones oficiales con representantes diplomáticos y se despidió de algunos colaboradores. Mientras colegas de ese cuerpo parlamentario se disputaban la oficina que hasta hace pocos días era de Federico Pinedo, la segunda al mando del Ejecutivo -al menos en los papeles- se prepara para rearmar su vida lejos de la función pública. En parte, así lo decidió ella. El alejamiento de la mesa de conducción de Cambiemos, antes, y Juntos por el Cambio, después, le ayudaron a encontrar el camino de salida.

Antes de terminar su última semana en funciones, cumplió con el protocolo que reina hoy en redes sociales: la foto de ocasión con su sucesora, Cristina Fernández de Kirchner, y la rendición de cuentas en Youtube, con un informe de lo realizado desde el Senado y la Vicepresidencia. El guión audiovisual de esa pieza destaca uno de los pocos logros de la gestión Cambiemos: la digitalización de los datos públicos, el ordenamiento de cuentas y la promoción de las relaciones internacionales. En palabras del todavía jefe de Gabinete, Marcos Peña, expuso el cambio de la “botonera por el ipad”. Fuera del dossier quedan las explicaciones que debería dar sobre el aluvión de nombramientos en el Senado en estos años, desde el escandaloso cargo de su prima hasta el pase a planta permanente de algunos de sus colaboradores.

Los defensores de Michetti –que cada vez son menos- construirán su memoria política sobre los valores de transparencia e institucionalidad, dos conceptos que difícilmente fueron de la mano de quienes la antecedieron en el cargo. En el imaginario de los detractores quedarán su accidentado manejo de los debates parlamentarios, la demora en la implementación de medidas promovidas por ella misma (como la prohibición del canje de pasajes, que quedó en un decreto firmado pero sin implementación) y el vergonzoso festejo a micrófono abierto tras el rechazo al proyecto que proponía la interrupción voluntaria del embarazo. Para las redes sociales, ese mundo cada vez más tóxico y menos constructivo, quedan el intento por explicar el aumento de los combustibles, el mito del voto en blanco, furcios y memes.

La propia Michetti entendió en mayo que había perdido lugar en la mesa de Cambiemos. Mucho antes del anuncio de la fórmula Mauricio Macri-Miguel Ángel Pichetto, ella misma ofreció hacerse a un lado para no entorpecer la danza de nombres. Lo cierto es que el suyo no estaba entre los candidatos para la reelección que no fue.

Desde ahí, la compañera histórica de Mauricio en Ciudad y en Nación, la que expuso una interna desprolija y peligrosa para la interna con Horacio Rodríguez Larreta, la que asumió la derrota y volvió sumisa al rebaño amarillo, pasó a ser una embajadora, la cara institucional del Senado y las giras internacionales. La rosca y las negociaciones políticas quedaron en manos de otros colaboradores. El poder, también.

En los últimos actos políticos, incluso en la última gira de Macri por el exterior, se destacó la participación del converso Miguel Ángel Pichetto, que no ocupa cargo alguno en el Ejecutivo o el Legislativo. En la despedida en la Plaza de Mayo -que el oficialismo se encargó de aclarar al periodismo M que se trató de un acto partidario supuestamente financiado por JxC- el circunspecto Pichetto acompañó al presidente saliente al escenario, a despedirse de “su” país: el del 40 por ciento. Se bajó del escenario apenas Mauricio salía en andas. Lo acompañaron varios funcionarios que desde la semana que viene estarán desempleados y el victorioso Horacio Rodríguez Larreta. Otra vez, faltó Michetti en el grupo gobernante. Se espera que participe de la misa en Luján este domingo -más por su convicción religiosa que por otros motivos- y de la asunción presidencial del martes, la despedida de formal de la coalición Cambiemos y la suya en particular.

Más allá de los clichés peronistas, se sabe que la lealtad es una virtud que muy pocas veces en la vida se paga como corresponde. Por estas horas, el destrato a Gabriela de los que durante años fueron sus amigos es un buen ejemplo de ello.


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