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Alberto Fernández empieza su propia transición el 10 de diciembre

El Frente de Todos es por ahora el que mejor ha logrado monopolizar la marca del peronismo, con el relato de la unidad lograda para vencer a Macri. 9 de diciembre, 2019

Quedan nada más que un día para que Alberto Fernández se convierta en el nuevo presidente de la Argentina y el peronismo vuelva, una vez más, al poder. Aunque no se trata del peronismo en pleno (recordemos que otro sector, encabezado por Lavagna-Urtubey, quedó tercero en las últimas elecciones), el Frente de Todos es por ahora el que mejor ha logrado monopolizar la marca. El Frente es, para el propio relato, la unidad peronista lograda para vencer a Macri (conformado por un ala del PJ, el kirchnerismo, el Frente Renovador de Massa, el Proyecto Sur de Pino Solanas, el Movimiento Nacional Alfonsinista de Leopoldo Moreau, el Partido de la Concertación FORJA, el Partido Socialista, el Partido Solidario de Carlos Heller, Nuevo Encuentro de Sabbatella y otras fuerzas políticas incluyendo a la CGT y la CTA).

El próximo martes 10 de diciembre, cuando Alberto finalmente se calce la banda presidencial, empezará otra transición. El Frente de Todos dejará de ser una coalición electoral y tendrá que convertirse en una coalición de gobierno. Y este será un desafío largamente anticipado para Fernández. ¿Cómo traducir esa unidad estratégica en una unidad funcional? ¿Cómo conjugar las expectativas de los votantes con los intereses de las distintas fuerzas que forman el Frente?

La convivencia política en Argentina ha sido tradicionalmente difícil; en coaliciones políticas y de gobierno lo ha sido todavía más. Podemos decir que esto es a consecuencia de no haber logrado nunca construir un sistema sólido de partidos, y el bipartidismo que intentamos sostener a lo largo del siglo pasado fue una quimera. Las coaliciones son más actos de captación de figuras con votos propios más que armados de estructuras partidas. Se construyen de arriba hacia abajo, de forma rápida y sencilla, sin necesidad de apelar al consenso de la mayoría. Los votantes, a su turno, compran nombres y no proyectos.

Las coaliciones son más actos de captación de figuras con votos propios más que armados de estructuras partidas

Hay muchas fichas ya colocadas en el tablero del Frente de Todos. Cristina Kirchner parece cerca de lograr la unidad y la mayoría en el Senado. Su hijo, Máximo, encabezará el bloque propio en Diputados. En ambos casos se tuvieron que tramar alianzas con sectores que no son del agrado de los votantes más progresistas del FdT: con Adolfo Rodríguez Saá y Carlos Menem en la Cámara Alta, y con Sergio Massa en la Cámara Baja. Alberto Fernández también cerró acuerdos de este tipo. Tuvo su propia reunión con Hugo Moyano, con quienes se miran de reojo. Y dirigentes no muy aceptados por la izquierda peronista, como Felipe Solá y Daniel Scioli, tendrán lugares de preferencia en su gobierno. Si algo queda claro es que el de Fernández será un gobierno de unidad, pero no uno revolucionario.

Lo que podría pensarse es que el Frente de Todos es una transición entre un peronismo frentista, peronismo de viejo cuño y un nuevo peronismo que todavía está gestándose. Si pensamos en lo que significa realmente ser peronista, en especial para los más jóvenes que se identifican con el movimiento, vemos que no se trata de una identidad estable, sino que ha ido cambiando con el curso de los años.

Los viejos símbolos y los fetiches ya significan muy poco para las nuevas generaciones, que nacieron después de la muerte de Perón, y que se identifican con las reivindicaciones sociales del movimiento pero saben muy poco de su historia. Es una identificación emocional pero que no pasa por una experiencia compartida. Gran parte del peronismo de antaño ya fue. Incluso los que eran jóvenes en el último gobierno de Perón, hoy rondan los 65 años.

Alberto Fernández se suma a la lista de presidentes peronistas

La actualidad y la vigencia del movimiento no pasan, sin duda, por el bombo y el choripán, sino por cuestiones más profundas. Frente a la decepción que significó para muchos el gobierno de Macri, y la sensación de estar viviendo una debacle continua, el peronismo tuvo una oportunidad de oro para recuperar el desencanto de los votantes, en especial de los más jóvenes. Y lo que estos votantes adhirieron es a una promesa de justicia social y prosperidad económica, no el mismo pack de símbolos peronistas de siempre.

Esto quiere decir también que este tipo de votantes serán menos tolerantes a las viejas prácticas y a los viejos dirigentes si pretenden gobernar como siempre lo hicieron. Entretanto, también es el segmento al que debe apuntar el nuevo peronismo en formación. ¿Dónde está ese peronismo que viene? Fundamentalmente en los dirigentes de provincias, como Juan Schiaretti, Martín Llaryora, Omar Perotti, Herrera Ahuad, Gustavo Bordet y Juan Urtubey; también en Graciela Camaño, el mismo Sergio Massa, Emilio Monzó, Octavio Frigerio y la lista podríamos imaginarla mucho más larga, siguen buscando una tercera vía competitiva y moderna dentro del peronismo, entre otros, quienes juegan un delicado equilibrio para mantener la independencia, dentro y fuera de la coalición.

Los cuatro años de gobierno del Frente de Todos y especialmente para Alberto Fernández, serán definitorios también para el futuro del peronismo

Los cuatro años de gobierno del Frente de Todos y especialmente para Alberto Fernández, serán definitorios también para el futuro del peronismo. En estos años se definirá si se sostiene el estilo kirchnerista y populista, anclado en el peronismo clásico, o si se busca un nuevo peronismo, una política centrada en sus reivindicaciones históricas, adaptadas a los tiempos que se viven.

El gran desafío para la Argentina sigue siendo construir un sistema sólido de partidos, saliendo del molde del personalismo. Las concertaciones políticas pueden construir consenso parlamentario, asegurar la gobernabilidad y generar políticas públicas; pero deberíamos inscribir esto dentro de un marco de convivencia con un cambio cultural, sin revanchismo ni prepotencia. Esto solo será posible si los distintos sectores miran más allá del día a día y buscan dejar como legado un sistema estable e inclusivo para todos.

"No se debe ser fuerte en todas partes para vencer políticamente, es suficiente ser más fuerte en el momento y en lugar donde se produce la decisión." — Juan Domingo Perón

B.D.N.


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