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La rutina carcelaria de los rugbiers, a un mes de caer detenidos: té con leche, Biblia y cartas

Los levantan a las 6 de la mañana para que puedan bañarse. Como están aislados del resto, no les permiten salir al patio y pasan las 24 horas en el mismo lugar. Hablan por teléfono 60 minutos por día. 16 de febrero, 2020

Los ocho rugbiers que permanecen presos por el brutal crimen de Fernando Báez Sosa (18) en la puerta del boliche Le Brique de Villa Gesell el pasado 18 de enero continúan alojados en la Unidad Penal Número 6 de Dolores, donde fueron trasladados el 28 del mencionado mes. Tras el revés judicial que sufrieron anteayer, cuando el juez de garantías David Mancinelli avaló el pedido de la fiscalía y les dictó la prisión preventiva por el delito de “homicidio premeditado por dos o más personas y alevosía”, permanecerán tras las rejas al menos hasta la finalización del debate oral al que serán sometidos, cuyo inicio aún no fue establecido y podría ser tanto este año como el siguiente.

PERFIL accedió a calificadas fuentes que señalaron cómo viven los deportistas encerrados en una cárcel ubicada a más de 300 kilómetros de sus hogares –todos son oriundos de la localidad bonaerense de Zárate, donde residieron hasta el asesinato–, y cómo pasan el día a día, teniendo en cuenta que solo pueden recibir visitas una vez a la semana, y por una hora. Los voceros consultados indicaron que Máximo Thomsen (20), Ciro Pertossi (19), Luciano Pertossi (18), Lucas Pertossi (20), Enzo Comelli (19), Matías Benicelli (20), Blas Cinalli (18) y Ayrton Viollaz (20) siguen alojados en un sector bajo el sistema de alcaidías, como desde el primer día, dentro de la mencionada cárcel.

Video | El momento en el que los rugbiers festejaron la golpiza a Fernando Báez Sosa

“Están todos juntos compartiendo un espacio que tiene cinco camas cuchetas y un baño sin ducha. Pasan todo el tiempo allí, salvo cuando salen para el sector de las duchas a bañarse, que se encuentra en una sala contigua, y ocurre todos los días a las 6 de la mañana”, indicó el portavoz.

Sin posibilidad de salir al patio y cruzarse con el resto de la población carcelaria para resguardar su integridad física, sus únicos pasatiempos detrás de los barrotes son las cartas, alguna que otra lectura y una radio, aunque no cuentan con servicio alguno de televisión.

“El esparcimiento consiste en los juegos de cartas, y también escuchan música a través de una radio”, le contaron a este diario, y añadieron que además, “tienen una hora diaria con acceso al teléfono público por lo que, con el sistema de tarjetas, pueden comunicarse con sus familias. El llamado telefónico es antivandálico, es decir, cuando atiende el interlocutor escucha el mensaje de que la comunicación proviene de un establecimiento carcelario”.

Después que los despiertan poco antes de las seis y de que se duchan, reciben el desayuno, que al igual que la merienda es siempre el mismo, sin excepciones: “Mate o té con leche, a elección, y galletitas”.

Un rugbier sufrió una brutal paliza y sugirió que hubo ensañamiento por el crimen de Fernando

El resto de la comida consiste en los almuerzos y las cenas, también con un menú repetitivo y establecido: pastas con carne al mediodía y carne con ensaladas a la noche. “Se trata de la misma comida que se le da al resto de los internos”.

Sin embargo, los allegados les acercan varios alimentos en las visitas, que previo a ser entregados pasan por un sistema de chequeo para certificar que no oculte nada prohibido adentro. Varios de esos productos tienen que estar refrigerados para soportar la amplia distancia entre un punto y otro, con el fin de que lleguen en buen estado.

Lecturas bíblicas. Desde su arribo a la cárcel fueron alojados entre los pabellones 8 y 9, ambos habitados por internos evangelistas. “Ellos les ofrecieron ropa horas después de instalarse en penal ya que habían llegado con lo puesto”, contó el vocero.

Más allá del encierro en su celda –donde también estuvieron 13 días los otros integrantes del grupo que vacacionaron en Gesell, Juan Guarino y Alejo Milanesi, liberados el pasado lunes por falta de mérito aunque todavía vinculados a la causa– “tienen acceso a los libros de la biblioteca, por lo que leen tanto novelas como revistas”.

Sin posibilidad de salida al patio y recibiendo a sus familiares los jueves de 18.30 a 19.30 y a su abogado cuando va, “continúan con asistencia psicológica y espiritual de manera periódica. Esta última la brinda un pastor que visita el penal todas las semanas, y consiste en charlas reflexivas y lecturas bíblicas”. Además, en el sector donde se hallan se realizan todas las mañanas reconocimientos médicos. Algunas noches, los jóvenes entran en fuertes depresiones y llantos, que intentan superar entre sí.

Para la novia de Fernando Báez Sosa, "es doloroso ver las caras que viste en fotos saliendo de la cárcel"

Por último, las fuentes negaron la serie de incidentes que se publicaron durante las últimas semanas en diferentes medios de comunicación entre los rugbiers y los agentes penitenciarios. “El trato con el personal es respetuoso y no hubo incidente alguno”, aseguraron.

En ese sentido, había trascendido que Thomsen –junto a Ciro Pertossi, el más comprometido en la causa ya que fueron acusados formalmente de ser los coautores del homicidio, mientras que al resto los señalaron como partícipes necesarios– habría rechazado de mala gana los fideos con pesto que recibió, mientras que algunos de sus amigos habrían denigrado a los guardiacárceles, diciéndoles que tenían que hacer lo que ellos pedían, porque eran empleados suyos y ellos les pagaban el sueldo. “Vos trabajás para mí, yo te pago el sueldo. Nos tienen como negros de mierda en este lugar, no nos respetan, no nos dan los derechos que tenemos. Nos tratan como ratas y nos quieren matar”, habría dicho uno de los imputados, mientras que a la vez se dijo que no comen los que se les da sino lo que les traen sus padres en varios tuppers, durante las visitas.

Pedirán más arrestos

Fernando Burlando, que representa a la familia de Báez Sosa junto a Fabián Améndola, pedirá que los dos rugbiers liberados el pasado lunes por falta de mérito sean nuevamente detenidos, a la vez que también exigirá que se investigue a un nuevo sospechoso.

El letrado afirmó ayer que aportarán “nuevos elementos para pedir” que vuelvan a encarcelar a Alejo Milanesi y Juan Pedro Guarino. Además informó que “el lunes o martes vamos a apuntar al ‘número 11’. Ya tenemos identificado al masculino, vamos a aportar claramente la imagen que surge de lo que tiene la fiscal (Verónica Zamboni)”. Burlando hace referencia a la aparición en un video de un individuo junto a los rugbiers tras el crimen y quien podría estar implicado en el mismo.

Por ahora, seguirán en Dolores

Los rugbiers continuarán detenidos en Dolores hasta que se resuelva la apelación de la prisión preventiva solicitada por la defensa. Una vez que la Cámara confirme la resolución del juez David Mancinelli –como se supone–, podrían quedarse donde están, pero pasando a una celda con presos comunes, o ser derivados a “cualquier penal de la provincia de Buenos Aires”, habiendo más de cincuenta opciones entre las que se encuentran también algunas del interior como Tandil o General Alvear.

Días atrás había circulado la posibilidad de que fueran trasladados a Campana, donde los internos son jóvenes de 18 a 21 años. El problema es que los mismos cumplen penas menores a los cinco años de reclusión, por lo que los deportistas no cumplirían con esas condiciones.

Fabián Améndola, abogado que representa a la familia de Fernando, aseguró que “no hay pedido oficial de los imputados ni de su defensor de posibles traslados. Mi opinión es que deberían ir a un penal común”.

El caso que conmociono al país

◆ Fernando Báez Sosa (18) fue asesinado el 18 de enero en la puerta del boliche Le Brique de Villa Gesell, tras ser atacado por al menos ocho rugbiers.

◆  Murió a raíz de severos traumatismos de cráneo, provocados por varias patadas en la cabeza.

◆  Por el hecho fueron detenidos horas después 11 sospechosos, uno ya sobreseído. Otros dos recuperaron la libertad el lunes por falta de pruebas, pero los siguen investigando.

◆ A los ocho restantes les dictaron la preventiva.


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