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Entrevista

Jorge Macri: "Si hubiéramos perdido en 2017, ganábamos en 2019"

Al intendente de Vicente López no le molesta el apellido que porta, pero tiene muchas diferencias con Mauricio. Critica severamente el ritmo de los cambios que intentó su primo en economía. Aun así destaca que la coalición se mantenga pese a la derrota electoral de 2019. Gobierna un municipio de clase media y sostiene que el Gobierno no entendió la lógica de ese sector al diseñar sus ayudas para la pandemia. 24 de julio, 2020

—Este reportaje se inserta en una saga, la del Conurbano en crisis. Entrevistamos a dos intendentes contagiados, Martín Insaurralde, de Lomas de Zamora, Néstor Grindetti, de Lanús, y a Jorge Ferraresi, cuarentenado en Avellaneda, lo que habla de la fuerza del virus, ¿qué está sucediendo en Vicente López? ¿Hay diferencia con el resto del Conurbano?

—Vicente López arrancó siendo el municipio con mayor cantidad de contagiados cuando los casos venían principalmente del extranjero...

—Como la Ciudad de Buenos Aires.

—Sí. Y hoy estamos sensiblemente mejor que muchos otros municipios, medido según todos los criterios: tasa cada 100 mil habitantes, el R, la duplicación de casos. Se debe al compromiso del ciudadano más el esfuerzo que venimos haciendo como municipio. Tener un sistema de salud municipal ayuda, nos dio un ejercicio en el cuidado de la salud que en este momento se percibe. Cuando uno tiene un sistema robusto, con profesionales acostumbrados a atender problemáticas, se nota la presencia de ese músculo. Es un municipio de mucha clase media, y esta es una crisis económica que le pega especialmente a ese sector: el profe de educación física, el dueño de un gimnasio o el dueño de un local, una manicura o un peluquero. Ese trabajador independiente es la clásica clase media argentina, que vive en la parte más cercana a Panamericana, en el Alto Olivos, Munro, Carapachay, Florida, Villa Martelli. Es gente que se ve muy afectada. Los comercios de cercanía sufren esta crisis de manera muy dramática. El gran causante de la crisis económica es la pandemia, pero cómo administrarla define si impacta más o menos en distintos sectores. Faltó a la administración de esta cuarentena una sensibilidad respecto del pequeño comerciante, que es parte de un tejido social relevante en la Argentina. Es generador de empleo, y necesitamos que llegue a la otra orilla en la pospandemia. Que lo encuentre quizás un poco magullado, pero vivo. Corremos el riesgo de que cuando lleguemos a la otra orilla, la mitad de nuestras pymes, la mitad de nuestros comercios, decidan cerrar de manera definitiva; ahí las chances objetivas de generar empleo serán muy complejas. En Vicente López tenemos un universo de unos 6.800 comercios, entre pequeños y medianos. Muchos son esenciales: comida, limpieza o más grandes, puede ser una concesionaria de autos. Y hay 2 mil no esenciales, que no pudieron abrir en ningún momento: centros de estética, peluquerías, gimnasios. No vienen laburando o lo hacen casi como un ejercicio de resistencia, pero sin resultado económico real, como los bares o restaurantes.

“Somos la primera coalición de gobierno que pierde una elección y permanece unida.”

—¿Cuántos temés que cierren definitivamente? 

—Había 6.800 comercios. Cerrados definitivamente, que decidieron bajar la persiana, discontinuar el contrato y liquidar el stock o la maquinaria que tenían, hay 500. A eso se suman 1.500 en situación de mucha debilidad a los que les destinamos un subsidio específico, $ 20 mil a cada uno. Identificamos 2 mil comercios entre los que están más golpeados. Generamos un fondo de 40 millones de pesos de un subsidio no reintegrable que probablemente no cambie toda la economía, pero es una manera de decir: “Te identificamos, te acompañamos, te ayudamos”. Lo hicimos también con la idea de entusiasmar al gobierno nacional o provincial a que haga algo similar. Hay un segmento al que no llegamos.

—¿El gobierno nacional y el provincial tienen una ceguera paradigmática respecto del comercio y el cuentapropista? ¿Ven más a los empleados y a los totalmente carenciados?

—Sí. Lo hablé con el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y también antes con el presidente Alberto Fernández. Hay un segmento al que no llega la asistencia diseñada. El Presidente me hizo una pregunta interesante. Me preguntó por qué no usar los créditos a tasa cero. Estaba también Néstor Grindetti en el encuentro. Nuestra respuesta fue que era gente tan responsable que no se animaba a tomar un crédito si no sabía cuándo iba a abrir. No tienen la actitud de tomarlo, aunque vean que con el tiempo se licuaría la cuota o que no los ejecutarían. No los toman porque no ven un horizonte. Nos está faltando, como país, un mensaje a la economía en general. Certezas, horizonte, seguridad jurídica para el emprendedor privado. Hay muchas cosas de este gobierno que no ayudan a la generación de empleo. Hoy están escondidas detrás de la pandemia, pero me preocupa la lógica de no darles certeza a estos grandes generadores de empleo.

—Los intendentes tienen el mismo porcentaje de los trabajadores de la salud y fuerzas de seguridad que se contagian, entre un 15% y un 20%. 

—Cuando uno mira el mundo, los países con menos nivel de contagio han llegado al 6%, mientras que los que más tienen llegaron al 10%, que es uno de los criterios que rompe la lógica del mecanismo de rebaño. El contagio no avanza tan rápido como para generar esa situación. Cuando uno mide eso en grupos de riesgo como salud, llega hasta un 25% del personal. Es lo que sucede en la primera trinchera. De ahí para atrás viene el personal de seguridad, los servicios esenciales, nosotros mismos, los gobiernos locales, que estamos en algún lugar entre el 15% y el 18%. Llega al 12%, depende de cómo esté golpeando en cada localidad de contagiados, y nos va a pasar. Estadísticamente nos va a ocurrir por más que nos cuidemos. Este es un virus complejo, difícil.

—El intendente de José C. Paz, Mario Ishii, estimó que a fin de agosto se produciría una explosión social igual o superior a la de 2001-2002. ¿Podrá suceder, no en tu municipio, pero sí en otros? 

—En la Argentina nos quedó una memoria colectiva muy dolorosa respecto de los estallidos sociales. Cada fin de año tenemos el mismo temor. 

—Algo fantasmático.

—Como un fantasma. Es una sana preocupación, pero no veo objetivamente que vaya a ocurrir. El Estado cambió mucho desde ese momento. Hay una red de contención social, los alimentos llegan. Solo para darte un ejemplo, Vicente López es un municipio que entregaba alimento a 4.500 familias por mes. Ahora son casi 19 mil.

“Para poder llegar al poder, se debe llegar a los moderados, que son la gran mayoría.”

—Tu comienzo en la política fue en 2001.

—Arranqué convocado por Mauricio en esos años. La disyuntiva era: me iba de la Argentina o me quedaba a lucharla. Mi viejo estaba muy enfermo en ese momento. Poquito después falleció. Mi sensación fue que, si me iba, todo su esfuerzo, haberse ido de Italia a los 5 años, caía en saco roto.

—¿Ves condiciones parecidas a las de 2001? 

—No. No por esta red de contención. Te decía, en Vicente López pasamos de entregar asistencia alimentaria a 4.500 familias a casi 19 mil. 

—¿Qué cantidad de familias hay en Vicente López?

—Unas 120 mil.

—El 15% tiene asistencia alimentaria en uno de los municipios más ricos.

—La paradoja actual es justamente el mayor aumento de demanda de los sectores medios y medios bajos: el laburante independiente es quien más sufre. Una de nuestras virtudes se transforma en uno de los problemas más graves de hoy. Un dato más: en 2001 la institucionalidad estaba muy dañada. Había una percepción de un no gobierno. Me parece que eso no pasa, y tenemos que ayudar para que no ocurra. No soy de los que creen que el mal de quien gobierna es una suerte para nosotros. Debemos ser muy cuidadosos sobre cuidar la institucionalidad.

—Ishii adjudicaba el aumento del delito a la liberación de presos por el coronavirus. Néstor Grindetti también atribuyó delitos a personas liberadas. ¿Pasa lo mismo en Vicente López?

—Sí. Y muy concretos. En las últimas tres semanas desarticulamos dos bandas muy complicadas, la última de un delincuente dejado en libertad por Víctor Violini, un juez al que se le pidió un jury de enjuiciamiento en la provincia de Buenos Aires por otras liberaciones. Este delincuente, dejado en libertad de manera irresponsable, injustificada, rearmó una banda rápidamente y entraba a domicilios en Carapachay, Munro y Florida. Pudimos desarticularlos con un trabajo entre nuestro centro de monitoreo, la Policía de la Provincia de Buenos Aires y fiscales muy comprometidos, que los hay. La liberación de los delincuentes generó la reestructuración de bandas muy organizadas. Además, comenzó a aparecer un grupo de cuatro, de dos parejas que no eran de Vicente López, jovencitos sin antecedentes, cometiendo delitos menores, como el robo de bicicletas.

“En mi casa siempre hubo una percepción muy clara de que la vida no se agotaba en los negocios.”

—¿A qué lo adjudicás?

—A la crisis económica, claramente. El primer paso de ese tipo de jóvenes al delito depende de esa realidad. Son los dos extremos del delito.

—Mauricio Macri decidió poner su oficina en Olivos, que pertenece al partido de Vicente López, y su casa en Martínez, ya en San Isidro, gobernado por Gustavo Posse, que estuvo en Juntos por el Cambio. ¿A qué se debe esta elección, cuando fue alguien muy ligado a CABA?

—No creo que haya sido una decisión vinculada a lo político. Los cuatro años en la quinta de Olivos hicieron que conociera la zona y la disfrutara. Él y su familia. Juliana conoció un barrio que le gustaba y decidió vivir en esa zona. Antonia va al colegio ahí, muy cerquita. Tiene que ver con la cotidianidad más que con las raíces.

—¿Mauricio Macri es funcional al kirchnerismo para incentivar la grieta? 

—No lo veo funcional en ese sentido. Mantuvo silencio, fue muy respetuoso, le dio mucho espacio a este gobierno. Se manifestó recién hace algunas semanas y lo hizo muy bien. Fue en un tono que me gustó. El reportaje que brindó me pareció interesante (https://bit.ly/32Ueyt8Mauricio-Macri​). Su lógica fue priorizar la unidad de nuestro espacio, mentorear y fomentar los nuevos liderazgos. Ese Mauricio Macri es muy importante. Los espacios políticos tenemos que capitalizar las experiencias de los que gestionaron.

—¿Tendría que ser candidato en 2021? 

—No lo sé. Debería verse en ese momento. Las decisiones de candidatura tienen que ver con la coyuntura. Y deben responder a una decisión personal de mucha convicción. Cuando uno es candidato y no está convencido, la gente se da cuenta.

“La pandemia esconde que no hay un mensaje claro del Gobierno sobre la economía.”

—¿El kirchnerismo eligió a Mauricio Macri desde que era jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires como el adversario para ser su espejo invertido?

—Es probable que le resulte cómodo, así como a Axel Kicillof le resulta cómodo resumir su enfrentamiento en Provincia conmigo. Soy bastante diferente de Mauricio, pero se utiliza el eslogan por comodidad.

—¿Se podría decir que finalmente le salió bien al kirchnerismo tener a Mauricio Macri de presidente y no a Daniel Scioli para volver con credenciales revitalizadas?

—No. Pienso que terminamos un gobierno sosteniendo una alternativa. Hay aspectos para destacar. Después, podemos hablar de la gestión. Hay tres logros muy importantes del gobierno de Mauricio Macri. Uno es haber sostenido la unidad a lo largo de todo el gobierno. La cantidad de especulaciones sobre divisiones que hubo fueron infinitas, y eso no ocurrió. Segundo, muy importante para la república, haber roto con el estigma de que únicamente los peronistas podían terminar un mandato de manera ordenada. Eso no es menor: el temor que había a la imposibilidad de alternancia fue muy funcional a las malas gestiones peronistas. Parecía que solo ellos podían entregar un mandato sin caos. Entonces se aceptaba el “roban pero hacen”. Pero en un año económicamente muy difícil Mauricio entregó el gobierno bien. Lo mismo sucedió con María Eugenia Vidal. Hubo un traspaso de poder ordenado, y disminuir ese temor en la memoria colectiva es un legado relevante. Y el tercero es que somos la primera coalición de gobierno que pierde una elección y permanece unida. El enfrentamiento quizás les permitió volver a ganar, pero no creo que sea buen negocio, porque consolidamos una alternativa de poder real con valores diferentes, que pelea por banderas muy distintas y que además es lo suficientemente ambiciosa como para desear gobernar.

—Existiendo muchas reelecciones previas, ¿no sería un triunfo pírrico haber entregado el poder?

—Fernando de la Rúa no lo logró. Solo lo lograron los peronistas.

—¿Un resultado un poquito mejor que el de De la Rúa?

—Es sensiblemente mejor. No hay la percepción política de un fracaso. No logramos lo que queríamos, pero sentamos bases transformadoras relevantes y estamos de pie, unidos, con una generación nueva de líderes, lo que no es habitual en política. Eso genera sus propias tensiones. Pero también habla mucho de la generosidad de brindar espacios de Mauricio. El tiempo podrá decir si valió la pena o no.

—¿Hay responsabilidad en la vuelta del kirchnerismo?

—Sí, claro. 

El intendente de Vicente López, Jorge Macri, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
“Hay gente que sale a robar por la crisis económica”. “Hay un segmento al que no llega la ayuda del gobierno nacional y provincial”. (Foto: Ernesto Pagés)

—¿Qué autocrítica se puede hacer en ese punto?

—No logramos lo que deseábamos en economía. Nuestro gran fracaso fue la economía. Fuimos un poco naifs en la autocrítica. Nos faltó más política, no en el sentido de la rosca, sino en el sentido de los acuerdos. Subestimamos la necesidad de encontrar consensos. El rumbo era el correcto, pero no se puede hacer. No se define el ritmo de la marcha en función de uno mismo. 

—Dijiste: “El líder define el rumbo de la marcha pero el ritmo lo define el último de la fila”. Aplicalo a un ejemplo concreto.

—La frase es de origen africano y me parece muy gráfica. Uno puede saber hacia dónde ir, pero el ritmo lo define el último. Mi posicionamiento ideológico es el humanismo. Mi primer desafío es no dejar a nadie atrás. Para eso estoy en la función pública. Es algo que aplica al tema de las tarifas, por ejemplo. El camino estaba bien: recuperar la lógica de que las cosas que cuestan tienen que valer y no te pueden regalar todo; que se debe recuperar la cultura del esfuerzo y del mérito. Pero nos faltó sensibilidad sobre el ritmo. Esto lo hablábamos mucho los intendentes, incluso con el gobierno nacional. Percibíamos lo que pasaba al recorrer los barrios. Antes nos aplaudían por el asfalto. Pero llegó un momento en el que valoraban el asfalto pero no podían pagar la luz. Nos decían: “Entiendo que la luz tiene que costar, pero voy a tener que sacar a mi pibe del colegio, aunque yo sea de los que se esfuerzan y laburan”. En eso nos faltó ritmo, disminuir un poquito. No tiene que ver con la maldad, sino con las opciones. Es muy difícil la gestión pública. Uno está todo el tiempo administrando el mal menor. Ese es un claro ejemplo de rumbo correcto, pero un poco agresivo para sectores que no pudieron aguantar nuestra marcha, aunque querían llegar al mismo lugar que nosotros.

“Soy más morocho y remador que Mauricio; menos cheto, sin dudas.”

—¿La palabra “Cambiemos” sigue teniendo valor convocante o el fracaso económico indica que hay cambios no realizables?

—Vamos a tener que resignificar los objetivos de nuestro espacio. Lo estamos haciendo. Una autocrítica tiene una primera etapa de dolor, después la identificación de los errores y finalmente la corrección de esos errores con propuestas nuevas. Hacemos un trabajo hacia adentro muy profundo. Trasciende a solo entender en qué me equivoqué. Ahora hay que ver cómo no vuelvo a cometer el mismo error. Hay que aprovechar estos momentos en los que no todos estamos en la gestión para construir. Y reflexionar.

—¿María Eugenia Vidal debería encabezar las listas de 2021 en la Provincia?

—Tampoco lo sé. Dependerá de ella. Es una figura con un futuro inmenso. La valoro mucho, pero si uno se ubica como candidato debe hacerlo con mucha convicción y decisión. Ella se encuentra en un proceso interno y debe decidir cómo sigue. Si lo desea, no tengo ninguna duda de que debe liderar. Es la mejor figura convocante.

“Detuvimos a un delincuente liberado previamente por el juez Víctor Violini por la pandemia.”

—¿Las candidaturas donde gobierna Juntos por el Cambio, CABA o Vicente López, las eligen Horacio Rodríguez Larreta y vos o el partido?

—Es más de lo que decís: decide la coalición, las fuerzas políticas. No puedo gobernar Vicente López solo desde el PRO, debo acordar con la Coalición Cívica, con la UCR, con sectores independientes, con vecinalismos. La herramienta de las PASO es muy buena.

—¿Y si no hay PASO?

—Puede haber internas en el frente político y dirimir así.

—El presidente del partido, Patricia Bullrich en lo nacional o vos a nivel provincial, ¿tiene alguna autoridad diferente? ¿Son primus inter pares? ¿Qué significa ser presidente del partido?

—Depende de los perfiles personales. En provincia de Buenos Aires logramos construir un partido presente y real. Por eso tenemos tantos intendentes. Fuimos la cabecera del desembarco del PRO fuera de la Ciudad de Buenos Aires. Hoy tenemos mayoría en el Senado de la Provincia. Somos la segunda minoría en Diputados. Como coalición tenemos 59 intendentes. Es algo sin precedentes. Nunca el peronismo tuvo que administrar poder en provincia de Buenos Aires frente a esa realidad territorial. La unidad se sostiene en intendencias y legisladores. Brinda un equilibrio que este país necesita, y mucho. La toma de decisiones vendrá de los acuerdos. Sinceramente, hoy tengo poca disponibilidad mental para pensar los mejores esquemas electorales. No tengo claro qué país discutiremos el año que viene.

—¿Cómo afectará la crisis económica las elecciones del año próximo? Los oficialismos pierden cuando hay crisis económica.

—No soy fanático de las elecciones intermedias. A todos los que ganaron elecciones intermedias no les fue bien en las generales, a nosotros mismos. Si hubiéramos perdido en 2017, ganábamos en 2019.

“No sé si el Ministerio de Seguridad es el mejor trampolín para quien desea ser gobernador.” 

—¿Cómo es eso?

—La victoria generó una cierta soberbia. 

—¿Los males vienen de los bienes?

—Las victorias no son buenas consejeras. La victoria nos hizo evitar la discusión interna respecto del ritmo. Cuando nosotros planteábamos algunas cosas, la respuesta era “si fuera mal, no hubiésemos ganado las elecciones”. Hay fenómenos sociales que ocurren antes de un resultado electoral. Ante una victoria electoral, el riesgo es que creas que te dieron un cheque en blanco. Por eso no soy fanático de las intermedias. 

—Estás más preocupado por la elección de 2023 en la que aspirás a ser candidato a gobernador por Juntos por el Cambio. ¿Imaginás que tu contrincante será Sergio Berni, quien está construyendo desde el Ministerio de Seguridad un personaje, a lo Jair Bolsonaro?

—No lo sé. Falta mucho, y este es un país difícil y complejo. Siempre manifesté mi vocación, mi sueño. Esta provincia puede estar mucho mejor si se administra con conocimiento y con compromiso.

—¿Sergio Berni está construyendo una candidatura? 

—Es un hombre interesado en la política. No es simplemente un ministro de Seguridad. Pero maneja un ministerio complejo porque la crisis nos va a poner en una situación con una inseguridad muy alta. La percepción de seguridad va a ser difusa. No sé si es el mejor trampolín.

“El comunicado de Juntos por el Cambio apenas murió Fabián Gutiérrez no me pareció oportuno.”

—¿Cómo afecta tu propia carrera electoral tener el mismo apellido que un presidente al que, por lo menos en economía, no le fue bien? 

—Nací cuando Franco ya era casi famoso. Crecí llevando un apellido que era más bien una marca y que tenía detrás una biblioteca de prejuicios inmensa, pero al mismo tiempo abría puertas. Me sucede que algunos me quieren por llevarlo y a otros los sorprendo por lo diferente que soy. No lo vivo mal.

—¿En qué sos diferente de Mauricio? 

—Lo primero es que soy gallina. Es una gran diferencia (risas). Mi mamá es muy clase media, tandilense. Somos familias distintas. Mi viejo, un tipo muy involucrado en lo social desde joven. Algo que se aceleró desde su primer infarto. En mi casa siempre hubo una percepción muy clara de que la vida no se agotaba en los negocios.

–¿Menos cheto? 

—Sin dudas. Más morocho, más remador. La vida no me regaló ojitos celestes que enamoran rápido. La principal diferencia son mi papá y mi mamá, con perfiles distintos. No son mejores, simplemente son distintos, diferentes a los de Mauricio.

—¿Más parecidos a los de la media de la Argentina?

—Sí. Con una concepción muy clara de humanismo por parte de mi viejo. Fue parte del Hospital Italiano, de la Fundación Cultural Coliseum: desde siempre puso énfasis en el trabajo y los derechos de los italianos en el mundo. Mi viejo es muy recordado en la comunidad, Tonino Macri. En la guerra de Malvinas hubo una movida que fue la Comisión Argentina por una Paz Justa, que logró que la OTAN votara dividida.

—Te opusiste al comunicado que hablaba, según palabras textuales, de “la extrema gravedad institucional del asesinato de Fabián Gutiérrez”.

—No me gustó. No me pareció oportuno. Se emitió cuando la familia no había recibido el cuerpo aún. Podíamos esperar. No había urgencia para construir tan rápido un puente hacia la responsabilidad o gravedad institucional. Sin ninguna duda es un asesinato grave. No es una anécdota. Hay que dejar que la Justicia investigue seriamente. Así como digo que el comunicado no me gustó, no me gusta que el juez rápidamente haya emitido opinión y haya dicho: “Me parece que fue crimen pasional”.

—¿Sos más moderado que tu primo y que Patricia Bullrich? 

—No sé si muy moderado. Mauricio es un tipo muy moderado, tremendamente moderado. No fue reaccionario, aún teniendo 

—¿Y más moderado que Patricia Bullrich? 

—Sí.

—Vos, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Emilio Monzó, Néstor Grindetti, Frigerio, ¿conforman un sector moderado que se diferencia de Patricia Bullrich? 

—No es que nos diferenciamos exactamente. Me parece que las dos grandes coaliciones de Argentina, el kirchnerismo o el oficialismo nacional de hoy, y nosotros tenemos moderados y extremos. Y está bien. Convivo con esas diferencias internas, no me parecen graves. Me parecen naturales.

—Entonces hay un sector de moderados.

—Sí.

—¿Sucede lo mismo en la coalición gobernante?

—Sí.

“Uno de mis objetivos es que Axel Kicillof confíe más en los intendentes.”

—¿Hay dos pujas, por un lado la de Alberto Fernández tratando de seducir a miembros de Juntos por el Cambio para construir una alianza entre el oficialismo y la oposición y, por el otro, en Juntos por el Cambio la búsqueda de cooptar a peronistas que estén entristecidos porque no son incluidos en la coalición de gobierno, con Miguel Ángel Pichetto como catequista? 

—Te lo voy a contestar de costado, pero yendo al hueso. Nosotros debemos ser un espacio político de mayoría. No quiero que nuestro éxito dependa de que se divida el peronismo. Aún no logramos esa mayoría. Yo lo logré en Vicente López, lo conseguimos en la Ciudad de Buenos Aires, también sucedió con muchos intendentes. La naturaleza de la política es querer convencer a la mayoría. Eso me obliga a mí a representar más, a mejorar individualmente. Tener la capacidad de entender, representar, de ser más amplio, pero además incorporar a otros que representan otras visiones. No estoy acá para dar testimonio, para decir lo que se debe hacer bien. Quiero hacerme cargo y transformar la realidad. Para eso tengo que constituir un espacio político de mayorías. Y eso no se logra sin diversidad de opiniones y moderación para captar a la inmensa mayoría de la gente que no está ni en un extremo ni en el otro. En realidad, el PRO es así. Vino a la política a resolver problemas, no a discutir el pasado. Nos han tildado de superficiales. Esta crisis plantea una oportunidad porque descubrimos que nadie sabe todo. Ni acá ni en ningún lugar del mundo. Teníamos la percepción de que algún país o alguna corporación tenía todas las respuestas a los problemas que podíamos enfrentar. Y esto demuestra que no. 

—Mauricio Macri decía que las ideas existían, estaban afuera y solo había que traerlas.

—Este bicho demostró que no es así. Nos bajó a todos del pony. Se necesita humildad y pases cortos. Nadie tiene todas las respuestas. En la Argentina es todavía más dramático. La democracia argentina tiene una asignatura pendiente con la inclusión social, el desarrollo y el crecimiento. Todos han fracasado. Y los que llegan le echan la culpa al pasado. La pregunta es: ¿cuándo nos vamos a poner a laburar por el futuro? 

—¿Podrá la crisis pospandemia ser tan grave para que emerja lo mejor de 2002, que fue el acuerdo legislativo de oficialismo y oposición?

—Sí. Pero hay que trabajarlo. Hay que discutir hacia adentro de los espacios políticos y con los otros. Twitter está bárbaro, las redes también. Pero no se puede convencer al otro sin dialogar. No se corrigen los errores propios ni ajenos sin un tiempo de reflexión.

—¿Ese acuerdo puede terminar como sucedió en 2002 con un gabinete de coalición?

—No creo que tanto. Pero sí en lo legislativo. No sé si existe la confianza para un paso tan grande. Me parece aspiracionalmente interesante; desde la práctica es más difícil. Pero se pueden establecer acuerdos macro que definan dónde nos vamos a parar respecto de las relaciones con el mundo, la institucionalidad. La reforma judicial abre una oportunidad para definir parámetros en los que nos pongamos de acuerdo. Hay otros temas: la transparencia, cómo salimos económicamente, qué marco de certezas damos. No hablo de un plan económico, sino de certezas. Para el gran inversor, pero también para el pizzero de Munro que está pensando en cómo crecer después de la pandemia y decidir si compra o no un nuevo horno. La economía es la macro y la micro todos los días. Cómo protegemos el esfuerzo individual y privado, cómo respetamos la ley. Empezar a acordar esas cosas. Hay un marco para eso, me parece que va a ser imprescindible. Uno tiene que ser muy insensible para no darse cuenta de cómo se afectó el tejido social y productivo.

—Se habla de un cambio de gabinete para reoxigenar el Gobierno. ¿Estarías dispuesto a que Juntos por el Cambio aportase algunos ministros al gabinete?

—Nunca diría que no a eso. Por eso es clave el acuerdo general. Iría de lo general a lo particular. Ese debería ser el final de la historia. Uno no arranca por el casamiento, arranca por conocerse, por encontrar afinidades. Por un noviazgo, la construcción de una relación. Luego construye una familia. 

—¿No hay ya un noviazgo entre vos, Grindetti, Horacio Rodríguez Larreta y el Gobierno?

—No. Hay una responsabilidad muy grande en la comprensión del momento y además en hacer lo mismo de siempre.

El intendente de Vicente López, Jorge Macri, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
“Soy más moderado que Patricia Bullrich”. “Trabajaré para que la Argentina de los próximos tres años y medio sea de moderación y equilibrio”. (Foto: Juan Obregón)

—¿Te llevás mejor con Alberto Fernández que con Axel Kicillof?

—Es más fácil el diálogo. Hay menos prejuicio en Alberto, pero lo voy convenciendo un poco a Axel. 

—¿Te llevás mejor con Alberto Fernández que con Patricia Bullrich?

—No.

—¿No?

—No. Él tiene que gobernar para todos hoy y Patricia expresa la voz de un sector. Es una diferencia de roles. Cuando uno ejerce el Ejecutivo tiene que gobernar para todos. Cuando uno es presidente de un partido o de un bloque legislativo expresa la mirada de un sector. Con el Presidente pasamos mucho tiempo tocando temas específicos: por qué la gente no toma crédito, cómo estamos entregando alimentos, cómo protegemos a los pequeños comercios, por qué doy un subsidio al comercio o una beca a un chico en una escuela privada, en una parroquia barrial. Pero en cuanto a valores y a modelo de país estoy mucho más de acuerdo con Patricia. Por eso el año que viene vamos a competir contra el kirchnerismo. Mientras tanto buscamos acuerdos puntuales. Pensar que sacarme fotos con el Presidente me va a llevar a una coalición electoral es no entender las diferencias. Esto no es una ensalada, y no somos lo mismo. Por eso festejo que, pese a los castañazos electorales que nos comimos, sigamos juntos.

—Decías que era más fácil llevarse bien o entenderse con Alberto Fernández. En algún momento calificaste a Kicillof como marxista.

—Leí sus libros. Él rescata mucho de esa formación, se define de esa manera, no lo defino yo. En el verano leí tres de sus libros para entenderlo: alguno de entrevistas y otros escritos suyos. Siempre me parece interesante entender al otro. Hay cosas en las que puedo coincidir. Pero en otras tengo una mirada muy distinta.

—¿Es tan distinto ese que conociste que el que leíste en los libros? La gente cambia con los años.

—Los libros que leí son muy recientes. Su rol en la Provincia lo va a poner en un lugar entre los ideales y la realidad.

“Alberto Fernández tiene menos prejuicios que Axel Kicillof. No tengo claro qué país discutiremos en 2021.”

—Entre la ética de los ideales y la de la responsabilidad.

—Se termina haciendo lo posible. Uno de mis objetivos es que como gobernador confíe más en los intendentes. Esta provincia es muy grande, muy diversa, muy diferente. Hay intendentes que entendemos esa diversidad y que tenemos tanta responsabilidad como la del gobierno provincial. Sin entrar en ninguna puja, habría que preguntarle a un vecino de Vicente López quién es más importante: si el intendente o el gobernador.

—Suele decirse que en la Provincia la economía se le achacaba al Presidente y las cuestiones cotidianas al intendente.

—Sí. Por eso es casi imposible para cualquier gobernador transformarse en presidente. La gente percibe que alguna responsabilidad tiene. Espero que construya confianza no solo con nosotros como oposición, también debe hacerlo con su propio espacio.

—Fuiste intendente con Daniel Scioli y con María Eugenia Vidal, ¿cómo evaluás sus gestiones?

—Escuché a Jorge Ferraresi diciendo que la gobernación de María Eugenia fue la peor. La verdad es que conocí como diputado la gobernación de Felipe Solá y como intendente la de Scioli y la de María Eugenia. La de María Eugenia de lejos fue la mejor de las tres. Pero, ¿logró María Eugenia transformar la Provincia para que sea una maravilla? Ni cerca. El primer paso no te lleva al lugar donde querés estar, pero te saca del que estabas. María Eugenia instaló temas que al peronismo le duelen. Hizo falta que llegara una gobernadora no peronista para reclamarle al presidente recursos que la Provincia necesita. Ningún gobernador peronista se animó a plantarse en ese lugar. Eso debería reconocerse. Si no se recupera equidad para la provincia de Buenos Aires es muy difícil resolver los problemas. Generamos el 40% de los recursos, recibimos el 22% de la coparticipación. Tenemos la mayoría de los pobres. No digo que la plata alcance, pero sin plata es imposible. Tendrían que reconocer por lo menos eso. Ni hablar de hechos concretos: las obras, el SAME, las guardias de los hospitales provinciales. Si hoy el gobernador puede dedicarse a repartir respiradores, absolutamente imprescindible, es porque antes hubo un SAME en marcha. Si no hubiera debido arrancar por un sistema de emergencia que lleve a la gente a los hospitales. 

—¿Por qué habrá dicho eso Ferraresi?

—Para quedar bien con Kicillof, supongo.

—¿Y con Cristina?

—Probablemente.

—¿Cómo ves la relación entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner? 

—Me cuesta mucho evaluarla. Ni siquiera los vi juntos.

—¿Hay cogobierno? ¿Tenemos un presidente limitado.

—Una coalición de gobierno requiere equilibrios internos. Nos pasó a nosotros también. 

—Pero parecía que Macri tuvo mucho más poder que el resto de los integrantes de la coalición.

—Tenía una ventaja: resolvió su candidatura en unas PASO. Es una discusión que tuve con varios radicales. Decían que no había un gobierno de coalición. La respuesta es que hubo alguien que ganó las PASO. No era un gobierno de coalición. Pero hubo integración. Un gobierno de coalición siempre supone tensiones. Aquí los cruzó la pandemia cuando no habían podido hacer pie en una planificación concreta del país. Esperemos que un futuro acuerdo por la deuda sea el punto de partida de una planificación económica y lo que deviene de un Presupuesto que nos permita saber hacia dónde quiere ir. Hasta ahora ha habido muchas marchas y contramarchas.

—¿Tenés esa expectativa? 

—Deseo que a la Argentina le vaya bien.

—Independientemente de tu deseo, ¿tu pálpito es que eso está por suceder? 

—No.

—¿Qué opinás de la causa del espionaje ilegal durante el gobierno de Mauricio Macri?

—Estoy seguro de que Mauricio no está atrás de ningún plan de espiar a nadie. Hay que dejar que la Justicia avance. Ya pasamos por este tipo de acusaciones a Mauricio. Está claro que en Argentina hay montado un sistema vinculado al espiar muy perverso, en el que hay mucho autoemprendedor.

“Muchos no piden el crédito que da el Gobierno porque no ven un horizonte de salida.”

—Es lo mismo que dice Patricia Bullrich.

—No me imagino que Mauricio tenga un interés en controlar a un cuñado.

—¿Cuál es tu opinión sobre Gustavo Arribas y Silvia Majdalani?

—No estuve en el funcionamiento de la AFI, pero a Silvia la conozco más que a Arribas. Ocupó un lugar para el que se preparó mucho tiempo. No creo que haya ido a ese lugar a hacer chanchadas. 

—¿No se podía controlar a los funcionarios de la AFI? ¿Esa es la causa del cuentapropismo?

—La causa es rara. Fue llevada adelante por un juez (N de la R: Federico Villena) que fue el que permitió el uso de las cámaras, que habilitó algunas escuchas. A veces, la Justicia tiene ese ir y venir.

—Más allá del juez, hay hechos que llaman la atención.

—En las declaraciones de Silvia y Arribas se pone en claro el contexto. Tiene que ver con los eventos internacionales que ocurrieron en la Argentina. Es lo que escuché: no hablé con ellos sobre el tema.

—Eso puede aludir al Instituto Patria. Pero en lo referido a Florencia Macri, ¿hubo mala praxis? 

—No es un tema que conozca. Por eso no me gustaría hablar.

—¿Cómo será la Argentina pospandemia? ¿Cómo llegaremos a fin de año?

—Trabajaré para que la Argentina de los próximos tres años y medio sea de moderación y equilibrio. Que el porvenir no esté sujeto a los humores, a marchas y contramarchas, sino que haya una senda previsible donde el que genere empleo pueda hacerlo en un Estado dedicado a no dejar a nadie atrás. El rol del Estado es central. También se necesita un sector privado que tenga la capacidad de generar empleo. Tenemos que lograr ese equilibrio. Debemos dejar de lado amenazas como Vicentin o los proyectos de expropiación, como el actual respecto a Edesur. Hay sectores del kirchnerismo que creen en eso. Fui diputado provincial seis años y en una Argentina que no estaba en crisis, la previa a 2008, una Argentina pujante, vi pasar una cantidad escandalosa de proyectos de expropiación. Casi no hay casos de éxito de expropiaciones. Y así no van a venir las inversiones.

—No van a llover dólares.

—Mi idea es convencer al mecánico que está hoy laburando en Munro a cuentagotas de que ponga tres puestos más para que tres gomeros o expertos en carburación tengan laburo y abandonen la marginalidad. Eso también tiene que ver con la certeza. No ayudan las marchas y contramarchas, ni las amenazas. Voy a trabajar para que el actual gobierno no fracase y que nos elijan porque haremos las cosas mejor. Soy distinto a quienes gobiernan el país, pero el país es el mismo. El fracaso de ellos es el de todos. El desafío más grande es dejar de echar culpas al pasado. La Argentina se construye para adelante. Hay una oportunidad. Esta crisis, este momento del mundo, nos abre una puerta para que el acuerdo, la moderación, la humildad, el arremangarse y el laburar, nos permitan construir con un ADN que todavía está vivo. Creo mucho en el ADN de una mayoría silenciosa, laburante y honesta que se ha manifestado poco. Desde nuestra llegada al gobierno se manifestó un poco más. Me pongo esa cucarda. Muchos convocaron al ciudadano de a pie a participar en política antes de nosotros, pero nosotros lo hicimos con la ambición de pelear por el poder. Nuestro espacio tiene que volver a ser gobierno y tenemos que trabajar para eso. Por eso hay que hacer autocrítica, plantearse nuevos desafíos y convocar a construir una mayoría. Hay que ser amplios.


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