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Pandemia por coronavirus

No alcanza con decir "hay que cuidar a los abuelos", tenemos que hacer más

Aunque son el grupo etario de mayor riesgo, es autoritario encerrar a los ancianos, despojándolos del derecho a decidir cómo vivir o morir. 13 de abril, 2020

Toda la política se centra en el Covid19. El gobierno paró la economía, mandó la gente a su casa y está cohesionado atrás de la “épica” de achatar la curva de enfermos y muertos, con datos epidemiológicos insuficientes.

Pero la gente se hartó de la cuarentena. El aislamiento es insostenible.

Aunque son el grupo etario de mayor riesgo, es autoritario encerrar a los ancianos, despojándolos del derecho a decidir cómo vivir o morir. Después de todo, no es la primera “gripe” que enfrentan y pueden querer disfrutar su vida con plenitud, más allá de los riesgos.

Dónde y cuándo se debe usar barbijo en la Ciudad de Buenos Aires

Se ha condenado a los mayores a no poder salir a caminar, ejercitarse o hacer sus compras. Tampoco pueden disfrutar de sus amistades y familiares. El bombardeo de noticias apocalípticas les quitó las ganas de vivir. Hay gente que ve a un anciano en la calle y lo reta como a un chico: Qué haces viejo, metete en tu casa..!, creyéndose con derecho a tal reproche vestido de “recomendación.”

Mantener en “arresto” domiciliario a un viejo en su casa es debilitarlo, bajarle las defensas, asustarlo y deprimirlo.

Pasarse el día comiendo y sentado en un sofá es más peligroso que fumar. Los músculos inactivos y un flujo sanguíneo poco oxigenado causan hinchazón de tobillos y enfermedades cardiorespiratorias y metabólicas. Por cada hora adicional de sedentarismo, la incapacidad aumenta cincuenta por ciento. O sea que, con el fin de protegerlos del coronavirus, estamos enfermando (y matando) a nuestros jubilados.

Es momento de seguir generando oportunidades para gestionar el bienestar

Aunque se pretende lo contrario, vamos camino a colapsar el sistema de salud, una vez finalizada la prohibición. Si el objetivo es ganar tiempo para preparar al sistema sanitario, no debe hacerse en base al perjuicio de los ciudadanos, sino en paralelo a su control, educación, ejercitación y alimentación para fortalecer su salud.

A pesar de los rápidos reflejos de Alberto para llegar temprano a la cuarentena (pero tarde al barbijo y a las pruebas bioquímicas), sus asesores, teóricos y burócratas, prefieran seguir los consejos de la OMS, que siempre llega tarde a las pandemias, en lugar de aplicar los protocolos Coreanos o Alemanes que aplanaron los contagios, con datos verdaderos.

Cuarentena económica: recaudación al límite y dificultades para los contribuyentes

Si bien los argentinos no somos asiáticos ni germanos, tampoco somos estúpidos.

No alcanza con decir “cuiden a los abuelos”, hay que llegar a sus hogares y geriátricos para controlarles temperatura corporal y testearles la presencia de virus, antes de que aparezcan los síntomas. También deberían rotarles la medicación antihipertensiva porque se sabe que Enalapril y Losartan reducen la capacidad respiratoria y agravan el cuadro de pacientes infectados.

La primera defensa contra el virus es un buen estado de salud, por eso, mucho mejor que un confinamiento forzoso es administrar el tiempo de cada adulto con adecuados paseos y actividad física, protegiendo la respiración y manteniendo la distancia. Abrir los bancos para que retiren su dinero sin restricciones, o ver a sus nietos,tiene en ellos el “mismo” efecto que una vacuna.

No podemos quitarle la libertad a la gente con el argumento de que vamos a salvarla del virus, porque no es cierto, ya que tarde o temprano todos estaremos infectados. Pero, si tenemos las defensas altas no enfermaremos ni moriremos. Por eso, el principal rol del Estado es mantener sana a la población.

Por qué Occidente no vio venir la pandemia

Recordemos que la vida es efímera. Abandonemos la hipocresía y bajemos la sobreactuación que solo beneficia a la política.Esta pandemia es tan letal como la gripe y la neumonía (ni más ni menos) que en nuestro país se cobra treinta mil vidas anuales.

Pongamos las cosas en su verdadero lugar: los seis millones de adultos mayores se defenderán mejor de la infección estando robustos,que débiles y abandonados. Además, ya hay cura para los diagnosticados: Paracetamol para bajar la fiebre, Hidroxicloroquina para subir las defensas, e Ivermectina, Lopinavir, Ritonavir y Remdesivir para matar el virus, además del suero de los pacientes curados que posee los anticuerpos contra el virus.

En lugar de compararnos con otros países, que sí controlan masivamente los infectados y muertos, y están en otro estadío de la enfermedad, deberíamos hacer controles masivos, surtir suficientes barbijos (de los verdaderos no de los caseros que no sirven), producir masivamente alcohol gel y los citados fármacos que son efectivos, para evitar que algunos pocos saquen ventaja económica de la desgracia, como sucedió con el alcohol de Pami y los barbijos de la Ciudad.

Encuesta: el estado de ánimo cayó un 40% desde el inicio del aislamiento obligatorio

Es más razonable y democrático suspender la cuarentena hasta junio (fecha pico de contagios), con la protección necesaria, y darle algo de salud a la economía.


Doctor en Farmacia y Bioquímica UBA, Secretario general del Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos SAFYB. @MarceloPeretta

Marcelo Peretta*

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