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POST PANDEMIA Y MEMORIA

Hablemos de la muerte

30 de agosto, 2020

El año pasado desde el Programa Sociedad, Cultura y Religión del CEIL Conicet presentamos los resultados de la Segunda Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas de la Argentina (muestreo nacional representativo). Sin saber aún que nos enfrentaríamos como sociedad a miles de muertes por una pandemia, consultamos a las personas sobre sus creencias y prácticas relacionadas con el fin de la vida. Encontramos que 6 de cada 10  personas cree en la vida después de la muerte en la Argentina. Esta creencia es similar en los distintos grupos etarios, decrece en el AMBA y la Patagonia hacia el 50% y aumenta en Cuyo, la región Centro, el NOA y el NEA hacia el 70%. Asimismo, la creencia en la vida después de la muerte decrece al 50% entre las personas sin estudios y entre quienes se declaran sin religión a un 34,1%. Un 62,4%  de los y las católicos/as cree en la vida después de la muerte y un 73,6% de los y las evangélicos/as también.

Además, 4 de cada 10 personas hablan con sus seres queridos difuntos en la Argentina.  En AMBA, Centro y Patagonia decrece hacia el 30% y en Cuyo, NEA y NOA alcanza al 50% de la población. Un 21,4% de las y los sin religión, un 22,6% de evangélicos/as y más de la mitad de los y católicos/as (51,4%) hablan con los difuntos.

Más de la mitad de la sociedad argentina “dejaría que se haga la voluntad de Dios” ante una enfermedad terminal e irreversible (49,9%), un 22,6% pediría a los/as médicos/as que hicieran todo lo posible por prolongar su vida y un 18,9% pediría a los/as médicos/as que pusieran fin a su vida. En AMBA (23,5%) y  Centro (20,6%) y luego Patagonia (16,8) y Cuyo (15,7%) existe una mayor predisposición hacia la decisión individual de poner fin a la vida ante una enfermedad terminal e irreversible. En NEA y NOA esta actitud decrece al 10% y al 8% respectivamente y es mayor la proporción de personas que consideran al fin de la vida como “voluntad de Dios”. Un 20% de quienes consultan a sacerdotes y pastores y un 60% de quienes consultan a reikistas, curanderos y mai/pai umbandas recurre a ellos para cuestiones de salud en búsqueda de complementariedad terapéutica.

Desde nuestras investigaciones hemos planteado interrogantes acerca de las maneras en que las instituciones atienden las demandas de cuidado espiritual de los y las pacientes, el establecimiento de capellanías y servicios de asistencia interreligiosa o multiconfesional y también hemos puesto en cuestión la influencia de los valores religiosos en la regulación de los derechos de los y las pacientes. El proceso de morir es una construcción y definición colectiva y requiere respuestas del Estado y de las comunidades. Las instituciones sanitarias deben recuperar las diversas apreciaciones y cosmovisiones de las personas sobre el proceso de fin de vida en pos de garantizar un escenario de atención organizado alrededor de las necesidades, creencias y valores de los y las pacientes y sus familias en un marco de laicidad que es un régimen de convivencia diseñado para el respeto de la libertad de conciencia, en el marco de una sociedad crecientemente plural, o que reconoce una diversidad existente y garantiza los derechos de todos y todas. Actualmente, la Red de Cuidados, Derechos y Decisiones del Conicet se encuentra desarrollando recomendaciones para la elaboración humanizada del duelo como experiencia colectiva durante la pandemia de Covid-19. Es de vital importancia  transitar la enfermedad y la muerte de manera colectiva y dar espacios sociales para que las personas puedan despedirse y honrar a sus seres queridos difuntos. Es necesario construir una sociedad argentina post-pandemia que integre en su memoria a las y los muertos de este 2020.

 

*Investigadora Adjunta Conicet en el Programa Sociedad, Cultura y Religión del CEIL.
Integrante de la Red Cuidados, Derechos y Decisiones en el Final de la Vida Conicet.


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