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Ni el tiro del final te va a salir

Los resultados confirmaron que la sociedad no necesitaba doble vuelta. Macri, sin embargo, se reconvirtió y apuesta a ser protagonista en un nuevo rol. 28 de octubre, 2019

El gobierno para la despedida eligió una caravana nacional. Un hecho a contramano de su prédica y principalmente de su práctica. Ese fue el hecho novedoso de esta elección, que venía resuelta desde agosto. El alumbramiento del nuevo Mauricio Macri, el de las movilizaciones, el de los centenares de miles en el Obelisco, el que recorrió las principales capitales. El que quiso a todo o nada, quedarse con la parte del león cambiemita. El que con el sorpresivo 40 por ciento, demostró que sigue intacto en su liderazgo.

A destiempo, en medio de una crisis sin precedentes, con números trágicos en la política social medidos por un INDEC recuperado (punto para Macri) y corroborado por las mediciones privadas que vienen trabajando el tema pobreza, desempleo y exclusión, hace años. El presidente rompió con su lógica y soltó marras de las redes sociales y de su mundo algodonado, para ponerse a caminar y a subirse a palcos de ocasión, gritar, vociferar e intentar comunicar algunas consignas mínimas. Su capacidad discursiva, ya lo sabemos, no es su fuerte.

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La idea que se trasmitió fue que el presidente era un hombre de a pie, que recorría el país y escuchaba el reclamo de la sociedad, que aguardaba el tren en la estación de Olivos para ir hasta Barrancas de Belgrano. Y que de las habituales escapadas y mini vacaciones con Juliana y Antonia, podía pasar a sábados y domingos donde venir al centro porteño se le volvió rutina. Todo nuevo en el universo PRO, que seguirá desencajado por una interna latente entre el dueto Horacio/María Eugenia y el liderazgo de las dos M.

El partido tributario de la no política, del “que se vayan todos”, que se jactó por omitir las tradicionales campañas proselitistas y llenó de globos multicolores su meditada falta de banderas y consignas militantes, que brilló bajo la certeza que inoculó desde sus entrañas: los medios de comunicación ya no son necesarios, el contacto es directo; y las redes sociales son el mejor escenario común donde consumar ese ida y vuelta íntimo entre el electorado y ese colectivo tan PRO: "la gente". Todo ese partido virtual se resignificó en este nuevo Macri, el de la calle.

En el sprint final de una campaña que tenía sabor a "todo está resuelto", el PRO volvió sobre sus pasos. Macri salió, gustó y sorprendió.

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Queda un mes y días de gestión. Ese presente es hoy, más de la mitad de los menores de edad bajo la línea de pobreza. Eso empuja a gestionar lo que queda tras algunos mínimos consensos para intentar revertir todo lo que esté al alcance de la mano. Bolsones, comedores, merenderos, lo que sea para paliar esta crisis. ONGs, clubes, credos, los que quieran subirse al carro del “dar una mano”, y el diálogo con los interlocutores del vencedor.

Esta campaña, la que ya fue, nos deja este Macri intenso, el de los 10,5 millones y –en paralelo- una interna donde seguramente el tándem de la renovación PRO le traerá algunos dolores de cabeza enarbolando su talonario de facturas que no deletean.


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