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Después del Coronavirus

De la pandemia surgirá un nuevo mundo y, por lo tanto, un nuevo desafío para la política y la sociedad argentinas. 22 de marzo, 2020

Podrán pasar semanas o meses, pero el virus Covid-19 también pasará.

Todo pasa, ¿qué queda? Seguramente la enfermedad provocada por el coronavirus pase a ser una más de las cuales habrá que cuidarse cada vez que llegue el frío. También muy probablemente se desarrollarán vacunas sobre cuya efectividad se discutirá. En síntesis, se volverá a la normalidad.
Sin embargo, vale preguntarse cuál normalidad nos espera, pues a medida que fue avanzando el virus y en pocas semanas se empezaron a delinear cambios a nivel global que sugieren una posible mutación política y económica de esas que solo ocurren tras las grandes crisis, como el crack del 29, las guerras mundiales o las crisis financieras como la de 2008. Desde aquí solamente se puede plantear algunas hipótesis, pero los cambios sorprendentes que ocurrieron en estos días dan algunos indicios. Como ejemplo valga la mención de la implosión del Acuerdo de Schengen que, firmado en 1985 y puesto en vigor diez años después, permitió a los ciudadanos de la Unión Europea transitar sin exhibir documentos. Fue la principal razón esgrimida por Gran Bretaña para impulsar el Brexit, el deseo de volver a levantar las barreras para evitar las migraciones de otros ciudadanos europeos y otros que lograban entrar a Europa por otras vías. Schengen desapareció en cuestión de horas, las barreras fueron reimpuestas por la emergencia de salud.

Cuando veo las nuevas olas. Cabe preguntarse si en medio del confinamiento obligatorio de medio planeta no se está asistiendo a nuevos niveles de xenofobia con el surgimiento de un “nacionalismo sanitario”. Habrá que ver en qué medida las constantes referencias de Donald Trump al “virus chino” o el “kung flu”, como circula en la Casa Blanca, transcienden hacia su base electoral y se difunden hacia otros países donde la ultraderecha comienza a poblar los Parlamentos. ¿Cuánto falta para que Vox logre formar gobierno en España?

La contracara son los comentarios globales sobre la aptitud de China para controlar el virus precisamente donde nació, con su capacidad para construir hospitales en poco tiempo y para aislar ciudades enteras sin problemas. El capitalismo autoritario del Imperio del Centro parece ser un modelo para muchos en pleno cambio de paradigma global. La multiplicación de controles callejeros con cámaras con sensibilidad no solo para identificar rostros sino determinar la temperatura corporal y la intervención masiva de los teléfonos celulares inaugura una época de control social nunca antes visto. 

Renglón seguido, el confinamiento mundial pondrá a prueba a las grandes corporaciones transnacionales sobre el funcionamiento del teletrabajo. Si bien era una tendencia creciente la descentralización de las operaciones de modo que Skype reemplazó a las interminables reuniones gerenciales realizadas en persona, ahora los mecanismos automatizados de producción controlados por inteligencia artificial harán surgir las preguntas sobre si las grandes empresas globales estarán interesadas en reincorporar su dotación como antes de la crisis. Por ejemplo, ya muchos supermercados en Estados Unidos, Inglaterra y otras partes del mundo fueron reemplazando a los cajeros, donde los propios compradores tienen que pasar producto por producto en línea de cajas, así como la lectura de las patentes con los mecanismos de identificación de imágenes van sustituyendo las cabinas de peaje. Hay muchos más ejemplos en este sentido donde el cielo se va plagando de drones y los camiones sin conductor ya son una realidad. Puede en este sentido plantearse la pregunta si tras el paso del coronavirus la forma de producción capitalista entrará en otra fase, y qué potenciales conflictos se generarán.  

¿New Deal? Curiosamente, el avance planetario del virus hace revalorizar el rol del Estado como organizador frente a la catástrofe, hasta los exacerbados libertarios (de ayer) reclaman por un Estado fuerte y que actúe en forma veloz. Es claro que el virus se hará más fuerte en los lugares donde la privatización del sistema de salud fue de la mano del desarme y la desactualización de los antiguos hospitales públicos, muchos construidos en los países centrales y algunos en la periferia sobre el fin de la Segunda Guerra. La nueva situación hace que ni Estados Unidos ni Europa duden de lanzar miles de millones de dólares (o euros) a sus mercados dejando de lado décadas de discurso de austeridad.

En lo local, la llegada del coronavirus a estas tierras puso en tensión a la política y a la sociedad. Tras algunas dudas al comienzo sobre la posibilidad de expansión en lo inmediato de la enfermedad en el país, la crisis sanitaria le dio la oportunidad a Alberto Fernández de mostrar liderazgo reuniendo firmeza y serenidad (dos rasgos que habitualmente aparecen disociados), invitando a sumarse a Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta a la conferencia de prensa del jueves pasado. La última vez que este rasgo de unidad se vivió en el país fue cuando Antonio Cafiero se sumó al estrado para acompañar a Raúl Alfonsín con motivo del levantamiento militar de Semana Santa de 1987. Más de tres décadas después, la clase política argentina muestra a una sociedad que le desconfía que puede estar a la altura de las circunstancias. En el caso de Rodríguez Larreta, más allá del evento desafortunado del estornudo (que llegó viralizado a todos los puntos del país), se comienza a desmarcar como el líder opositor y con proyección para 2023.  

At last but not least. A la Argentina la crisis del coronavirus la toma en una posición vulnerable, con una recesión endémica que lleva años y en medio de las negociaciones de la deuda pública con los bonistas. En medio de la tormenta sanitaria, los vencimientos inmediatos han sido postergados y la caída de los precios de los bonos abre incluso la posibilidad de recompra de parte de los mismos, antes que lo hagan los fondos buitre.

La contracara de la recesión fue la salida de los sectores medios y altos a realizar compras masivas en super e hipermercados, situación que muchos formadores de precios emplearon para aplicar el mazazo de la ley de oferta y demanda, subiendo precios justo cuando la inflación había entrado en una fase descendente. A esto el Gobierno respondió con unos 2 mil precios máximos, política que había quedado en unos cajones polvorientos del Plan Austral alfonsinista. Tras el paso del coronavirus, se comenzarán a delinear un nuevo mundo y un nuevo desafío para la clase política argentina.

 

* Sociólogo.


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