Relaciones internacionales

Nicolás Maduro será el tercero en discordia entre Bolsonaro y Macri

En el Gobierno argentino entienden que la crisis en Venezuela es un juego de ajedrez, con tiempos difíciles. 10|01|19

No hay diferencias de fondo  entre los presidentes Mauricio Macri y Jair Bolsonaro en cuanto a lo que piensan de Nicolás Maduro y Venezuela. Que no es una democracia, que Maduro debería dar un paso al costado y que ambos países, junto al resto de los integrantes del Grupo de Lima, deben hacer todo lo posible para que esto suceda.  La diferencia pasa por el límite sobre lo último: una desigual  concepción sobre qué hacer y qué no, que podría distorsionar la armónica relación que pretenden empezar a tejer con el polémico líder brasileño desde el próximo miércoles.

Para el gobierno argentino no se debe "abandonar" a Venezuela a su suerte. Coincide con gran parte de los países del Grupo de Lima en que hay margen para incrementar la presión sobre el gobierno de Maduro aunque rechaza, por ejemplo, una de las ideas más extendidas entre los halcones del bloque: el cierre de las embajadas.  "No estamos dispuestos a eso", aseveró un alto funcionario a este medio.

 

Para el gobierno argentino no se debe "abandonar" a Venezuela a su suerte.

 

Si Buenos Aires decidió convocar a su representante en Caracas, Eduardo Porrretti, para que no asista hoy a la toma de poder de Maduro fue solo una medida temporal y protocolar. Porretti se encuentra en Buenos Aires y, curiosamente, la sede de la embajada argentina amaneció en la madrugada con un cartel de "desalojo" y la firma debajo de #Madurodictador y #Maduro usurpador sin quedar del todo claro quién es el responsable.

El gobierno de Bolsonaro, en cambio, insinuó que podría ir más allá, si bien nadie sabe a ciencia cierta hasta dónde. Su flamante canciller, Ernesto Araújo, lo puso claro en un editorial, que no habían llegado al poder para dejar las cosas tal como estaban, en clara alusión a la doctrina no injerencista de Itamaraty. No se refería solo a Venezuela aunque entre los aristócratas de la tradicional diplomacia brasileña, semejante palabras en boca de un funcionario salido de su riñón —Araujo es un diplomático de carrera y de larga experiencia si bien no se lo ubicaba entre los más prominentes hasta hace dos meses— fueron un nudo en el estómago.

Hay, en Venezuela, una parte de la oposición que ve en Bolsonaro a un nuevo "salvador". Sin ir más lejos, la dirigente María Corina Machado, de las más dura entre los opositores a Maduro, le escribió una carta pública describiéndolo como una respuesta al pedido de mayor "presión internacional".  Como el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, cuando pasó por Brasilia, también Machado habló de un eje de "regímenes dictatoriales que pretenden eternizarse en el poder, como es el caso de Nicaragua, Bolivia, Cuba y Venezuela".

Argentina nunca rompió el contacto con diferentes referentes de la oposición, ni siquiera cuando se diluyó la llamada Mesa de Unidad Democrática. Incluso habla con quienes provienen del chavismo y ahora militan en la vereda opuesta porque entienden que deben formar parte de la solución a la crisis del país sudamericano. Sin embargo, hay una parte de la oposición venezolana que demandan acciones que vaya más allá de las meras sanciones a funcionarios. Son los que creen que la Argentina y otros países están haciendo poco para sofocar a Maduro.

En el Gobierno argentino entienden que es un juego de ajedrez, con tiempos difíciles. Apuestan a la presión desde los organismos —la OEA y La Haya, por caso—  y se muestran dispuestos a subir el tono mediante un mayor ahogo financiero de funcionarios y hasta del propio estado venezolano a través del crédito regional e internacional. Incluso suscribió a la suspensión de toda cooperación militar en un continente que se caracterizó, en las últimas tres décadas, precisamente por la eliminación de las hipótesis de conflicto armado a través de una transparente integración en estas áreas.

El canciller Jorge Faurie llegó a solicitar, en nombre del Grupo de Lima, una reunión con Maduro antes de su reasunción hoy. Sin éxito. Y contra la intención de algunos países de quebrar todo vínculo diplomático desde hoy, la Argentina logró insertar el término "reevaluar el estado o nivel de sus relaciones diplomáticas" como punto intermedio.  En una reciente entrevista con PERFIL, el embajador en Brasilia, Carlos Magariños, aseguró que no hay discrepancias con el gobierno de Bolsonaro en cuanto a lo que ambos piensan de Venezuela, que en el equipo del flamante presidente brasileño registran aquella primera embestida de Macri contra el gobierno de Maduro apenas asumió en 2015 acusándolo de no ser democrático. La duda, no obstante, corre hacia adelante. Hacia dónde puede derivar la política exterior de Bolsonaro en su afán de ganar protagonismo para cubrir otras distorsiones domésticas en el transcurso de los meses que vienen. Y cómo esto puede o no provocar algunas incomodidades en Buenos Aires frente a la postura antibelicista del gobierno argentino. Nadie tiene respuesta aún a esto.


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