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Las familias son aliadas cruciales para mejorar la educación

La importancia de que los padres se involucren en las cuestiones educativas de sus hijos 11|04|19

En cualquier sociedad, el proceso educativo es una tarea común que debe basarse en profundos acuerdos a largo plazo. La decisión del gobierno de la provincia de Buenos Aires de convocar este año a las familias a participar de la política educativa provincial puede entenderse, de este modo, como una señal positiva. En un momento en el que es indispensable mejorar las condiciones laborales de los docentes, la iniciativa de ampliar la participación de la comunidad educativa es, al menos, un paso en el sentido correcto.

Investigaciones como las de la Red Nacional de Alianzas Escolares en Estados Unidos y las del Harvard Family Research Project muestran que la participación de los padres en la educación de sus hijos tiene un impacto definitorio. Específicamente, se ha demostrado que, en igualdad de condiciones, aquellas escuelas con alianzas más sólidas con los padres de la comunidad tienden a obtener mejores resultados. Se mejora la satisfacción con la enseñanza y mejora la relación con los docentes, que se sienten más comprendidos y ven su tarea más aliviada. No solo mejoran los desempeños académicos de los estudiantes sino también el clima en la escuela.

La participación de los padres en la educación de sus hijos tiene un impacto definitorio

En Europa, en los últimos 20 años casi todos los sistemas educativos han desarrollado un marco normativo para encuadrar las relaciones con las familias. Se entiende que ya no solo es necesario que los padres o tutores se involucren en las tareas escolares, sino que también tienen responsabilidad en la gestión, administración y gobierno de las escuelas. Según un relevamiento realizado desde la Universidad Complutense de Madrid, en Alemania existen asociaciones de padres en todos los estados. En los casos de España, Grecia o Portugal, los padres forman parte del consejo de gobierno de educación. En la mayoría de las naciones su rol es consultivo a nivel nacional, pero −y esto es clave− a nivel regional, estadual y local también es decisivo.

La extrema desigualdad en nuestras sociedades hace que la mayoría de las familias tengan pocas posibilidades de participar (poco tiempo, pocos recursos materiales, menos recursos simbólicos que otros grupos familiares). Aquí es fundamental que el Estado focalice esfuerzos en las familias más vulnerables, de modo de que las voces que más sean escuchadas no sean, naturalmente, las de quienes ya tienen muchos privilegios.

Para acordar el largo plazo en educación es necesario que existan órganos de gobierno que excedan al gobierno de turno. En tanto, hay que asegurar que realmente se trata de un diálogo entre sectores que tienen un interés común por mejorar la educación. Cuando alguna de las partes percibe que se trata de un monólogo, la parte convocada siente que se la está utilizando para fines políticos o personales.

En Argentina estamos poco habituados a la cultura del diálogo. El buen diálogo y el debate presuponen que todas las partes postulan, en igualdad de condiciones y con buena fe, sus opiniones, deseos e intereses, sobre la base de lo que señala la evidencia. Si no empezamos desde el sistema educativo, ¿por dónde vamos a empezar?

*Magíster en Política Educativa Internacional por la Universidad de Harvard.

Ivana Zacarias*

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