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M’hijo el políglota

22 de septiembre, 2019

Si el Estado de Bienestar significó la ampliación del número de egresados universitarios, de manera relativamente independiente del nivel educativo alcanzado por sus familias de origen, la globalización económica y cultural del final de la Guerra Fría nos trajo como rasgo educativo saliente la popularización del aprendizaje de lenguas extranjeras. Claro está que no todos los idiomas se encuentran en pie de igualdad a este respecto: el inglés, en consonancia con el ascenso internacional de Estados Unidos, se erige como el protagonista de esta tendencia. Esto responde a su carácter de virtual lengua universal en el mundo del trabajo, de los negocios, de la academia y del turismo.

El panorama en nuestro país

Nuestro Estado nacional comenzó a formarse como hoy lo conocemos a finales del siglo XIX. Entonces, se profundizó la expansión del idioma castellano como el oficial. Las clases dirigentes de la época tenían, alternativamente, a Francia o a Estados Unidos como el modelo de República a seguir, y por eso promovieron la enseñanza del francés y del inglés como lengua extranjera en las escuelas. Ambas se mantuvieron como las únicas impartidas hasta la constitución del MERCOSUR (1991), cuando el portugués se mostró como otra opción. Pero, a partir de los años noventa, la lengua inglesa despega fuertemente en relación a las otras. Al respecto, el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, publicaba en 1996: “A pesar de que lo habla menos gente que el español, es el idioma que todos deben saber para no quedar relegados en un mundo donde el inglés es una herramienta fundamental. La escuela debe lograr que los alumnos y alumnas se integren a esta macrocomunidad que se sirve del inglés para resolver sus cosas.”

A pesar de estas afirmaciones, la asignatura Inglés no es obligatoria en las escuelas argentinas. La Ley de Educación Nacional (Nº 26.206), de 2006, establece “la enseñanza obligatoria de al menos un idioma extranjero”, sin especificar cuál. Asimismo, cada provincia legisla sobre el año de incorporación de la segunda lengua y la cantidad de horas a la semana que se enseñará. Por eso, aparecen grandes disparidades a lo largo del territorio nacional. De manera general, sin embargo, suele ser establecido el inglés a partir del cuarto grado de la primaria, y, en las zonas fronterizas con Brasil, también el portugués. Al margen de estos estándares mínimos, existen escuelas bilingües o intensivas en idiomas, con una amplia variabilidad entre sí. Las desigualdades antes aludidas, además, se presentan al comparar los niveles de lengua extranjera alcanzados por los escolares de distintos segmentos sociales. El informe “INFANCIA(S). Progresos y retrocesos en clave de desigualdad”, publicado en junio de este año por la UCA, nos muestra que el 40% de los niños y niñas que asisten a la primaria en nuestro país no reciben clases de ningún idioma extranjero, y que esta falencia es aún mayor en los estratos socioeconómicos más bajos.

Sin embargo, según Diálogo Interamericano, que en 2017 publicó “El aprendizaje del idioma inglés en América Latina”, la Argentina es el país de la región cuyos adultos presentan el mejor nivel de ese idioma. Este resultado se vincula, como describe en sus trabajos María Isabel Pozzo, Directora del Centro de Estudios del Español como Lengua Extranjera de la UNR, al aprendizaje en forma privada. Éste viene principalmente dado por la asistencia a institutos privados de idiomas, o bien, semi-privados, como aquellos que dependen de universidades nacionales, tales como el Laboratorio de Idiomas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, o la Escuela de Lenguas de la UNLP. Los mismos pueden ser plurilingües -incluyendo Lengua de Señas Argentina y lenguas originarias-, o especializarse en la enseñanza de un idioma en particular, así como la Alianza Francesa, la Asociación Dante Alighieri o el Instituto Goethe.

Estas tendencias mayoritarias, es decir, el optar en primer lugar por el inglés como segunda lengua y su adquisición en institutos privados, se constataron en una encuesta realizada a través de un formulario online a 142 residentes del Área Metropolitana de Buenos Aires que dominaran otro idioma además del castellano, seleccionados en forma no probabilística. En relación a su segunda lengua, el 94,4% de los encuestados marcó “inglés” en una respuesta de alternativa múltiple. En cuanto al ámbito de su aprendizaje, dados a elegir por uno, escogieron en un 53,5% la opción “instituto privado”, a la cual puede añadirse el 11,3% que optó por la respuesta “docente particular”. El 25,4% de las personas encuestadas declara haber aprendido en la escuela, mientras que el 9,9% restante afirma ser autodidacta. Así, vemos que las vías individuales -pagas o no-, son preponderantes a la hora de adquirir el dominio de otra lengua, la cual es, en la mayor parte de los casos, el inglés.

En cuanto a las motivaciones para la adquisición de este idioma, Susana Garmendia, profesora del Instituto Cultural Argentino Británico, sostiene que se vinculan a la obtención de “mejores oportunidades” académicas y laborales.

 

No sólo inglés

Tanto en las currículas escolares como en la oferta de los institutos de enseñanza, podemos ver que idiomas como el francés, el portugués, el italiano, el alemán y, más recientemente, el chino, son también escogidos como segunda o tercera lengua.

El francés fue el segundo idioma más hablado por las personas encuestadas (26,1% declararon dominarlo). Esto no es de sorprender si consideramos que históricamente la Argentina fue una gran receptora de esta lengua, llegando a ser, en los años ochenta, el país con mayor número de filiales de Alianzas Francesas respecto de su población. A pesar de ser hablado oficialmente en 31 países del mundo, el francés ha perdido el carácter de lingua franca que poseía en el siglo XVIII. En este sentido, notamos que el estudio de lenguas extranjeras no siempre responde a las demandas de un mercado laboral internacionalizado, sino a la curiosidad y al gusto personales. En relación al francés, Rubén Bein, del Instituto de Lingüística de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, señala: “en el imaginario popular, lo francés siguió asociado a lo elegante, lo culto, lo refinado.”

Algo semejante sucede con el estudio de la lengua portuguesa, la cual, por la cercanía geográfica, cultural y comercial con el país vecino, es enseñada y aprendida mayoritariamente en su variante brasileña. Fue el tercer idioma mencionado por las personas encuestadas (24,6%). Al respecto, Daniel Domínguez, profesor de dicha lengua en el Laboratorio de Idiomas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, señaló como principales razones de los estudiantes para inscribirse en sus clases: “placer, viajes, cultura, música o amor”.

Otro factor importante a considerar si pensamos en los idiomas extranjeros que hablamos los argentinos, es el origen migrante de una parte de nuestros antepasados. Así, el italiano (19%) o el hebreo (0,7%) también pueden aparecer como vías de reconexión con las propias raíces.

*Lic. en Ciencia Política (UBA - Instituto de Investigaciones Gino Germani). Políglota.

Geraldina Dana

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