crece el monotributismo

Servicios tech, minicomercio y changas, detrás del crecimiento de la ocupación

Historias de ex empleados que tras ser despedidos armaron negocios por cuenta propia. Oportunidades, desafíos y cambio en los ingresos. 25|03|18

El Indec difundió datos de desempleo que muestran el mayor descenso en materia de desocupación desde 2002. Si bien la cifra es alentadora, emerge el debate por la calidad del empleo: según Ecolatina, un 60% de los puestos que se habían generado desde la llegada de Mauricio Macri correspondía a cuentapropistas.
Desde el Gobierno suelen fomentar el emprendedurismo, al punto que el ministro de Producción, Francisco Cabrera, llegó a declarar: “Queremos un país con 40 millones de emprendedores”.
Sin embargo, hay realidades diferentes. PERFIL entrevistó a un grupo de personas que perdieron su trabajo en relación de dependencia y se lanzaron por sus medios, y la suerte es bastante dispar, con una pérdida importante de ingresos en la mayoría de los casos.

Venta ambulante. Evangelina Cebollero tiene 38 años y hasta principios de este año trabajó en el Sistema Federal de Medios. Pese a tener un contrato anual, contaba con todos los beneficios del trabajo en blanco. El 2 de enero, Evangelina se enteró por teléfono de que se quedaba sin trabajo.
Al poco tiempo, empezó a hacer sándwiches, empanadas y ensaladas de frutas, que luego vende, en forma ambulante, por su barrio (Monserrat) y distintas zonas de la Ciudad. Sin embargo, Evangelina afirma que no es fácil la situación: “Gano mucho menos de lo que ganaba antes y encima la policía no te deja estar en tal lugar o en el otro. No dejan trabajar a los que queremos emprender”, se queja.

Emprendedor tech. Al momento de perder su empleo, Eduardo Rotbard tuvo como red un emprendimiento que venía desarrollando desde 2013. “Soy especialista en sistemas desde hace treinta años, y durante estas décadas tuve clientes importantes”, contextualiza Eduardo. “En 2002 empecé a trabajar para una empresa del rubro textil/calzados como responsable de un proyecto de sistemas. En 2012 mis jefes me propusieron una quita de horas en mi trabajo y ahí comencé, en paralelo, mi proyecto Integra Cómex, por medio del cual hago seguimiento automático de operaciones aduaneras”. Cuando a fines de 2017 la compañía para la que trabajaba en relación de dependencia decidió un achicamiento, empezó a dedicarse por completo a su proyecto. “Desarrollar un emprendimiento exitoso no es una pavada. Me llevó años”, añade Eduardo, de  55 años.

Electricista y cervecero. En julio de 2017, Jorge Draghi (61 años, vive en Bernal Oeste) fue despedido de un centro odontológico, en el cual trabajaba como jefe de mantenimiento.
Durante toda su vida, Jorge alternó su empleo asalariado con changas como electricista. Desde que fue despedido, a su oficio de toda la vida le agregó una veta gastronómica: “Utilicé parte de la indemnización para comprar equipos para hacer cerveza artesanal y me mantengo con eso y los trabajos de electricidad”. Sin embargo, aclara, los ingresos por la producción cervecera no alcanzan a los que tenía en su trabajo.
Jorge considera que la idea que expresó en su momento Esteban Bullrich respecto de que las personas que pierden su trabajo pueden poner su cervecería artesanal “es un disparate, los equipos no son para nada baratos”.

Carpintero. Guillermo Baya trabajó 12 años en Banco Itaú, hasta que fue despedido en diciembre de 2016. “Para fin de año los bancos suelen hacer reestructuraciones”, señala. Gracias a la indemnización, Guillermo logró comprar equipamiento y largarse como carpintero, su verdadera pasión. Si bien hoy le está yendo muy bien e, incluso, logró recuperar la inversión, advierte: “No es para cualquiera emprender algo”.

Emprendedurismo vs. salario. “Es interesante promover el emprendedurismo, porque está demostrado que esto mejora la economía. Pero la tasa de mortalidad de los emprendimientos sigue siendo alta, por lo que es riesgoso pretender que todo el mundo emprenda por emprender, sin asesoramiento”, explica Javier González Pedroza de la comunidad de “emprendedores por necesidad” Inicia.
Por su parte, el doctor en Sociología del Conicet Daniel Schteingart es crítico del megaemprendedurismo: “En países desarrollados la gente es asalariada en un 85%, cobra bien y tiene derechos laborales”. Como contraste, Schteingart advirtió: “En los súper subdesarrollados, la mayoría de la fuerza de trabajo es cuentapropista. Es bueno que se creen empresas, lo que no es bueno es que el cuentapropismo reemplace al trabajo en blanco”.n


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