la influencia de la desquiciada organizacion del futbol argentino

Culpables fuera del campo de juego

Hace ocho meses y medio, hicimos una tapa en el suplemento Deportes de PERFIL que generó polémicas y críticas. 22|06|18

Hace ocho meses y medio, hicimos una tapa en el suplemento Deportes de PERFIL que generó polémicas y críticas. Allí, antes del partido definitorio ante Ecuador que definía la clasificación para Rusia, planteamos que lo mejor era no ir al Mundial, como posible y doloroso disparador de un cambio de fondo en un fútbol argentino tan desquiciado como corrupto.

El 0-3 ante Croacia (como antes el tristonio empate con Islandia, la amistosa goleada vs. España o los 4 que nos metió Nigeria en otro amistoso) reactualiza esa portada, vitupereada por buena parte de la patria periodística deportiva que no quería perderse el viajecito a Moscú, por citar apenas los intereses económicos más nimios en torno al negocio del Mundial.

La culpa de esta mala actuación, porque los fracasos son otra cosa, no es sólo del bajón de Messi o del error grosero de Caballero, el arquero que sabía jugar con los pies. Es sobre todo de una organización penosa y vergonzosa del fútbol argentino, más allá de cambios de nombres superligueros. Donde reina la corrupción, la ausencia de transparencia y, como vinimos a descubrir hace poco, hasta una red de prostitución y abusos en las divisiones inferiores, una buena perfomance mundialista podría sugerir que todos estos problemas estructurales son una anécdota. El milagro de Brasil 2014 casi los logra tapar.

Desde aquel subcampeonato mundial, tres técnicos y chiquicientos mil jugadores diferentes no pudieron evitar lo inevitable, que la Selección sea un equipito más, del montón. Nigeria, al ganarle a una Islandia a la que la Argentina no pudo vencer, nos da una vida extra.

Sin embargo, que el equipo de Sampaoli logre el milagro de pasar de ronda el martes no debería taparnos el bosque, que está incendiado desde hace tiempo. Demasiado tiempo. Demasiado tiempo llevamos improvisando. Demasiado tiempo llevamos repitiendo errores. Demasiado tiempo llevamos simulando que somos lo que no somos. Demasiado tiempo llevamos encomendándonos a un líder salvador.

Al final, después de todo, apenas se trata de fútbol. No es tan grave, sino la triste realidad. Y sobre ella hay que trabajar de verdad para ser más serios, más normales. Una lección que definitivamente deberíamos incorporar los argentinos no solamente a la hora de patear una pelota.

*Jefe de Redacción de PERFIL.


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