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Filba 2020 - Entrevista

Alejandro Zambra: "Autoproclamarte poeta no basta para serlo"

El destacado autor forma parte de la delegación chilena que participa de la nueva edición del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, que finaliza el próximo sábado 24. 17 de octubre, 2020

Este año, Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) sorprendió con una novela cuya extensión triplica la cantidad de páginas de los libros por los que se reconoce su literatura, que ayudó a renovar las formas de leer (y de no leer, como diría él) y de escribir ficciones. A diferencia de Formas de volver a casa, Mis documentos y Facsímil, por nombrar tres títulos emblemáticos, en Poeta chileno (Anagrama) la voz narrativa cede su protagonismo a un elenco, mayoritariamente masculino, que va tomando la posta esquiva de la paternidad, real y figurada, a lo largo de varios años. Se puede decir que la narrativa y la poesía también son personajes de peso, tanto como Gonzalo y Vicente, en esta ficción ambientada en el nuevo siglo y en la ciudad natal del autor. “Quizás es raro, pero así le pasa con las novelas, con la narrativa en general: suele recordar frases aisladas o escenas puntuales y sobre todo atmósferas, de manera que si tuviera que hablar de esos libros sonaría tan tentativo e inseguro como si relatara un sueño”, cuenta el narrador cuando los dos protagonistas de la novela van a reencontrarse luego de varios años.  

Zambra forma parte de la delegación chilena que, a distancia segura por la pandemia, participará de la nueva edición del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires. Este lunes 19 a las 19, en el canal de YouTube del Filba, hablará sobre su trabajo como escritor y sus procesos creativos. Y de jueves a sábado, dará un taller de escritura cuyos cupos, desde luego, se agotaron pocas horas después de que se abriera la inscripción. No obstante, desde Ciudad de México, donde vive hace varios con su pareja y su hijo, promete que visitará la Argentina cuando la pandemia haya quedado atrás.

-Empecemos por la novela, ¿cuánto tiempo te llevó escribir Poeta chileno? Me sorprendió la extensión porque eras un autor de formas breves.
-La idea de esta novela nació, murió y resucitó muchas veces. Finalmente la escribí ya radicado en Ciudad de México y tardé más o menos dos años. Sobre la extensión, fui el primer sorprendido, no pensé que tendría más de cuatrocientas páginas. Lo siento. Era muchísimo más elegante publicar libros cortos. 

-¿Cómo se conjugan en la novela las formas de paternidad, las paternidades, y las poéticas?
-Gonzalo se enfrenta con la palabra padrastro y tiene que decidir si usarla o no, si dignificarla o inventar otra. Eso hacen los poetas, creo yo: luchar con cada palabra del poema, rehabilitar el lenguaje o reinventarlo. Partiendo por la palabra poeta, que parece llevar implícita una discusión. Parece que no puedes autoproclamarte poeta, ni siquiera basta con que escribas poemas, los demás tienen que llamarte poeta, reconocerte, aceptarte como tal. También la novela recupera un tiempo en que buscábamos padres en la poesía chilena. Un tiempo de leer poemas y sentirte apoyado, amparado y guiado por unos desconocidos que elegías como momentáneos padres adoptivos.

-Empezaste como autor de poesía pero fue la narrativa lo que te hizo popular entre los lectores. ¿Cómo interviene la poesía en tu escritura actual?
-Escribo malos poemas religiosamente y leo poemas buenos todos los días, y hay mañanas brumosas en que pienso, o pienso que pienso, que hay que escribir muchas novelas muy largas para llegar, alguna vez, a escribir diez versos que contengan verdadera poesía. Bueno, no sé, estoy exagerando, por supuesto. Este libro se alimenta paródicamente de la querella entre poetas y narradores, pero yo hace muchos años dejé de pensar la literatura en esos términos. Me interesaba, para esta novela-novela, el tradicional desprecio del poeta-poeta por las formas narrativas tradicionales, que es un desprecio falso, aunque a los veinte años me imaginaba que para escribir una novela había que pasar demasiadas horas sentado y me parecía que, por lo mismo, los novelistas debían ser antisociales y fomes. Entonces yo no habría querido leer una novela como esta. Y los personajes de mi novela por ningún motivo aceptarían leer mi novela.  

-¿Se extraña la vida en Santiago de Chile? ¿Y cómo viviste la pandemia en Ciudad de México? 
-Extraño mucho Santiago, pues, claro que sí. Mi plan era mexicanizarme sin deschilenizarme, pero ha sido posible solo por momentos, la mayoría del tiempo sigo sintiendo que todo sucede especialmente en Chile, sobre todo a partir del estallido de hace un año exacto. Todos los días hablo al menos una hora con algún amigo chileno, y a veces consigo la traicionera ilusión de estar allá. Tenemos un hijo de dos años y medio que lo ha pasado bien, porque la escuela no le gustaba nada y nos tiene todo el día a nosotros y a su abuela, que vive al lado. A veces nos peleamos los turnos para cuidarlo, porque las horas de juego son alegría pura. Cuando cuidas a tu hijo sabes muy bien lo que quieres: que lo pase bien, que sea feliz, que no se caiga. El resto del día, en cambio, frente al computador, suele ser parejamente angustioso. Pienso mucho en mi país, en mis padres y en mis amigos, en lo brutal que ha sido pasar del estallido y la esperanzadora ocupación masiva de las calles a lidiar con las mismas autoridades que fueron responsables de crímenes y en las que ya nadie confía. 

-¿Tu relación con escritores y lectores de la Argentina sigue siendo estrecha? ¿Qué harás en la nueva edición del Filba?
-Claro. Antes, en el tiempo de los aviones, iba mucho a Buenos Aires, y por supuesto que también extraño esos viajes. Todos los viajes pero en especial ese viaje breve y turbulento y hermoso de Santiago a Buenos Aires. En Filba este lunes estaré en un ciclo llamado “En proceso” y daré un taller que se llama “Pantalla compartida”, porque para mí lo único que funciona más o menos bien en Zoom es eso de compartir pantalla. Entonces eso haremos, durante tres días, compartir pantallas, discutir los textos mirándolos e improvisando teorías sobre el aire o sobre la respiración. 

-¿Qué relación tienes con el género de la entrevista? ¿Te encanta darlas como se lee en la nueva novela o leerlas?
-¡No! Con las entrevistas tengo una relación ambigua, porque me gusta mucho conversar, pero una entrevista es lo contrario de una conversación.  Además, al hablar de un libro propio siempre corres el riesgo de manosearlo, de agredirlo, de simplificarlo. Lo que no me gusta, en realidad, es el lugar de entrevistado, las tres o cuatro veces que fui entrevistador lo pasé muy bien. Y claro, como lector disfruto las entrevistas un montón, es un género muy rico. Las entrevistas que concedió Raúl Ruiz, por ejemplo, son geniales. Las recopilaron en un libro de Ediciones UDP que es una maravilla, lo subrayé casi entero. 

-¿Por qué en tus ficciones la familia es tan importante?
-Son cosas que me interesan en la vida y qué bueno que se note en lo que escribo. Me interesa ese territorio, esos enfrentamientos, los roces generacionales, las discusiones que ponen en duda los límites entre el adentro y el afuera. Cotejar nuestras ideas cambiantes sobre paternidad, sobre crianza, sobre comunidad, sobre masculinidad.  Nuestras ideas sobre la felicidad, sobre la identidad, sobre la ternura. Hay una escena muy secundaria en mi novela en que dos poetas discuten acerca de la palabra ternura: que si es una palabra fea o hermosa, que si puede salir o no en un poema. Me interesa mucho esa discusión, del mismo modo que me interesan todas las discusiones que dejamos de lado porque suenan a autoayuda, a estupidez, a asuntos ya largamente procesados y superados. Mi sensación general es que hay que entenderlo y discutirlo todo de nuevo.   

-En la novela hay dos protagonistas, dos poetas chilenos, ¿cuál es para ti el modelo del poeta chileno? Y si es un genérico, ¿qué atributos tiene el poeta chileno?
-Que cada quien decida, ¿no? Ahí verá el lector si el poeta chileno es solo uno de ellos, o los dos, o ninguno. 

-¿En qué trabajas actualmente?
-En una novela que empecé más o menos en el mismo tiempo en que surgió Poeta chileno y que ahora he podido retomar, y que no tiene absolutamente nada que ver con Poeta chileno. Voy en la mitad, aunque no sé si es la mitad de arriba o la mitad de abajo. También escribí un cuento y un par de crónicas. Y varios poemas sobre la paternidad y sobre Chile. 
-¿Cuál es la relación con tus colegas, los escritores contemporáneos? ¿Los lees y recomiendas?
-¡Claro que sí! Me lo paso leyendo manuscritos, hacemos mucho trueque, todo el tiempo.  

 

Daniel Gigena

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