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Nueva ronda de las narrativas desde el aislamiento

Esta nueva edición cuenta con textos de Ariana Harwicz, Dolores Reyes, Juan Diengo Incardona, Dani Umpi y Romina Paula. Pueden leerse de manera gratuita en la página del Centro Cultural Kirchner. Ver fotogalería 22 de mayo, 2020

Desde el viernes 15, comenzaron a publicarse los textos de la segunda ronda de los diarios del aislamiento en la página web del Centro Cultural Kirchner. Esta original iniciativa de producción de contenidos en medio de la pandemia se había iniciado a fines de marzo con la publicación, de viernes a martes, de escritos inéditos de Mariana Enriquez, Martín Kohan, Gabriela Cabezón Cámara, Camila Sosa Villada y Pedro Saborido. Cada uno de los autores convocados para la sección Pensamiento Ya dio a conocer un texto por semana, bajo las formas de entradas angustiadas o ansiosas de un diario, relatos humorísticos o emotivos en primera persona o reflexiones en tiempo real sobre la pandemia y sus estragos en la subjetividad individual y social.

De esta segunda ronda de “Diarios: narrativas desde el aislamiento” participan nombres tan atractivos como los anteriores. Ariana Harwicz, que escribe desde Francia (donde vive con su familia desde 2007), Juan Diego Incardona, Dolores Reyes, Romina Paula y Dani Umpi comparten una misma generación: los cinco nacieron en la década de 1970. Los veinte nuevos textos que se publicarán durante cuatro semanas se sumarán a los anteriores en una “antología pandémica” online. Por ahora se extrañan las voces de autores de las provincias y las de poetas, cronistas y ensayistas.

En la primera semana de esta segunda edición de las narrativas desde el aislamiento las expectativas literarias se mantienen altas. En su debut, Harwicz describe en “Blackblackblack” un árido paisaje emocional en territorio extranjero: “No tengo una sola moneda más. No es Afganistán ni Chernóbil, todavía no caen misiles, pero no tengo ni una sola moneda. Tampoco voy a salir a mendigar, ni para prostituirse hay. Nadie consume cuerpos, nadie ofrece sexo, nadie recuerda ya para qué servía meterse adentro de otro”. Esa sensación de abatimiento se inmiscuye en su relación de pareja. Ante sus reclamos por un llamado telefónico inoportuno de otra mujer, recibe por respuesta una frase audaz en tiempos de sororidad obligatoria: “Lo primero que quiere una mujer es destruir a otra mujer”. Habrá que ver cómo continúa este melodrama sin eufemismos ingeniado por la autora de Matate, amor.

En “Virusitos bebé”, de Juan Diego Incardona, el autor de Villa Celina y Rock barrial cuenta la paulatina entrada en el desasosiego que causa la cuarentena en el ánimo a la vez que arriesga una teoría sobre el nacimiento de los virus. Íntimo, lírico y también cómico, su “antidiario” hace lugar a imágenes de una rara sensibilidad. “En el techo más alto, un vestido de novia, agitado por el viento, se enrosca como una víbora en la soga y gotea manchas derramadas de aquel vals; escurre su matrimonio como un río hasta mis piernas —que jamás caminarán hasta el altar— el dulce de los postres convertido en agua negra”.

Dolores Reyes, la celebrada autora de Cometierra, ofrece un fresco del conurbano. “Enfermeras” se inicia con una escena familiar del aislamiento preventivo y obligatorio: “Estoy con seis hijos y seis gatos encerrada hace semanas en una casa al oeste del gran Buenos Aires. Al principio fue para nosotros un reencuentro, una oportunidad inédita de poder compartir un tiempo que nunca tenemos más que mutilado y con sus pedazos esparcidos como se puede, en el ritmo bestial que el trabajo y las escuelas nos impusieron siempre. Durante los primeros días tratamos de dejar a la muerte afuera y compartir. Pero a medida que la sentencia se alarga, se nos empieza a volver insoportable la falta de calle y de nuestra gente más querida”. Entre cortes de luz, presencias amenazantes, memorias del 2001 y las instantáneas del nacimiento de una de sus hijas, asistido por trabajadoras de la salud, el relato crea una atmósfera híbrida de calma e incertidumbre.

En “Ami y Rosie: el díptico de nada y todo”, Romina Paula “transmite” desde la casa de su madre (donde pasa la cuarentena con su hijo) la serie Alaska. Con el distanciamiento habitual de sus narraciones, la autora de Agosto se interroga sobre el contenido de las emisiones: “Ellos manejan bastantes conocimientos en general, no sé de dónde sacaron la información, pero la tienen; tampoco es que lean ni escriban tanto”. A continuación, aplica el mismo método con un programa sobre acumuladores compulsivos. Su díptico textual sobre dos tipos de fugas, protagonizados por mujeres, acentúa la vivencia de confinamiento y parálisis de estas largas semanas de 2020.

“La soga mística de Las Distintas” es el título de la primera entrega del uruguayo Dani Umpi. “Mis miedos fueron siempre los mismos: la locura y la indigencia”, se lee al comienzo de este monólogo interior de un gay, “el más viejo” de sus amigos, con miles de años pero así y todo un “dioso” que se protege en el búnker precario del depresivo (montado en un taller de Once) con la ayuda de Las Distintas. “El cambio puede que sea lo único estable, pero encerrado y en la cama es difícil hacer una cartografía de lo que viene, seguir un ritmo, más aún, inventar una nueva narrativa. Puede que el futuro ya tenga un nuevo orden narrativo, que ya haya comenzado hace tiempo y ahora simplemente se acelera. Puede que estemos en medio de un salto”, especula Umpi, mientras el orden narrativo impuesto por la pandemia establece sus protocolos. 

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Daniel Gigena

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