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Trump, el candidato del proletariado

El presidente norteamericano representa a una nueva política que no es ideológica y que rechaza al actual sistema. En su primer acto de campaña fue víctima de uno de los aspectos de esa novedad, el peso de las redes sociales. 28 de junio, 2020

En Estados Unidos el Presidente es nominado por un Colegio Electoral de 538 miembros elegidos de acuerdo a la legislación de cada estado de la Unión. Quien consigue un mínimo de 270 votos es el nuevo mandatario.

Maine y Nebraska usan un método que permite la representación de minorías. Quien gana en el estado tiene dos electores y el que triunfa en cada distrito electoral tiene uno. En los demás estados quien triunfa, aunque sea por un voto, se lleva todos los delegados.

Por eso se hace poca campaña en estados considerados seguros para uno de los partidos porque ha ganado reiteradamente las elecciones y su candidato encabeza las encuestas. Cuando  no se cumple con las dos condiciones, se lo cataloga como estado pendular, en el que cualquiera puede quedarse con todos los delegados.

Sorpresa. En 2016 Trump dio una sorpresa: triunfó en los estados industriales del norte que se catalogaban como seguros demócratas. Ganó en Michigan por 47.5 a 47.3, en Pennsylvania por 48.58% a 47. 86 % y en Wisconsin por 47.2 a 46.45. Esos pequeños porcentajes le proporcionaron 55 electores. Sin ellos los 304 electores que obtuvo Trump habrían sido 249  y si a los 227 de Clinton se sumaban los del norte, habrían completado 282. Hilary habría sido Presidente de la Unión.

Esperaba un millón de personas y en total llegaron 6300. Se desarmó una tarima en una plaza 

En Estados Unidos las encuestas sobre la intención de voto a nivel nacional producen confusiones porque lo que importa es el númnero de delegados. Los demócratas triunfaron ampliamente en los estados con más presencia de la élite intelectual: Nueva York (59/38),  Massachusetts (61/34), California (62/32), WDC (90/4), pero si las últimas actitudes de Trump agrandan la distancia a 90/1 no cambia el número de delegados. Pasa lo mismo con determinados grupos de electores. Trump obtuvo entre los afroamericanos un 8% de votos, frente a 88% de Hilary. Es posible que las movilizaciones por la muerte de Floyd le hayan debilitado entre los votantes liberales y le hayan fortalecido entre los racistas, pero para ganar las elecciones le conviene perder decenas de miles de votos en un estado decidido, si a cambio consigue unos pocos que le permitan  ganar en un estado pendular.

La propuesta de algunos de que se suprima la policía incrementó la votación de Trump. La inmensa mayoría puede ser crítica de los uniformados, pero si desaparecen teme ser víctima de  la delincuencia. Las consecuencias de estas movilizaciones dependerán de cómo reaccionen los electores delos estados pendulares.

Ideología. La nueva política no es una ideología. Es una forma de hacer política que emplean personas con distintas visiones del mundo que rechazan al actual sistema. Algunos de estos dirigentes creen en la ciencia y participan de la Revolución de la Inteligencia, otros son anacrónicos pero todos quieren que esto cambie.

En cuanto a ideas el Partido Demócrata reúne a los norteamericanos más progresistas. Curiosamente sus últimos candidatos han tenido una imagen anacrónica. Hilary parecía representante del establishment, con su traje sastre impecable, su esposo, sus actitudes de dama educada. Era difícil que atraiga a los votantes contestatarios de Sanders, que en esa campaña no estaba esterilizado por las ideologías y representaba a un liberalismo vinculado a Woosdtock.

En estas elecciones Biden es un político con un gran curriculum, que habla como persona formada. Como Clinton, su imagen no es la de alguien que quiere un cambio. No sería un personaje bien recibido en Silicon Valley. Si Bill Gates fuese el candidato demócrata podría voltear al electorado de los estados vacilantes.

Trump es un candidato antisistema que provoca fastidio entre los políticos formados y la gente educada. Fue presentador de un reality show que siguió actuando como tal en la campaña y en la Casa Blanca. Ultra nacionalista, es hijo de una inmigrante escocesa, un padre alemán, y está casado con una eslovena. Tiene un discurso xenófobo, antiinmigración, proteccionista en lo económico y contrario a las élites políticas de Washington. Cuando se postuló, muchos no le tomaron en serio, pensaron que hacía  publicidad de los productos de sus empresas.

Provocador. Provocaba la risa de las élites por su pelo estrafalario y sus comentarios desorbitados, pero comprendió la frustración y la rabia contenida de los obreros blancos afectados por la revolución tecnológica, la globalización y la inmigración.

Aprovechó sus temores, odios y prejuicios, usando un lenguaje racista que provoca el rechazo de la gente educada y de la mayoría los medios de comunicación. Con esto Trump provocó su reacción agresiva, al mismo tiempo que se fortaleció entre los obreros blancos.

Su cuenta de Twitter @realdonaldtrump irritó a los buenos ciudadanos que toman té en el Four Seasons con un discurso burlón, grosero y desafiante, pero era el “antipolítico” que querían oír millones de electores rechazan a la política. John Brabender, estratega republicano, dijo que Trump no pasaba la “prueba de la fiesta de coctel: en una reunión social, los republicanos educados de clase media les avergüenzan de decir que votarán por él.

Las redes pusieron el  poder en manos de personas que hacen lo que quieren

En plena campaña apareció el video de Access Hollywood de 2005 en el que Trump se ufanaba de manosear mujeres por ser una celebridad. Lo rechazaron importantes figuras del Grand Old Party como George Bush; Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes; Gary Herbert, gobernador de Utah. Trump dijo que había hecho los comentarios “con el objetivo de entretener”. Sus actitudes machistas y violentas le favorecieron en un sector y le debilitaron en otro. Sacó una mayoría abrumadora entre los hombres  (53/41) y fue derrotado entre las mujeres (42/54)

A propósito de este incidente algunos dijeron que Trump era un payaso, que sería aplastado por la maquinaria electoral de Hillary Clinton y pidieron que el Partido cambie de candidato. No pasó lo mismo con los obreros blancos, que expresaban a una clase media baja que quería un cambio, angustiada por la falta de progreso. Esa gente quería acabar con 8 años de gobierno demócrata y reemplazar a una clase política en la que no confiaban. Esos fueron muchos de los votantes de Trump, especialmente en los estados que le dieron el triunfo.

Los medios de comunicación más importantes del país se pusieron en su contra. Los 683 medios y programas más prestigiosos apoyaron a Hilary y solo 13 a Trump. La amenaza que lanzó  Trump en contra de CNN, el canal de televisión más respetado del continente, porque había publicado una encuesta fue otra acción, circense. Como todo autócrata, odia la libertad de prensa, pero con esas actitudes se posiciona como un personaje marginal del sistema.

Redes. Las redes sociales serán un factor decisivo en la política de los próximos años. Los políticos antiguos pensaban que los pueden usar  para manipular a la gente, pero eso es falso. Está muriendo la sociedad vertical en la que el maestro golpeaba a los alumnos, el marido a la mujer, y el político arengaba a masas obedientes. Los mitos de las feak news y Cambridge Analytics sirvieron para asustar a en la última campaña, pero tienen poco sentido. Hay tantos rusos expertos en elecciones como tuaregs especializados en osos polares.

La campaña de Trump se inauguró el sábado 20 de junio en el Centro del Banco de Oklahoma de Tulsa, que tiene 19.000 asientos. Trump tuiteó que “¡Casi un millón de personas solicitaron entradas para el mitin del sábado por la noche”, un funcionario local dijo que esperaban que decenas de miles desborden el local y se preparó un escenario para que les hable el candidato. En total llegaron en total 6.300 y se desarmó la tarima en una plaza desolada.

Las redes agigantan la libertad de la gente, pusieron el poder en manos de personas que hacen lo que quieren, sin obedecer a líderes u organizaciones. Miles de adolescentes usuarios de la Plataforma Tik Tok habían solicitado entradas para el evento, que engañó a la campaña. Esta es una plataforma para adolescentes que no interesó a los políticos.

Los adolescentes habían hecho un video que se viralizó, con el subtítulo: “bailando la macarena frente a mi confirmación de 2 boletos para el mitin de Trump, para que queden 2 asientos vacíos”. Cientos de miles de personas hicieron lo mismo vaciando el evento de manera virtual.

James Dennis, profesor de la Universidad de Portsmouth en el Reino Unido, autor de Beyond Slacktivism: Political Participation on Social Media, dijo a Newsweek que fue un buen ejemplo de cómo actos pequeños de activismo digital pueden impactar cuando se viralizan porque son fáciles de hacer, divertidos y contribuyen a una causa que sus autores consideran noble. Son las movilizaciones autoconvocadas de las que hemos hablado reiteradamente en esta columna.

Trump ha tenido problemas con las propias plataformas. Twitter censuró sus mensajes en varias ocasiones por considerarlos falsos o incitadores a la violencia.  Facebook tuvo la actitud opuesta. Mark Zuckerberg dijo que su plataforma no debe ser “árbitro de la verdad”. La polémica se armó por una frase de Trump “cuando comienza el saqueo, comienza el tiroteo”, que Twitter consideró que incitaba a la violencia pero Facebook permitió que permaneciera en la Red.

Son los debates de la política del futuro en la que los autoritarismos tendrán dificultades.

 

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.


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