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Trío Bolivia-Irán-Venezuela

11 de enero, 2020

En Indonesia decir “no” es de mala educación y hay doce palabras diferentes para decir “sí”, que en distinto grado representa lo opuesto. En Grecia el tradicional movimiento de la cabeza de arriba abajo no quiere decir “sí” sino “no”. Y al revés, el movimiento de la cabeza hacia los costados no quiere decir “no” sino “sí”. En el conflicto entre Estados Unidos e Irán queda por descubrir si dijeron “sí” o dijeron “no” a una guerra tanto Donald Trump en la última conferencia de prensa como los iraníes con los misiles que lanzaron sobre blancos norteamericanos en Irak en respuesta al asesinato del general Soleimani.

Guerras en años electorales son un clásico en Estados Unidos desde 1864, cuando Lincoln fue reelegido en medio de la Guerra Civil, pasando por Roosevelt, que fue el único reelecto por más de un término gracias a la Segunda Guerra Mundial. Y este año 2020 quien buscará su reelección es Donald Trump, mientras los demócratas tratan de herirlo políticamente con un impeachment.  

Las encuestas posteriores a los intercambios de agresiones entre Estados Unidos e Irán mostraron que los norteamericanos no reaccionaron con entusiasmo frente a la posibilidad de una nueva guerra, y Trump podría no tener en el siempre resbaladizo Medio Oriente el trofeo electoral que podría haber imaginado. Ya George Bush padre perdió frente a Clinton su reelección en 1992 a pesar de su aplastante triunfo en la Guerra del Golfo contra Irak. Desazón para Trump, quien se preparó para usar su poderío militar y en su último discurso en las Naciones Unidas en septiembre pasado le dijo al mundo: “El futuro no pertenece a los globalistas, sino a los patriotas”. (...) Hice una inversión récord para nuestro ejército: 700 mil millones de dólares este año y 716 mil millones el próximo año (cuatro Argentinas completas). Nuestro ejército será más poderoso que nunca”. Y mencionó expresamente a Irán y al tándem Venezuela/Cuba diciendo que no quiere “enemigos permanentes”.

Si finalmente en las calles de Teherán no se librara parte de la contienda electoral norteamericana, quizá como trofeo menor Trump podría apelar a las calles de Caracas. Para la mayoría de los norteamericanos el tema latinoamericano está reducido a la inmigración desde México mientras que, desde la caída de las Torres Gemelas, el peligro del terrorismo islámico atraviesa todo el país. Pero en el electoralmente estratégico estado de la Florida, donde la comunidad hispana puede hacer ganar o perder una elección, para el influyente anticastrismo Venezuela es una metonimia de Cuba y terminar con Maduro sería festejado como el comienzo del fin del régimen cubano.

El sistema electoral norteamericano permite que un candidato menos votado sea electo presidente porque quien lo proclama es la mayoría del Colegio Electoral, y un estado que se gana por un voto se puede llevar todos los electores. Florida aporta 29 miembros al Colegio Electoral, más que la suma de otros siete estados, y solo superada por California y Texas.

En el mismo discurso de Trump en Naciones Unidas citando a James Monroe, el presidente norteamericano que en 1823 dictaminó “América para los americanos”, agregó: “Es política formal de nuestro país desde el presidente Monroe que rechacemos la interferencia de naciones extranjeras en este hemisferio y en nuestros propios asuntos. Aquí, en el hemisferio occidental, estamos comprometidos a mantener nuestra independencia de la invasión de las potencias extranjeras expansionistas”.

Otro premio electoral para Trump –aunque menor que Venezuela– sería que Evo Morales y su partido perdieran las elecciones de mayo próximo en Bolivia. Desproporcionadamente ven a Evo Morales como un terrorista asesino y confunden Irán-Venezuela/Cuba con Bolivia en otra metonimia que hace perder cualquier tono de grises, por el solo hecho de que Evo Morales rechazó el pedido norteamericano de no tener vínculos con Irán, lo mismo que Chávez y la última Cristina Kirchner. Pero sobre Evo Morales se agregan otros prejuicios por haber dirigido una de las seis federaciones sindicales de productores de coca que los pueblos andinos cultivan hace ocho mil años con usos muy diversos al del clorhidrato de cocaína, recién sintetizado en 1855 en Europa.

Pero con esa simplificación metonímica de los norteamericanos, Evo Morales puede ser un espejo tanto de Pablo Escobar como de Alí Jamenei, el líder supremo de Irán desde que sucedió al ayatolá Jomeini, en 1989. El mejor ejemplo de la desproporcionada importancia que le asignan a Evo Morales fue que, siendo presidente, en 2013 obligaron a que su avión presidencial que volvía de Rusia descendiera en un aeropuerto europeo para confirmar que no llevara a bordo a Edward Snowden, con orden de captura de los Estados Unidos.

Las elecciones en Bolivia serán el 3 de mayo y las de Estados Unidos el 3 de noviembre. Hasta mayo las presiones de Estados Unidos sobre Alberto Fernández para que eche a Evo Morales o le dificulte su acción proselitista serán enormes porque coincide con los mismos meses en que Argentina renegocia con el Fondo Monetario Internacional su deuda, y sería muy difícil llegar a un acuerdo sin el voto de Estados Unidos en el organismo.

Trump no cree en la diplomacia, cree en la fuerza de las armas y la del dinero. Con Irán utiliza tanto sanciones económicas como militares, en Venezuela también podría llegar a usar ambas, con Bolivia vía Argentina le alcanza con la economía. Mucha cintura precisarán Felipe Solá y el futuro embajador Jorge Argüello.

 

Continúa con El dilema de Evo Morales para Alberto: (https://bit.ly/3a6jQ6a).


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