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Defensora de Género

¿Te ayudo? ¿Me ocupo? Dos modelos de masculinidad

15 de noviembre, 2020

En estos días vimos la campaña #YoMeOcupo elaborada por la consultora Bridge the Gap, por encargo del proyecto Spotlight de prevención y eliminación de la violencia contra las mujeres y especialmente el femicidio, realizada con el apoyo de la UE y ONU. El corto muestra como es habitual según nuestras pautas culturales, la conducta de los varones frente a las tareas de cuidado no remunerado: la conducta de cuatro hombres que, ante sus esposas o compañeras, tienen distintas reacciones frente a la situación de sobrecarga de tareas domésticas y de cuidados, en especial se muestran las de cuidado de los hijos; reaccionan en forma similar. Ellos expresan en forma diferente lo mismo, desde el que dice: “Pero no me pediste”, o el que dice: “Pero yo te ayudo. Hago las compras”; hasta que al regresar del trabajo ambos cansados pregunta: “¿Hoy qué comemos?”.  

El domingo en la nota de Valli sobre esta campaña refiere que quiere mostrar, no solo la sobrecarga física que las actividades de cuidados provocan en las mujeres, sino también la carga psicológica y mental que ellas implican. En ese sentido, los estudios de uso del tiempo realizados muestran que las mujeres en promedio utilizan dos o más horas diarias que los hombres a las tareas domésticas y otros cuidados, tiempo que en general los hombres usan para actividades deportivas, recreativas y/ o sociales. La campaña apunta a movilizar una masculinidad que comparta y asuma tareas y no que ayude a la titular de hacerlas: la mujer. Hablamos de hombres que compartan la responsabilidad de las tareas domésticas y también de cuidado de hijos, enfermos, ancianos y/o personas con discapacidades. Una masculinidad que entienda que ser responsables de esas tareas no menoscaba su virilidad, por el contrario, reconoce la igualdad de unos y otras, sin privilegios ni desigualdades.

El domingo en 50/50, Valli entrevistó a Iris Pizzarini del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades, encargada de elaborar junto a una comisión, un proyecto de ley creando un sistema federal de cuidados. Esto responde a la demanda de que el Estado enfrente esta necesidad básica de las personas, especialmente las mujeres. Debe abarcar desde centros infantiles de cuidado de la niñez hasta los específicos para el cuidado de adultos mayores, personas con capacidades diferentes y enfermos incluidos los mentales. Tareas que, si no existen apoyos accesibles a toda la población, solo las cubren quienes las puedan pagar en privado, y que son básicas para que mujeres y hombres desarrollen sus actividades laborales y profesionales sin sobrecargar a las mujeres y limitarlas como ocurre actualmente. Esto permitirá que las mujeres accedan a igual salario y valoración laboral, disminuyendo la brecha laboral porque limita su desempeño que se expresa en el salario, pero se basa en esas limitantes que las condicionan. Esas diferencias son las que tenemos que modificar. No lograremos mejorar la condición económica de las mujeres si no modificamos esto. Las tareas domésticas requieren un cambio cultural, ya que dependen de la conducta de los integrantes del hogar, cualquiera sea la estructura familiar. Cuando logremos que hombres o mujeres dentro del hogar se ocupen por igual de limpiar los baños, planchar, programar las compras para cubrir las necesidades alimentarias, sociales, educacionales, laborales y culturales, lo habremos alcanzado. Si hombres y mujeres son responsables indistintamente de programar y preparar las comidas, los varones no dirán más: ¿Hoy qué comemos?

Necesitamos una masculinidad que no se siente ni sea menoscabada por pedir licencia para cuidar a su hijo o hija enferma o discapacitada/o, como ocurre en general ahora. Las leyes van a ayudar, pero no alcanzan como lo dijimos muchas veces, por eso necesitamos un cambio cultural que se logrará cuando en la escuela se enseñe esa igualdad, los medios de comunicación desde los programas a las publicidades tengan ese enfoque y en todos los aspectos la sociedad sea más igualitaria. Para eso se necesitan cambios promovidos activamente. Así, las campañas y los cambios en el enfoque de los docentes desde la maestra jardinera hasta los profesores secundarios y terciarios, y los medios de comunicación son indispensables. Esas políticas proactivas deben ser implementadas sin dilaciones para acompañar la ley, si no, ésta será un agregado positivo, pero no logrará realmente el cambio necesario o demandará mucho más tiempo. Es una forma de responder a lo que el Covid desnudó, la discriminación de mujeres y niñas y para eso no hay vacuna. Se precisan políticas específicas y de aplicación de largo alcance. Es triste ver cómo la vacuna está ocupando mayoritariamente el interés del Gobierno y la sociedad, y no estos temas, que son los que necesitamos para que tenga sentido el sacrificio y dolor que causó, causa y seguirá causando la pandemia.


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