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Sabelo 1: existe una solución para la economía

7 de diciembre, 2019

La economía no tendría que ser el problema más difícil de resolver entre los que deberá enfrentar Alberto Fernández durante su presidencia si tomara una medida fundacional y no imitara el gradualismo de Mauricio Macri. Como se explicó en esta columna el domingo pasado, el ajuste ya lo hizo Macri, hay superávit comercial, casi equilibrio fiscal (-0,5%) y el déficit cuasifiscal en pesos (los intereses por las Leliq) se soluciona con la misma medida que se precisa aplicar para que la economía vuelva a crecer sostenidamente: reducir drásticamente la inflación con un plan antiinflacionario de shock como –por ejemplo– el Plan Real en Brasil, que bajó la inflación del 300% anual a un dígito en pocos meses y durante las últimas dos décadas la mantuvo con un promedio anual de solo el 6,4%. Con una inflación de un dígito, la tasa de interés también lo sería (hoy en Brasil hay 4% de inflación anual y la tasa de interés es 6%), y al bajar drásticamente la tasa de interés, la deuda en pesos del Estado –el déficit cuasifiscal en pesos– también se reduciría.

Macri puede ser para Alberto Fernández el Remes Lenicov de Lavagna o el Erman González de Cavallo

n esta misma columna, el domingo pasado se expuso que, al ser la inflación un impuesto, ni el kirchnerismo ni el macrismo buscaron erradicarla porque les aumentaría más el déficit fiscal. Y que al estar indexado por ley alrededor del 60% del gasto público (previsional y planes sociales), se corrige automáticamente en función de la inflación del semestre anterior. De frenarse la inflación a cero (como ejercicio teórico), la recaudación de impuestos seguiría siendo la misma mientras que el gasto público aumentaría el porcentaje de la inflación pasada. Ese brusco frenazo le podría costar al Estado alrededor del 2,5% del producto bruto, algo difícil de absorber cuando se tenía 5% de déficit como en el último gobierno de Cristina Kirchner, pero posible ahora que Macri lo redujo al 0,5%. Con un déficit fiscal primario del 3% (el 0,5% actual sumado al 2,5% por indexar el gasto público, pero no la recaudación) todavía se estaría dentro de los parámetros máximos que exigía la Unión Europea para los países del euro: no más del 3% de déficit fiscal, con la posibilidad de ir reduciéndolo por aumento de la recaudación ante el crecimiento económico que produciría volver a tener moneda.

Reducir drásticamente la inflación es equivalente a bajar drásticamente los impuestos para reactivar la economía, con la ventaja de ser la inflación el impuesto más distorsivo de todos. No hay mejor plan económico para cualquier gobierno que acabar con una alta inflación. Y no hay mejor forma de “ponerle dinero en el bolsillo a la gente” que eliminar la inflación.

Se podría decir que, así como Macri disimuló la mala situación de la macroeconomía argentina en diciembre de 2015 para no generar desconfianza, también con fines políticos Alberto Fernández exagera la mala situación de la macroeconomía argentina (la microeconomía sí es lamentable) para ganar confianza cuando se comience a crecer: de hecho, en octubre hubo crecimiento de ventas en el comercio. Cada uno sobreactuó lo que creyó necesitar.

Hasta el economista más respetado entre sus colegas, el ultraortodoxo Ricardo Arriazu, quien habitualmente es pesimista, declaró esta semana en un simposio organizado por el diario La Nación que: “Están dadas las condiciones para un programa económico espectacular”, y agregó: “Son básicamente las mismas condiciones que tuvo Lavagna después de Remes Lenicov y las de Cavallo después de Erman González”.

Y la economista Marina Dal Poggetto, directora de la Consultora EcoGo, entrevistada por Marcelo Longobardi en su programa de Radio Mitre, dijo: “El ajuste nunca es por las buenas, generalmente es por las malas. En 2015 Cristina había dejado una economía que no había ajustado, con desequilibrio externo y fiscal, y una distorsión enorme de precios relativos. Poca deuda, pero pocas reservas en el Banco Central. Después del endeudamiento que hubo, hoy hay deuda bastante más alta, pero un déficit externo que vuelve al equilibrio y una corrección fiscal que se acerca a un punto, pero con dos peros, uno es que la carga de intereses de la deuda es más alta y el segundo punto es que ese ajuste fiscal nunca termina a menos que se rompa la indexación del gasto o a menos que se vaya a tasas de inflación (siempre) más altas. Y tasas de inflación más altas hacen incompatible el crecimiento. Si no se estabiliza es difícil crecer. Hay que desindexar la economía, fundamentalmente el gasto público. El plan de estabilización tiene que incluir un acuerdo político de precios y salarios. Hay cuatro precios que tienen que estar enmarcados dentro del acuerdo político, pero no son solamente fijados por la política. Uno son las jubilaciones, dos son las tarifas, el tercer precio es el dólar. Y el último precio es la tasa de interés, que tiene que estar en línea con esa dinámica inflacionaria a la cual se va. Coincido con Fontevecchia con que están dadas las condiciones para ese plan económico”, refiriéndose a la columna del domingo 1º en la contratapa de PERFIL.

El discurso de despedida de Macri por cadena oficial irritó a algunos al referirse a temas económicos. Su acumulación de errores nada tiene que ver con una ideología, ni con valores, ni con escuelas económicas, ni solamente por falta de mayorías. Hubo reiteradamente mala praxis. Cuando cambió el sistema de indexación jubilatoria, en diciembre de 2017, buscando reducir el gasto público, terminó aumentándolo al eliminar el tope y cambiar ajuste por inflación en lugar de por crecimiento. Lo mismo en 2016, cuando en lugar de reducir los desequilibrios fiscales los aumentó.

En su cadena nacional, cuando Macri se refirió a la libertad de prensa, colocó imágenes de los reportajes que concedió a distintos periodistas, y entre ellas, la del reportaje que en marzo de 2016 yo le realicé en la quinta de Olivos. Pero vale la pena ver de nuevo los primeros nueve minutos de ese reportaje sobre su plan económico, donde comienzo preguntándole si tiene un plan B por si no llegaran las inversiones que esperaba y continúo con preguntas sobre las inconsistencias de su plan económico y sus previsiones equivocadas sobre la inflación. Eso fue a los cien días de comenzar su gobierno y contrasta con su cadena nacional de despedida aunque en algo sigue siendo igual: la sobreestimación de sus acciones (ver “Entrevista a Macri 2016: ¿Hay un plan B?”).

No es la deuda y su reprogramación lo más importante, sin parar la inflación no habrá crecimiento

Lo que Macri no entendió, y es de esperar que Alberto Fernández sí, es que las inversiones vendrán cuando haya moneda y estabilidad macroeconómica, nadie viene a un país con una inflación del 40% (en 2016) o el 50% (en 2019). Con casi la mitad de la capacidad instalada ociosa y el 20% de la población entre desocupada y/o cobrando planes, lo que primero hay que poner en marcha es el capital ya invertido para que luego lleguen las inversiones y se retroalimente el círculo virtuoso.

Primero lo primero: terminar con la inflación. Renegociar la deuda externa es paralelo y ayudará tener una economía creciendo.

 

Continúa este domingo: “Sabelo 2: atacar a la Justicia  atacará a los medios”.


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