argentina y el g20

Realismo y geopolítica

Más allá de las tensiones geopolíticas existentes entre países miembros del grupo, la diplomacia argentina debe capitalizar el alto valor simbólico de esta cumbre de líderes. 15|04|18

El G20 debe ser visualizado como un foro de cooperación para asegurar que el mundo siga funcionando del mejor modo posible, a pesar de las rivalidades existentes entre potencias establecidas –como los EE.UU. y Europa–, y potencias emergentes en lo económico –como China y Rusia–. Pero ocurre que se han producido algunos eventos que han reavivado importantes tensiones geopolíticas, que pueden impactar el funcionamiento del G20 en Argentina.
Estos eventos vuelven a evidenciar dos tendencias en pugna en las relaciones internacionales: la doctrina liberal y la doctrina realista. El orden liberal es el que, aun con imperfecciones, ha reinado luego de la Segunda Guerra Mundial. Se basa en la cooperación internacional, en reglas, en acuerdos, y en instituciones que tienden a reconocer que solo no se puede lograr un orden global. El G20 encarna este enfoque, más allá de ser un foro informal y de actuar con una dinámica de directorio.
Por otro lado, está resurgiendo en algunos países una diplomacia más realista, en la que los Estados y la geopolítica toman un rol protagónico. En esta doctrina se afirma lo escrito por el historiador griego Tucídides respecto a la posición de los atenienses frente a los habitantes de la isla de Milos, durante la Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.). Los poderosos atenienses afirmaban que, en el mundo de los hombres, los argumentos de justicia solo tienen relevancia en la medida en que los adversarios dispongan de equivalentes medios de poder. Agregando que, si tal no es el caso, los más poderosos sacarán el máximo provecho posible de su poder, mientras que los más débiles deberán inclinarse.
Hoy se ven indicios de una vuelta a la la ley del más fuerte como también a una diplomacia de equilibrio pluripolar entre Estados, que según Raymond Aron ignora y debe ignorar los sentimientos, y donde no hay amigos ni enemigos. A causa de sus características egoístas, Aron afirmaba que la diplomacia llamada realista, que implica un sistema de equilibrio pluripolar, no está a la altura de las exigencias más elevadas de los filósofos
Un indicio del retorno de una tendencia realista se evidencia en la nueva estrategia de seguridad nacional de los EE.UU., presentada en diciembre de 2017. Entre los objetivos presentados se menciona el promover un equilibrio de poder que favorezca a los EE.UU., sus aliados y sus socios. Luego de afirmar que un factor central en la historia es la lucha por el poder, presenta a China y Rusia como las amenazas más importantes a nivel de Estado, llegando a referirse a estos dos miembros del G20 como “potencias revisionistas” del orden global. Ante estos desafíos geopolíticos, afirma que hay que mantener equilibrios favorables de poder regionales, evitando cambios que perjudiquen los intereses de los EE.UU., particularmente en Asia y Europa.
Así, el mantener un equilibrio regional en el Indo-Pacífico parece ser la primera prioridad para los EE.UU.
Las disputas más evidentes se presentan en el Mar del Sur de China, donde curiosamente tanto los EE.UU. como China justifican sus acciones con el objetivo de asegurar su libre navegación. El crecimiento del poderío militar chino preocupa a los EE.UU., que asume que los proyectos internacionales de infraestructura chinos y sus estrategias comerciales refuerzan sus aspiraciones geopolíticas.
China no oculta su aspiración de ser la principal potencia en Asia, pero afirma que por ahora, como dijo Kissinger, el desarrollo es el principio absoluto.
 En este contexto, EE.UU. ve con buenos ojos la emergencia de India como una potencia global, y apuesta a la cooperación cuadrilateral con Japón, Australia e India –todos Estados miembros del G20– para defender sus intereses en Asia.
Un segundo equilibrio regional que los EE.UU. están dispuestos a mantener es el europeo. Consideran que Rusia ha actuado en forma agresiva en Ucrania y Georgia, desconociendo la soberanía de estos países. Frente a esto, pretenden que sus socios europeos en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con cinco miembros del G20, inviertan más en capacidades militares para enfrentar a Rusia.
A su vez, han invocado el principio de la defensa colectiva del artículo 5º del tratado, lo que se reflejó en la expulsión de diplomátios rusos, luego del atentado al ex espía ruso Sergei Skripal en suelo del Reino Unido, miembro del G20. Por otro lado, Moscú no oculta su pretensión de ser la primera potencia militar de Eurasia, y mantiene que sus acciones en Georgia y Ucrania –que considera dentro de su esfera de influencia– han sido reacciones defensivas frente a la pretendida expansión de la OTAN a estos países.  
Más allá de las tensiones geopolítcas existentes entre países miembros del G20, la diplomacia argentina debe capitalizar el alto valor simbólico de esta cumbre de líderes, asegurando que todos viajen a Buenos Aires. Nuestra diplomacia deberá, a su vez, estar preparada para cuando las disrupciones en lo geopolítico se traduzcan en disrupciones en la agenda, ante lo cual deberá demostrar flexibilidad e imaginación. Es probable que, en el contexto internacional actual, las reuniones bilaterales tomen una importancia inusual, con momentos de alta tensión, lo que deberá ser tenido en cuenta con antelación.
En este contexto, la Argentina debe intentar jugar el rol de honesto componedor entre las diferentes potencias establecidas y emergentes, aprovechando que no tiene disputas mayores con ellas. Además, a diferencia de Viena y Yalta, las potencias se encontrarán en terreno neutral. Este esfuerzo está en línea con la implementación de una estrategia de horizontes diversos, o sea el mantener relaciones positivas y simultáneas con las potencias establecidas, las emergentes y el exterior próximo.
La Argentina tendrá, además, la oportunidad de profundizar vínculos con aquellos países que no están demasiado involucrados en los enfrentamientos geopolíticos existentes y que tienen un pensamiento afín. Esto reforzará la idea de que Argentina debe mantenerse lo más lejos posible de las disputas geopolíticas a nivel mundial.n

*Autor de Buscando consensos al fin del mundo: hacia una política exterior argentina con consensos (2015-2027).


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