enemigos

Perro que ladra y muerde

Una querida amiga me pregunta desde Brasil si no habremos tensado demasiado la cuerda como para provocar una reacción tan enérgica de la derecha fascista como la que estamos viviendo. 3|11|18

Una querida amiga me pregunta desde Brasil si no habremos tensado demasiado la cuerda como para provocar una reacción tan enérgica de la derecha fascista como la que estamos viviendo: la Liga italiana gobernando la península, el neonazismo creciendo en cada elección alemana, Bolsonaro con su coordinador de educación, el General Aléssio Ribeiro Souto, reivindicando la dictadura y las disparatadas posiciones creacionistas.

La pregunta me sorprende en su cautela. Por cierto, le contesto que no. Nuestras reivindicaciones son las que enarboló el siglo XX en sus comienzos, con sus experimentos comunitarios, sus combates en contra de la discriminación de las minorías sexuales y su apuesta a un mundo más justo, menos ceñido a la luz cegadora de la Ilustración que, cuando se vuelve mito, habilita al fascismo más desinhibido (como bien demostraron Adorno y Horkheimer en su momento).

Hicieron falta dos guerras para que esos experimentos, esas propuestas y esas reivindicaciones fueran silenciadas. Pero volvieron. Y cuando volvieron, en la década del 60 y, sobre todo, después del 68, se instalaron con la misma fuerza.

Parece mentira que haya que volver a luchar contra los mismos ideólogos del Mal

Cincuenta años después, es tanto lo que se ha conseguido, que parece mentira. Y parece mentira que haya que volver a luchar contra los mismos ideólogos del Mal, que enarbolan la ciencia para salir a matar disidentes sexuales, mujeres, negros, migrantes y que amenazan: “con mis hijos no te metas”.

Sencillamente vivimos en un contexto de guerra muy diferente de las de la primera mitad del siglo XX, pero que pretende lo mismo

No hemos tensado demasiado la cuerda del perro rabioso (la hemos dejado floja alrededor de su cuello). Sencillamente vivimos en un contexto de guerra muy diferente de las de la primera mitad del siglo XX, pero que pretende lo mismo.

Ahora nos amparan algunas leyes, pero eso no debería engañarnos: cuando ya se ha quebrado el propio hogar, los enemigos siguen estando, cada vez más desembozados y más dispuestos a tomar el poder en momentos de desesperación económica.



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