opinion

'Periodismo de guerra'

Que un libro sea partero de un debate y una imagen de conciliación entre los principales periodistas de todas las tendencias es también una demostración de la capacidad transformadora de la palabra y de la vigencia que mantiene Gutemberg en el siglo XXI. 24|11|18

Vinieron prácticamente todos los entrevistados del libro Periodismo y verdad que estaban en la Ciudad pero hubo dos ausencias que, por simbólicas, estuvieron muy presentes: las de Horacio Verbitsky y Claudio Escribano. Cada uno con su estilo: Horacio diciendo hasta el día anterior que trataría de llegar y Claudio avisando anticipadamente que no iría. Los que estaban de viaje enviaron su adhesión al Cabildo Abierto de Periodistas y por Julio Blanck vino su viuda, la también reconocida periodista Silvana Boschi. La asistencia casi perfecta de periodistas y editores de tendencias tan contrapuestas es una buena señal de superación del “periodismo de guerra” que nos aquejó durante el cristinismo. Al igual que las dos inasistencias, que en su coincidencia se transformaron en mensaje, hayan sido de quienes fueron principales protagonistas de la grieta anterior, la de los años 70, no la del “periodismo de guerra” último sino el de la violencia mortal de verdad. Y que el entrevistado que no haya podido asistir por estar preso fuera el conductor del conjunto más relevante de medios militantes, Fabián De Sousa.

El Cabildo Abierto de Periodistas volvió a juntar a colegas de todas las tendencias, como antes del 2003

La convocatoria tenía dos objetivos. Primero, hacer una foto simbólica de todos juntos en el histórico balcón del Cabildo, el del nacimiento de la Patria y del primer periodista, Mariano Moreno, pero también el del nacimiento de la democracia definitiva porque ese balcón fue elegido por Alfonsín para hablarle al pueblo reunido en la Plaza de Mayo el primer día sin dictadura. Y el segundo objetivo era, como testimonio de concordia, generar un verdadero cabildo abierto de periodistas donde pudiéramos debatir entre todos, aceptar críticas y salir menos cargados de pesares.

En ese contexto tan constructivo, Robert Cox, mítico director del diario Buenos Aires Herald durante la dictadura, pudo criticar al diario La Nación por no haber publicado informaciones sobre los desaparecidos durante la dictadura y al mismo tiempo luego todos aplaudir a La Nación cuando expuso Diego Cabot sobre el Cuadernogate. Vale aclarar que es una responsabilidad que cabe casi a todos porque, además del Herald, el único otro medio que publicó informaciones sobre los desaparecidos cuando se producían fue el diario La Prensa.

Pudo la autora intelectual de la Ley de Medios, Graciana Peñafort, hablar todo el tiempo que quiso y criticar a Clarín por no haber publicado una retractación sobre la cuenta en el exterior de Máximo Kirchner, que finalmente no existió, y en el mismo evento que se aplaudiera al conductor de redacción de Clarín entre 1991 y 2003, Roberto Guareschi, contando cuando un diario argentino se transformó en el de mayor venta en lengua española, con más de un millón de ejemplares los domingos.

Hubo espacio para que el cofundador de Página/12 y editor responsable del diario desde su nacimiento hasta 2015, Fernando Sokolowicz, contara su visión del periodismo, al igual que el artífice de Ambito Financiero, Roberto García, de ideología opuesta. O para que Beatriz Sarlo revelara que no se animó a ser periodista cuando Jacobo Timerman se lo ofreció, en 1984, y que la creadora de los programas de televisión Animales sueltos e Intratables defendiera la “emocionalización” del periodismo como herramienta para hacer llegar temas complejos de manera más accesible al público masivo no consumidor de política.

Como también para la cuestión de género, con María O’Donnell llamando la atención sobre que el libro Periodismo y verdad solo pudo registrar dos conductoras de redacciones mujeres. Otro momento de aplausos fue cuando Santo Biasatti recordó a José Luis Cabezas y elogió a Héctor D’Amico, allí presente.

Asistieron también varios periodistas no entrevistados en el libro, como se detalla en la nota, y otros enviaron adhesiones pero dos de ellos pidieron que se hiciera expresa mención de que hubieran querido estar presentes: Gustavo Silvestre, de C5N, y Santiago O’Donnell, de Página/12.

Que un libro sea partero de un debate y una imagen de conciliación entre los principales periodistas de todas las tendencias es también una demostración de la capacidad transformadora de la palabra y de la vigencia que mantiene Gutemberg en el siglo XXI.

Luego de las exposiciones, durante el cóctel, y quizá porque resonaban las palabras de Alfonsín en el Cabildo, Andrew Graham Yooll contó cómo el ex presidente le agradeció que su testimonio hubiera sido clave para poder condenar al jefe de Montoneros, Mario Firmenich, a treinta años de prisión por homicidios y secuestros (Menem lo indultó en 1990 y desde 1996 vive en España), dándoles legitimidad transideológica a las condenas a los ex comandantes de la dictadura.

También en las evaluaciones posteriores, Alberto Amato, actualmente periodista de Clarín pero en 1985 uno de los conductores del Diario del Juicio, el periódico de Editorial Perfil que hizo el registro completo del juicio a la dictadura, sintetizó la discusión sobre la objetividad desde una perspectiva moral, superadora de la epistémica y filosófica. Para Amato, el error es ver la objetividad “como un resultado y no como lo que es: una conducta”.

"El error es ver la objetividad como un resultado y no como lo que es: una conducta."

La conducta a la que se refiere Amato se manifiesta en la búsqueda de darles a ambas partes en conflicto un tratamiento equivalente y una ponderación proporcional, siendo honestos intelectualmente al esforzarnos en no caer en la cómoda posición de ver el mundo solo en función de las propias simpatías o de las preferencias de nuestra audiencia. Conducta que sí se tuvo en este Cabildo Abierto de Periodistas.


seguir leyendo

Lo más visto