FINAL HISTÓRICA

Macri y los visitantes: ¿capricho rockstar o idea de Peña?

El presidente puede desear, porque es humano, y porque es hincha, que los Boca-River más importantes en lo que va del siglo se jueguen con público visitante. Pero ese deseo no puede transformarse en una acción política - a menos, claro, que existan razones políticas de peso para hacerlo. 3|11|18

¿Hay que consentir a un presidente? Digamos que son las tres de la mañana en la quinta de Olivos, y el hombre (o la mujer) que dirige nuestros destinos se levanta, insomne, enfundado en su robe de chambre. Tiene antojo de comer algo en particular, una bandeja de sushi o una pizza de ananá. Digamos que el cocinero de guardia de Olivos se lo prepara, y el presidente logra conciliar el sueño.

No sé si esto será exactamente así. En general, nos imaginamos que puede ser así, y no estaría mal que se le concedan ciertos caprichos de rockstar a una persona que tiene tales responsabilidades y presiones. Al menos, si es que esos lujos privados lo ayudan a mantener el bienestar y la cordura ante la tarea que tiene delante.

Lo que no parece aceptable, en cambio, es que caprichos de ese tipo se quieran materializar en el ámbito público, arrastrando al país con ellos. El presidente puede desear, porque es humano, y porque es hincha, que los Boca-River más importantes en lo que va del siglo se jueguen con público visitante. Pero ese deseo no puede transformarse en una acción política - a menos, claro, que existan razones de peso para hacerlo.

Sería injusto decir que se trata de un capricho absoluto. Parece, más bien, una de esas ideas brillantes germinadas en el think thank del equipo de campaña comandado por Marcos Peña y equipo. Una manera de apuntalar la popularidad del presidente que, según algunos analistas habría detenido su caída y estaría en condiciones de comenzar nuevamente la difícil cuesta y poco a poco estaría volviendo a crecer. En un tuit que suena ya como eslogan de campaña, el presidente dijo que esta es “una oportunidad de demostrar madurez y que estamos cambiando”.

El fútbol es política, y nadie lo sabe mejor que Macri, que empezó en Boca Juniors su carrera a la presidencia. Sin embargo, esta decisión lo llevó a tener rispideces con el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que afirmó que jugar con visitantes sería imposible, pero luego tuvo que acatar la voluntad del presidente. Se sabe que emplear los cerca de 2500 operativos que harían falta, en ambos partidos, implicaría desproteger ciertos barrios de la capital.

Hay muchos hinchas de Boca y River que sufren privaciones y que, más allá de un partido por la gloria, deben seguir viviendo y buscar trabajo o conservar el que tienen. Hay noticias que inquietan: los aumentos de 40% para camioneros y judiciales, 45% para sanidad; los combustibles, que suben si el dólar sube pero también si baja; el alza de productos básicos (el pan, la leche y la carne tuvieron un alza del 71%, según FADA).

Mientras tanto, las Pymes están en alerta, porque se está quebrando la cadena de pago, y los bancos cortaron los descubiertos de un día para el otro. Los problemas no se resuelven, sino que apenas hay pequeños sectores a los que les va mejor, como las empresas de servicios públicos, que ahora que dan superávit no reinvierten sino que pagan dividendos.

Las jubilaciones están en quiebra, y aunque pueda argumentarse que ese peso es heredado, el gobierno, lejos de reconocerlo, insistió en un plan de gradualismo que no nos llevó a ningún lado, sino apenas a tratar de evitar la crisis absoluta. Es el plan “Perdurar”, como lo bautizó Carlos Melconián.

Quizás hubiera sido mejor para todos si el capricho del Presidente, esa mañana, hubiera sido sentarse con los sindicatos y los empresarios, o emprender al menos cualquier otra acción para corregir el rumbo de la economía. En terminología futbolística, que meta los cambios que tenga que meter, porque faltan quince minutos y vamos perdiendo 2 a 0.

En pocos días, vendrán a Buenos Aires los presidentes más importantes del mundo; se decretó un feriado exclusivamente para darles seguridad, y ahora estamos pensando en, días antes de ese desafío, mezclar desaforados y barras bravas a las que bancó siempre la política para ser el hazmerreír del mundo. Es un precio demasiado alto a pagar sólo por un espectáculo.



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