Opinión

"El turismo ha dejado de ser definitivamente la nota de color de la economía"

Tras la Cumbre Mundial de Turismo celebrada en Argentina, el titular de la cartera nacional reflexiona sobre la importancia de la industria para el desarrollo del país. 20|04|18

Los principales referentes gubernamentales y empresariales del turismo mundial se reunieron esta semana en la Argentina. Los encuentros de ministros de turismo  de las economías del G20 y de los principales líderes empresariales mundiales del sector concluyeron con los anuncios de inversiones en diversos destinos de nuestro país por un total 1.970 millones de dólares.
 
Tan importante como subrayar la llegada de estos capitales es destacar el escenario en que ocurre. Todos los participantes en estas cumbres coincidieron en señalar que el crecimiento del turismo en la Argentina es posible gracias a la decisión del gobierno del presidente Macri de reinsertarse en el mundo y terminar con cerrazones ideológicas y económicas que frenaron tozudamente nuestro desarrollo.
 
El turismo ha dejado de ser definitivamente la nota de color de la economía, el dato blando en un espacio de datos duros. Cada vez son menos los que discuten la relevancia económica del turismo en el mundo entero.
 
Hay 313 millones de puestos de trabajo en el planeta generados por el turismo. Uno de cada 10 existentes. El número es tan importante que vale el esfuerzo de subrayarlo. Estamos diciendo que la cantidad de puestos de trabajo generados por el turismo en el mundo es equivalente a la población total de Estados Unidos. Nosotros lo sabemos pero tenemos que contárselo a todos con sumo énfasis, para que el turismo sea reconocido en toda su magnitud como factor de desarrollo.
 
Así estamos entendiendo el turismo en la Argentina. A partir de la asunción del presidente Mauricio Macri, el turismo se está afianzando día a día como pilar de la economía nacional. Pasamos del campo de las potencialidades a las concreciones.
 
Seguimos  sintiéndonos bendecidos por tener las maravillosas Cataratas  del Iguazú o los inmensos glaciares patagónicos –entre otras bellezas naturales- pero ahora dejamos de lamentarnos por estar tan lejos.
 
Desde el extremo sur del continente americano, llegamos a una conclusión tan obvia como contundente: la conectividad aérea es la clave para poder acercarnos al mundo. Y entonces creamos las condiciones para multiplicar las rutas y sumar nuevas empresas, con vuelos internacionales que ya no se concentran solo en Buenos Aires porque hoy llegan a doce de nuestras provincias.
 
Un territorio tan extenso como el de nuestro país –hay 200 kilómetros más del Norte al Sur de la Argentina que de Madrid a Moscú- requería además interconexiones internas y también nos ocupamos de esta cuestión. Así encaramos “la revolución de los aviones”, que nuestro gobierno puso  en marcha para lograr un nuevo mapa aerocomercial.
 
Esta federalización de la actividad turística está impulsando las economías regionales y nos está permitiendo algo fundamental: producir oportunidades de trabajo en los rincones más recónditos del país y por ello, generar arraigo. 

Estamos respondiendo al desafío que compartimos con muchos países de limitar el proceso de aglomeraciones humanas en las grandes ciudades y revertir los procesos de migración desde los pequeños pueblos a los centros urbanos. El turismo lo está logrando.
 
Más allá de los destinos tradicionales, masivos, eternos, los turistas del mundo entero están buscando experiencias, sensaciones, disfrute de momentos extraordinarios. Y la Argentina no sólo tiene conciencia de esa demanda sino que está trabajando para estar a la altura de las circunstancias.
 
Nos proponemos ser protagonistas, en  ese desarrollo que viene. Nos encaminamos hacia un liderazgo regional que no confronta con el crecimiento de nuestros países hermanos sino que, en todo caso, lo fortalece. Las inversiones en turismo están llegando porque los inversores están retomando la confianza en nosotros. Saben que Argentina es hoy un país confiable.
 
Por último, la cumbre de ministros de turismo fue una oportunidad para plantear la necesidad de que el turismo ejerza el derecho que se ha ganado de participar en la mesa de las grandes decisiones. Consideramos que, nobleza obliga, los países miembros del G20 –a la vanguardia del desarrollo mundial- tenemos el deber de hacerlo.
 
Tal como concluí mi discurso de apertura, el desafío actual es que sigamos haciendo del turismo un espacio de hermanamiento, un lugar de encuentro, un ámbito de paz, una herramienta de desarrollo sustentable y bienestar de nuestros pueblos.

Gustavo Santos, Ministro de Turismo de la Nación

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