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Mendoza indica que el problema fue Macri

. 5 de octubre, 2019

Jaime Duran Barba decía en 2015 que merecería el Premio Nobel a la consultoría política si una persona con las características de Macri pudiera ser electo presidente. Exageraba, no fue él sino Cristina Kirchner quien lo hizo. Pero en cualquier caso los atributos de Macri no eran los ideales aunque suficientes para que parte de la sociedad le atribuyera lo que le faltaba con tal de que alguien con posibilidades de triunfo pudiera representar algunas de sus ideas.

Sin Macri y con Cristina encabezando, el resultado de las PASO habría sido otro

En 2015 Macri fue un significante vacío al que una parte de la sociedad cargó de significados que excedían en mucho sus posibilidades de representación. Como sucede con casi todos los presidentes, pero especialmente en su caso por el rechazo que generaba –y sigue generando– Cristina Kirchner, Macri era en el imaginario de muchos todo lo que no era la presidenta saliente.

Quien usó el concepto de significante vacío fue Ernesto Laclau y lo simplificó así en la conferencia de 2003, en el marco de la Asociación Mundial de Psicoanálisis: “El lenguaje es un sistema de diferencias (...) no hay términos positivos sino solo diferencias. Para entender lo que significa el término padre yo necesito entender lo que significa el término madre, hijo, etc. Y como todos los términos del lenguaje se relacionan diferencialmente unos con los otros, la totalidad del lenguaje está involucrada en cada acto singular de significación. (...) Hegel decía que la única forma de definir los límites de algo es ver lo que está más allá de esos límites. Si yo no viera lo que está más allá de un límite, no podría ver tampoco el límite”.

El problema en 2019 es doble. El primero es que Macri dejó de ser una cáscara para que cada uno habitara el interior con sus propios deseos, para pasar a mostrar las limitaciones reales de Macri persona, reflejadas en los fracasos concretos de su gestión. Y el segundo, que tanta obsesión en mostrarse opuesto a Cristina Kirchner le fue devolviendo centralidad a la ex presidenta.

Cuando se le dice a Cristina Kirchner que no debe volver a preocuparse por Clarín y la Ley de Medios porque, a pesar de la prédica negativa de estos años, triunfaron ampliamente en las PASO, y se cita la frase de Perón (que repitió Menem en 1995 y el kirchnerismo en 2011): “Ganamos con toda la prensa en contra”, debería decírsele que sí debe preocuparse pero porque la prensa se ocupe y hasta se obsesione críticamente con ella o su candidato porque cuanto más lo hace más la visibiliza, como sucedió con Trump y Bolsonaro. Kicillof es otro buen ejemplo de cómo cierto exceso de publicidad negativa se convierte en positiva.

Las elecciones en Mendoza, con la derrota de la candidata kirchnerista a la gobernación, demuestran que cuando el kirchnerismo asume su propia representación y el antikirchnerismo no es representado por Macri (en este caso por el radicalismo mendocino), el kirchnerismo pierde. Y en la misma provincia, con la misma estructura social y con solo un mes de diferencia, cuando en las PASO Macri era el candidato y en lugar de un candidato kirchnerista estaba todo el peronismo compitiendo en una interna, ganó la suma del peronismo.

¿Hubiera habido 19 puntos (sin votos en blanco) de diferencia en las PASO nacionales si, por la oposición, en lugar de ser candidato Alberto Fernández lo hubiera sido directamente Cristina Kirchner y por el oficialismo hubiera sido candidata María Eugenia Vidal en lugar de Macri? En alguna medida Alberto Fernández también le compite a Macri por una parte de la representación del “no Cristina Kirchner” y María Eugenia Vidal hubiera representado mejor a quien no quiere “ni a Cristina ni a Macri” que Alberto Fernández.

Catacresis es cuando una metáfora es de uso tan repetido que no se llega a advertir que se refiere a dos cosas diferentes. La etimología de la palabra indica claramente cuál es su uso en la retórica: catacresis en griego es aprovechamiento de un término por otro en el lenguaje. El significante Macri aprovechó ser todo lo anti K en 2015, mientras que en 2019 volvió a ser solo parte. Para Laclau, la clave de la hegemonía consistía en la sinécdoque, que es cuando una parte asume la representación del todo, otra figura retórica que consiste en designar algo con el nombre de un componente que existe en relación de inclusión o viceversa.

Desde el Gobierno se insiste en que, si bien Macri perdió aceptación, los que le quedaron se fanatizaron, como los que le quedaron a Cristina Kirchner después de su derrota en 2015, muchos menos que cuando había ganado en 2011 con el 54% de los votos pero inconmovibles frente, por ejemplo, a cualquier prueba de corrupción, que era asignada a la persecución de la Justicia y los medios. Algo comparable sucede ahora con el núcleo duro del macrismo, que no acepta ninguna responsabilidad de Macri por la crisis económica sino que toda la responsabilidad se la asigna a la herencia del gobierno anterior.

Pero el resultado electoral de Mendoza demuestra que el kirchnerismo solo, como el antikirchnerismo solo, son insuficientes para ganar una elección. Que Cristina Kirchner sola hubiera sufrido la misma derrota que sufrió Macri en las PASO. Pero ella se dio cuenta y Macri no.

Macri ya no aglutina el anti Cristina; paradójicamente, Alberto Fernández le saca una porción

or qué Macri no bajó su candidtura a comienzos de año y por qué María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta aceptaron que las elecciones en la Provincia y en la Ciudad de Buenos Aires fueran juntas con la nacional y no desdobladas, como las de Jujuy y Mendoza, donde sin Macri en la boleta pudieron triunfar los gobernadores de Juntos por el Cambio, más que una explicación de estrategia política merece explicaciones psicológicas sobre la subordinación, la estratificación jerárquica y la autoridad vertical propia de una organización que pueda tener un propietario, en cualquiera de los casos alejado de un partido político o una coalición normal.


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