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identidad economica / PANORAMA

Masturbación linguística

OBREGON-FACULTADES-06
LETRAS. Con estanflación, hay debates propios de la calle Puán. | CEDOC PERFIL

Terminaba la cena del Cippec en La Rural el lunes pasado, cuando Luis Betnaza, referente de Techint, se acercó a saludar al muy demandado protocandidato presidencial Roberto Lavagna, que respondía ante consultas de periodistas.

—Roberto, te sigo por los diarios...

—Bueno, tanto tiempo te seguí yo a vos...

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Betnaza estalló en una carcajada y se alejó con una soltura envidable. Es uno de los tantos procesados en la causa de los cuadernos de las coimas en la obra pública después de haber reconocido que él ordenó el pago de sobornos durante la administración anterior. “Si yo estuviera en su lugar, estaría tirado, no podría salir”, decía un financista que lo miraba desde una mesa más alejada del lugar donde habló el presidente Mauricio Macri.

Fue el discurso que extrañamente reenamoró a algunos cambiemitas porque “se mostró como él mismo” o “habló como un estadista”, según los más entusiastas.

La paradoja es que en ese momento de ensueño y reafirmación amarillos, varios hombres del área económica trabajaban ya aceleradamente en resucitar medidas más propias del kirchnerismo para intentar contener la espiralización inflacionaria que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no ha logrado morigerar. Incluso con llamados del propio ministro de Producción, Dante Sica, a los mismísimos dueños de las grandes empresas como Luis Pagani (Arcor) o Luis Pérez Companc (Molinos) evpara que dieran su respaldo, quizás el último que les pidan, a la gestión bancando un “congelamiento” de precios, a pesar de la herejía de la palabra que casi se lla puesta al funcionario.

El primero que detectó esa contradicción fue Marcos Peña, que cuando se pone en modo campaña electoral no es tanto jefe de Gabinete de ministros como jefe lingüístico de Cambiemos. Lengua es identidad. Y la identidad del espacio que timonea desde hace tantos años lo obsesiona hasta niveles increíbles. Con tanto pifie económico y promesa incumplida, es el fondo de olla electoral.

Flashback. Cuando recién arrancaba el mandato de Macri, algunos funcionarios que no eran del riñón del PRO no podían creer lo que eran las reuniones con el factótum del Gobierno. "Nos pidió que no usemos el prefijo 're'", contaba uno de ellos, incrédulo, en aquellos días. “Que no digamos ni ‘refundar’, ni ‘rehacer’, ni ‘relanzar’ ni ‘reindustrializar’”, repetía. “Porque dice que usar ‘re’ es hablar implícitamente del pasado, y hay que resaltar que nosotros somos algo nuevo, que no se mezcla, supuestamente”, recordaban técnicos que abrían los ojos como dos huevos y trataban de subirse a la ola.

Ese puntero verbal apareció con todo esta semana. Aunque se pueda estar por quedar afuera en primera ronda, es un DT que no va a poner dos nueve.

Por eso cuando él y Macri leyeron la tapa de Clarín donde se filtró un posible pedido de “congelar” precios, seguro pusieron el grito en el cielo. Decir “congelamiento” es decir “somos Cristina”. Diccionario. Sinónimos urgente. No bastaba que en un atril Macri dijera que “los controles de precios fracasaron desde Gelbard hasta Moreno”. El mismo Peña en el Congreso repitió que eso siempre fue “regresivo”.

Lo loco es que en paralelo, la Secretaría de Comercio no retrocedía un ápice en la organización del inminente “no calentamiento” de precios y sus técnicos taladraban por celular a los lobbistas de las principales alimenticias: “Tienen que tener abastecimiento como para el triple de demanda, eh”. “Hablaban como con la decisión tomada”, dicen en las empresas. El debate interno caliente, a ocho meses del fin del mandato y con estanflación, era semántico, de masturbación linguística, casi.

Peña vivía su Congreso de la Lengua. “Repotenciación sostenida” de Precios Cuidados, sonó en algún diálogo sectorial. Un poco mucho.  “Precios preferenciales”, tiraron con un olor a Galicia Eminent que ya se les había escapado en el fiasco de “Precios Transparentes”.

Es que, por dogmáticos, chetos libremercadistas o más friedmanianos que Friedman, esta intervención no la sienten.

Y el debate en el fondo en la cabeza de Peña debe ser el de Bielsa en 2002. Mantengo convicciones para abrazar a mi núcleo duro convencido de que somos distintos y de que los kukas no vuelven más, o salgo del armario, digo “congelamiento”, admito que si no no llegamos, y pongo a Batistuta y Crespo juntos a ver si lo damos vuelta. El peligro es un gris intermedio, un lujo con la inflación acelerando arriba de 50% ineranual, donde algunos ya guardaron las listas de precios, o metieron ajustes preventivos.

Ahora el Gobierno trata de bajarles el tono a los anuncios. Temen que suenen a “última carta” por jugar en economía, en un contexto donde, a diferencia del gobierno anterior, no tienen mucho por hacer para que levante la economía. Dijo Carlos Melconian durante su participación en la Expo EFI esta semana, este gobierno no tiene “el Patio de las Palmeras, donde Cristina te hacía un anuncio de cosas y al día siguiente esas cosas se hacían porque se pagaban con emisión irresponsable”.