PANORAMA / LA BICICLETA ETERNA

Lelos

. 7|10|18

El día que el Gobierno empiece a ofrecer al mercado letras garantizadas por los ingresos de Lotería Nacional y las denomine Lelos, tal vez va a ser más evidente que estamos girando en redondo en el mundo financiero. Va un refresh.
Durante un par de años, cuando había crédito externo, llegaban los dólares de la deuda para tapar el bache fiscal, el Tesoro los vendía para hacerse de los pesos para pagar gastos y el excedente de circulante lo chupaba el Banco Central ofreciendo a cambio letras llamadas Lebacs, que protagonizaron un negoción para fondos de afuera y hasta pequeños ahorristas. Llegó a haber casi tanto invertido en Lebacs como guita había en la calle. No pasa nada, es la contrapartida del crecimiento de los activos, las reservas, contestaba medio canchero Federico Sturzenegger cuando aún era jefe del BCRA.
Pero después cambió el clima afuera y los que tenían Lebacs se las tomaron, cambiaron a dólares y empezó la corrida. Cuando llegó Luis Caputo, dijo “tranqui”, voy a desarmar el problema de las Lebacs porque dañan el balance del Central y son fuente de volatilidad. Pero atenti, para que no se vayan al dólar el Tesoro va a ofrecer deuda en divisas pero que se puede comprar en pesos con un interés, por lo que será como comprar dólares con un descuento. Así empezaron a volar las letras del Tesoro o Letes. No pasa nada, las podemos refinanciar, no hay riesgo, tiraban desde  la Secretaría de Finanzas.
Pero en un determinado momento, los que tenían activos argentos empezaron a ver que la deuda por Letes crecía hasta sumar un stock de US$ 15 mil millones, con la diferencia de que al ser en moneda extranjera representaba un riesgo mayor que la original deuda de Lebacs: había peligro de default. En ese camino, se ofrecieron letras de capitalización en pesos, Lecap, con un interés altísimo, pero igual las dudas sobre si habría plata para pagar las Letes crecieron. Así se disparó el riesgo país y el dólar saltó a 40 pesos. Fue ahí cuando el Gobierno volvió al Fondo Monetario Internacional (FMI) por segunda vez en tres meses para que le dieran más guita más rápido y así borrar el riesgo de la bola de Letes que no pudo calmar el intento de bolita de Lecaps, todo nacido de la bola  original de Lebacs.
El Fondo, entonces, la puso toda pero también puso exigencias, incluida la eyección de Caputo:  casi cero intervención cambiaria, y recontra cero crecimiento de la base monetaria. Para garantizarlo, el Banco Central arrancó a colocar todos los días las letras de liquidez o Leliq, que esta semana arrancaron con una tasa promedio del 69% anual y terminaron al 73%. El BCRA estima que pagará 45 mil millones de pesos por mes de intereses. Tranqui, ahora las tienen solo los bancos, no los ahorristas pequeños, así que no hay riesgos, explican ahora en la conducción económica.
Como dice Leo García, ¿sabrá Dujovne que volvió el carry trade? Es cierto, recién acaba de terminar la primera semana de la nueva política de Guido Sandleris en el ente monetario y el dólar bajó 7% y subieron las reservas, aún cuando experimentados mesadineristas veían el dólar en $ 44 no bien arrancaran las bandas cambiarias, como se pifió en esta columna hace siete días.
Por eso en Cambiemos se salen de la vaina. Falta que digan que tenía que llegar una mujer al directorio, la vice Verónica Rappoport, para parar el dólar machirulo, o están a punto de pedir que la Universidad Di Tella arme la cátedra Contención de Corridas. Pero atenti. Sturzenegger tuvo sus días de control en $ 25 y Caputo tuvo su julio clavado en $ 38, el número que ahora esperanza a Sandleris. Y también cada uno tuvo su sigla de deuda, primero pasión y luego problema: Lebac, Lete, Lecap, Leliq. Bien vale no atontarse. No ser lelos.
Hablando de eso, el abogado Alejandro Fargosi, cruzado del reclamo anticorrupción contra funcionarios del gobierno anterior, tiene una respuesta contundente cuando se le pregunta por la estrategia del mayor empresario industrial del país, Paolo Rocca, que le atribuyó a la mano invisible del mercado o a una prótesis del Gino Tubaro el pago de coimas de su empresa durante el kirchnerismo: “Hace 40 años que soy abogado de empresas y nunca vi que una empresa pague sobornos sin que lo sepan sus accionistas”.


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