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La real crisis de Macri

. 2 de junio, 2019

Es tal vez tiempo de permitirse la pregunta por la crisis. La utilización del concepto abunda en las ciencias sociales y permite premiar a quien lo utiliza en el momento justo, como visionario, de la crisis que luego sucederá. Entre los economistas, esta competencia es muy fructífera y recurrente para el despliegue de la profesión en términos de lucha por clientes y de prestigio propio, pero no representa lo mismo en otros ámbitos científicos. La pregunta por la crisis en el régimen de Macri, como una pregunta sociológica, como interrupción de su reproducción social, se hace necesaria e importante en términos de proceso, de desarrollo en el tiempo. Y por crisis, aquí no debe referirse a una de tipo económico, sino sociológico.

En el plano del análisis social, las dimensiones de tiempo suelen ser un poco más complejas. El pasado, lo que ocurre hoy día y el futuro se vinculan de una manera más difícil porque cuesta encontrar un punto de inicio de lo que se intenta describir como crisis. Sin embargo, se acuerda en cierta medida que la crisis podría describirse como la interrupción de un movimiento que ha dejado de continuar bajo los esquemas de expectativas previos, y que por lo tanto llena de incertidumbre y quietud todo intento de acción.

Lo que era determinado como natural pasa a ser insoportablemente consciente y rodeado de incertidumbre, de modo que los actores sociales pasan a estar sumergidos en procesos de decisión demasiado cercanos unos a otros, y sobre los cuales se considera a todos pasibles de fracasar.

Si bien el análisis de la evolución económica es lo que llena la atención del devenir de Macri, ha sido mucho más contundente el nombramiento de Alberto Fernández como candidato que el movimiento del dólar o los valores de inflación, para desestabilizar las expectativas hasta ese momento determinantes del modo de explicarse, dentro de Cambiemos. Hace dos semanas que el Gobierno piensa, recluido y congelado, cómo volver a reconstruir sentido.

Como un Batman de la política, Macri solo sale a la superficie cuando ve su equivalente a la “batiseñal”, que en su caso es el anuncio de inauguración de una obra pública. Para el resto del día, sus imágenes son escasas, y más aún las de Marcos Peña, quien probablemente se encuentre utilizando más que nadie su tiempo en regresar las cosas a algún sitio manejable conceptualmente. Mientras tanto, los restos del paradigma previo al 18 de mayo, como justamente representa la obra pública, son utilizados como una reserva de recursos simbólicos. Hasta tanto no se comprenda el verdadero impacto, sobrevivir con lo “nuestro” será el recurso a utilizar, y la crisis y el detenimiento, el escenario cotidiano. Aunque resulte extraño, Macri y Peña han tomado acciones más veloces para contener el dólar que para contener a Alberto Fernández.

La medida de la quietud expresa la hasta ahora brutal dependencia del macrismo a la existencia de Cristina Kirchner como principal contendiente, mientras Alberto Fernández asume un rol público de armonía con un condimento adicional todavía algo más complejo para Macri y Peña.

Se refiere al actual gobierno casi en términos de pasado. No lo discute, lo ignora, suena irrelevante en sus pensamientos, ni siquiera para discutirlo en sus ideas. Alberto aparece, y en sus voces, sus palabras, Macri se diluye y ni siquiera le ofrece espacio de confrontación. Es posible que Cristina, en su repliegue, se lo haya llevado también a Macri hacia el costado de la escena.

En este camino hacia la oscuridad de los protagonistas políticos que ya van pareciendo anteriores, todos hablan de Sergio Massa. Su llegada al peronismo en formato de interna hace del peronismo, por lo menos hasta agosto, la única elección relevante, de modo que la discusión sobre su futuro también opaca, todavía más, por lo menos en este tiempo, lo que haga Macri. Su centralidad expresa también un posible cambio de época.

Macri inaugura el Paseo del Bajo y se viraliza un video que muestra la falta de tornillos en las barandas. Las barandas están sostenidas con lo justo, apenas adheridas al cemento, fijas pero flojas; de lejos están bien, hasta que se muestra la realidad en su cercanía. En la trampa de la necesidad de regresar al sentido anterior, Macri y Peña muestran los riesgos de correr apurados a lo que antes era seguro, y hoy parece, por ahora, agarrado apenas a la superficie.

 

*Sociólogo.


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