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La Navidad de Trump

. 5|01|19

A mí también me pareció muy mal que Donald Trump le cuestionara a un niño de 7 años cómo es que todavía creía en Papá Noel. Pero peor aún me pareció que diversos noticieros televisivos lo informaran a viva voz y a toda hora, con lo cual no hicieron otra cosa que multiplicar y diseminar el daño, reproducir exponencialmente ese mismo ataque a la inocencia que ellos estaban en principio cuestionando.

Por eso mismo pensaba yo pasar por alto el tema, pero entretanto tuve la suerte de ver Todo el año es Navidad, el último y genial documental de Néstor Frenkel, dedicado a quienes trabajan de hacer de Papá Noel: a aquellos que una vez por año, cada año, asumen ese rol, desempeñan ese papel. Viendo sus respectivas caracterizaciones, oyendo sus sucesivos testimonios, no tardamos en comprender que ellos son Papá Noel de veras, que hacer de Papá Noel y serlo son una y la misma cosa, que el disfraz no oculta nada, que es un puro dar a ver. Papá Noel existe, porque su ficción es ella misma verdad.

Los niños lo saben. Por eso no se muestran perplejos si ven a uno a mitad de cuadra y luego a otro en la siguiente esquina, y ni siquiera si ven por caso a dos al mismo tiempo. Entienden perfectamente que cada uno de ellos es el verdadero, que los dos lo son a la vez, que esencia y apariencia se fusionan en este caso por completo.

Lo entienden perfectamente. El que no lo entiende es Trump. Pero, ¿cómo podría entenderlo, o cómo podría aceptarlo, si se trata de la inversión exacta de su propia condición? En Donald Trump no hay nada que no resulte falso, artificioso, impostado, sobreactuado, fingido; y sin embargo, es el presidente de los Estados Unidos de verdad. Se dudó hasta de su pelo que, siendo verdadero, parece de mentira. Ni más ni menos que él.
En su caso es la verdad lo que parece disfraz, lo que parece ficción. Habría que preguntar a sus votantes cómo es que pueden seguir creyendo en él.


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