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RECONSTRUCCIoN INSTITUCIONAL

La Justicia, eje de la agenda

. 14 de abril, 2019

Es tiempo de ser responsables y precisos en el análisis: si no reconocemos la gravedad de la situación contribuiremos –sin duda– con nuestra indiferencia, al desgobierno.
Cualquier lucha contra la corrupción o contra la delincuencia requiere en la descripción de los hechos una base inobjetable de verdad, ello genera confianza, favorece el pacto social. Máxime, cuando a la vista de todos, denuncias en la Justicia formuladas hace años recién ahora han cobrado virtualidad en el accionar de los responsables de impartirla. Esta parálisis les resta legitimidad ética.
Asistimos a una época con una de descomunal judicialización de la gestión pública y en la cual la falta de control nos sumerge en la sensación de que ya no quedan lugares a los cuales llevar con esperanza nuestros reclamos y nuestros conflictos.
Las dificultades del sistema son evidentes y su explicación se desarrolla mucho más a través del “ojo del ciudadano”, quien debe encontrar en el sistema de justicia un servicio republicano esencial e indelegable por parte del Estado.
Hoy lamentablemente, esta crisis de credibilidad comprende también al periodismo que muestra una desorientación deóntica digna de preocupación. En el proceso de recuperación y consolidación de las reglas de convivencia, el rol de la administración de justicia adquiere fundamental importancia. A la inversa, si ese rol no se cumple con la idoneidad de la dirección correcta, las reglas de convivencia se ven cada vez más lesionadas.
El sistema de justicia ha estado alejado muchos años y en forma sistemática de los requerimientos de la comunidad. Nada de ello tiene justificación republicana. Este alejamiento entre el pueblo y el sistema de justicia juntamente con un sobredimensionamiento del papel institucional de los medios de comunicación, ha provocado la intermediación de los periodistas que ahora “acercan la Justicia a las personas”, con efectos saludables y otros no tanto. El reclamo de Justicia canalizado a través de los medios de comunicación es, sin duda, un valioso avance hacia la profundización de la democracia. Coherentemente, esta demanda por una Justicia digna y eficiente, está estrechamente vinculada a la lucha por una ética pública y contra la corrupción. Sin embargo, los efectos no han sido solo positivos, la superposición de las funciones judicial y periodística ha traído un desdibujamiento entre ambas instituciones. Esta superposición trae consecuencias graves. Necesitamos una labor conjunta e idónea de ambas agencias. Mientras los jueces se resistan a las críticas periodísticas o bien se subordinen a ellas y los medios sigan exigiendo a la Justicia que asegure condenas de acuerdo a su criterio periodístico, no hay salida posible. Por el contrario, si los jueces aceptan a sus nuevos cancerberos y los periodistas olvidan sus prejuicios e intereses televisivos podrá existir una alternativa de cambio.
Es momento de un acuerdo entre los argentinos. Debemos comenzar con la Justicia, para lo cual me vienen propuestas necesariamente a debatir para cambiar el estado de cosas; la inconcebible concentración de poder en un ámbito específico de la Justicia Federal, el mejor funcionamiento de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la modificación de la ley del Ministerio Público Fiscal, anulando la intromisión del Congreso en ese órgano autónomo, autárquico e independiente, modificación de la ley del Consejo de la Magistratura, legislar con precisión sobre la prisión preventiva, establecer reglas claras sobre la ética periodística, etc.
Si a la Justicia no se la evalúa desde su rol social, más que institucional, la cuestión seguirá girando alrededor de un centro que no representa las preocupaciones de la comunidad.

*Doctor en Derecho. Ex Procurador General de la Nación y ex Defensor General de laNación.

NICOLAS BECERRA*

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