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La Edad Media no estaba tan mal

Hermoso y esclarecedor artículo de Stela Xhunga en el sitio de noticias Linkiesta, donde la autora arremete contra la idea estereotipada y errónea de la Edad Media como “época oscura y bárbara”. 14 de abril, 2019

Hermoso y esclarecedor artículo de Stela Xhunga en el sitio de noticias Linkiesta, donde la autora arremete contra la idea estereotipada y errónea de la Edad Media como “época oscura y bárbara”. Cotidianamente –aquí, allá, en todas partes– la Edad Media se usa como metáfora de época oscura; Xhunga cree que sería un increíble gesto de civismo leer a los grandes historiadores de la Edad Media, Johan Huizinga, Régine Pernoud o Jacques Le Goff.

A muchos adeptos al Iluminismo les va a disgustar saber que la sumisión de la mujer comenzó con la Modernidad y que el voto femenino no es una conquista reciente. “Registros electorales que se remontan al siglo XIII –escribe Xhunga– muestran que las mujeres tenían derecho al voto tanto en las asambleas ciudadanas como en las comunidades rurales”.

Olvídense del cuento infantil según el cual Cristóbal Colón, valiéndose de un huevo, instruía a los Reyes Católicos acerca de la esfericidad de la Tierra, conclusión a la que había llegado cuando siendo niño veía a los barcos alejarse del puerto de su Génova natal y, literalmente, “agarrar la curva”: todas las fuentes de la época medieval dan cuenta de que la Tierra era redonda –lo que no quita que algún que otro ignorante creyera entonces que la Tierra era plana–. Es cierto que en la Edad Media muchas de las noticias acerca de cómo era el mundo provenían de los mendigos, los vagabundos, los desocupados y los marineros, quienes a veces no podían evitar espolvorear el orégano fantástico en la pizza rutilante del relato. Pero de ahí a pensar que la gente de la Edad Media creía que el Manual de zoología fantástica borgeano era algo parecido a la página ilustrada en papel satinado de los hongos comestibles y venenosos del Pequeño Larousse hay una gran diferencia. “El imaginario colectivo contemporáneo ha tapizado a la Edad Media con bestiarios, freaks y sujetos que parecen salidos de los dibujantes de Rick y Morty. En efecto no faltaron, como en cualquier época, incluida la actual, y si la repugnancia hacia la pobreza no nos llevara a mirar hacia otro lado advertiríamos a estos ‘sujetos medievales’, reactivos al capitalismo, a las reglas y al spritz. Pero para hacerlo primero estaremos obligados a otorgarles a estos individuos ‘extraños’, a estas figuras portadoras de alteridades radicales, la misma dignidad social de la que gozaban en la Edad Media: no poca”.

A los vagabundos, hoy merecedores de camas de clavos o en su defecto biombos que los mantengan alejados de nosotros en nombre del decoro, en una época se les abrían las puertas, imaginarias y reales, como podían abrírseles hoy a un astronauta, o a un reportero venido de tierras extrañas. Tal como, con habitual inteligencia, describe Walter Benjamin en El narrador, la narración oral murió, a manos de artefactos literarios como la novela, de consumo solitario y autónomo. La creación de sentido, dice Benjamin, se da entre autor y lector sin involucrar necesariamente un proceso colectivo. Bien, hubo un tiempo en que la narración estaba viva, porque la capacidad de comunicarse no había cedido ante el avance del horror y la tecnología.

¿Escritoras, trovadoras, compositoras? Hildegarda de Bingen, Dhuoda, Beatriz de Día, María de Francia, Cristina de Pizán, Leonor López de Córdoba... La trovadora occitana María de Ventadorn abogaba por la igualdad del hombre y la mujer en la relación amorosa a comienzos del 1200. Nada mal para un siglo oscuro y bárbaro.


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