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La Argentina como caricatura

3 de noviembre, 2019

Parecía una cuenta falsa que simulaba ser la de Laura Alonso, porque no podía ser realmente cierto. Esa cuenta había subido un tuit con una foto de un gato diciendo que lo habían encontrado perdido en la oficina anticorrupción y que esperaba por su dueño. Además de que es muy probable que La Cámpora lamentase no haber tenido ellos primero esa idea para subirlo como chiste a las redes, esa acción expuso el nivel de relación que el sistema político tuvo esta semana con lo vinculado a las fábulas y las caricaturas. El tránsito de la campaña electoral, llena de conceptos teóricos, es continuado ahora, a solo algunos días, con personajes de fantasía.

El modo en que se desplegó la batalla electoral incorporó conceptos que hicieron quedar como conceptualmente inteligentes a quienes los usaban. El que hablaba de neoliberalismo, populismo, mercado interno o nivel de exportaciones se definía políticamente, y en situaciones de debates abiertos, acompañado de altos y bajos en sus volúmenes de voz con gestos bien marcados. Así, la política se tiñó de seriedad y se escenificó como un terreno de contienda fundamental para la vida de todos. Las presentaciones del libro Sinceramente eran un momento de aparente contemplación teórica y en los actos de Juntos por el Cambio se intentaba, aunque sin mucha explicación, debatir sobre teoría republicana y la idea de libertad. Con el final de la campaña y el resultado ya expuesto, pareciera que estos días nos hemos trasladado desde Benjamin Constant y Thomas Hobbes hacia Picachú,  Bugs Bunny y el gato de la oficina anticorrupción. Aunque no parezca, hay en esto una necesidad social.

Macri aceptó tranquilo la derrota, como si lo hubiera dejado desnudo simbólicamente.

Para Alberto Fernández comienza un tiempo más recurrente y constante que se diferencia de la campaña. Cuando se buscan votos se exagera en el contacto con la gente, en las ideas y las promesas, de modo que no existió un solo Alberto o un único Macri, sino varios, dependiendo de la circunstancia que le ofreciera el público de cada ocasión. Con la victoria ya resuelta, los niveles de variación seguirán existiendo, aunque sostenidos fundamentalmente por las circunstancias de la problemática diaria de la gestión, pero sobre problemas ahora abordados por un nuevo personaje que deberá encarar Alberto. Ahora ganador, Alberto se enfrenta a la definición de quién será, qué personaje asumirá en su rol de presidente, algo que hoy se expresa con muchas incógnitas y por eso esta es la semana de la personificación.

El hijo de Bolsonaro participa también de este proceso. Lo que él reenvía como comparación de hijos de presidentes en la región lo tiene a él como otro personaje, en simultáneo con Estanislao, con un arma de fuego haciendo como de un soldado de PlayStation. Para Brasil, lo de Argentina debe ser una terrible incógnita y sobre todo una enorme incomodidad, y así Eduardo Bolsonaro intenta con ese posteo darle sentido a lo que todavía es nuevo e incierto. Brasil sería el fuerte y dominador, y Argentina el débil. La diferencia es que Estanislao entiende perfectamente la diferencia entre la ficción y la realidad, y el hijo del presidente de Brasil, no.

Cuando Macri termina aceptando el domingo a la noche la victoria de Alberto Fernández, lo hace con gestos rápidos y tranquilos, como si la derrota lo hubiese despojado del personaje de presidente de estos casi cuatro años y dejándolo desnudo simbólicamente. Se espera tanto del nuevo Alberto, de su personaje de presidente (ya se conoce el de jefe de Gabinete), como del de Macri en el llano, porque en realidad es tiempo de nuevos roles para todos. Lo mismo se trata de imaginar de Vidal o de Marcos Peña, pero no de Rodríguez Larreta, ya que él es de los que siguen en sus roles centrales. El que logra que su personaje sea victorioso no lo modifica y avanza en el juego. Eso es claro para todos, menos para Kicillof, que transportó a la audiencia a marzo de 2015 con un personaje viejo de otro tiempo. En él se objetiva como en nadie la importancia de pasar desde la campaña hacia un personaje nuevo.

En la misma semana, solo unos días después del fin de este episodio electoral, todos nos llenamos de discusiones sobre la “caricaturización” de la vida pública, porque es justamente una manera de dar sentido. Eso son los personajes, abstracciones generales que otorgan una forma específica a una complejidad inabarcable. Ahora que termina algo, y comienza otra experiencia, todos están desesperados por algo de certidumbre. A veces, empezar por los dibujitos animados ayuda.

*Sociólogo.


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