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alberto f, irresponsable

Kirchnerismo obsoleto

Hay una ex presidenta que, desde el Instituto Patria y el Senado, tutela al Gobierno, y un presidente que le obedece debidamente. 14 de noviembre, 2020

Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago. Una irresponsabilidad con todas las letras. Esa es la calificación que merece la comida de despedida que el Presidente, junto a parte de su gabinete, le ofreció a Evo Morales. La mesa tendida y superpoblada de comensales sin barbijo y sin resguardo de la distancia social, en un lugar que no parecía adecuadamente ventilado, habla de una actitud de displicencia que impacta.

Impacta porque quien presidía la mesa era Alberto Fernández, que se ha cansado de vilipendiar a todos aquellos que han hecho lo mismo que él, es decir, no respetar las medidas de prevención del contagio del coronavirus. Impacta, además, porque el jefe de Estado es un paciente de riesgo. AF heredó de su madre trombofilia, una alteración del sistema de coagulación que produce una manifiesta tendencia a la formación de coágulos. Por eso está medicado a base de anticoagulantes. La trombofilia –como la hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica– es factor de riesgo. Por lo tanto, los cuidados a los que deben someterse las personas que padecen estas patologías son extremos. En el caso de AF, las precauciones deben ser máximas porque la salud de un presidente es siempre una cuestión de Estado.

Ferraresi es CFK. Su concepción política es que el Estado se toma como un botín.

El FMI siempre está. Al oficialismo le llegó la hora de sentarse con el Fondo. En el kirchnerismo se rasgan las vestiduras. “Es el momento de acordar con el diablo”, dicen. En la Argentina de hoy –y de siempre– no se puede escupir para arriba. En una entrevista con Chiche Gelblung –hace 2 años y 7 meses–, Axel Kicillof se refería a la negociación del gobierno de Cambiemos con el FMI en los siguientes términos: “La decisión de Macri de sentarse con el Fondo es un error. Las peores políticas que aplica Macri son las del FMI que nos han llevado a la pérdida de empleo, a la corrida cambiaria, a la destrucción de empresas y a la desindustrialización. El gobierno de Cambiemos ha bajado jubilaciones y recortado salarios. El FMI le va a pedir más ajuste”. Esa declaración la hizo mientras participaba de una protesta callejera en contra de la llegada de los enviados del Fondo. ¿Cómo se sentirá el gobernador ahora que el oficialismo está en la misma situación?  La corrida bancaria ya se produjo –y el dólar vuelve a subir–, y el recorte a las jubilaciones está en marcha con el anuncio de la nueva propuesta de movilidad previsional, que busca desindexar la fórmula jubilatoria de la inflación, y calcularla sobre la base de un promedio entre la variación de los salarios y de la recaudación tributaria. El final del IFE y el ATP ya es un hecho defendido públicamente por el propio Martín Guzmán. Quienes conocen al ministro dicen que habrá mayor ajuste fiscal, fin de los precios máximos y aumento de tarifas. Un giro hacia la ortodoxia que incomoda a los defensores de la ideología. El ajuste ya es un hecho. Quizás por eso CFK en su carta aclaró con precisión milimétrica que el que decide y gobierna es el Presidente.

La “compensación” por todo este giro es la urgencia por tratar el impuesto a las grandes fortunas. Habrá mucho ruido y pocas nueces alrededor de esta iniciativa. La mayoría de los tributaristas prevén una inevitable judicialización ante lo que se considera una gabela confiscatoria. “Esto es para la tribuna”, reconoció un funcionario cercano al Presidente. Lo paradójico es que desde las entrañas del FMI han hecho saber que no ven con disgusto la iniciativa. “Todo lo que mejore las cuentas fiscales es bien visto por sus burócratas”, señaló desde su despacho en Washington alguien que supo ser parte del organismo.

María Eugenia Bielsa. Veamos lo que dicen en el oficialismo: “El resto de los ministros sabía lo que se venía. No fue una sorpresa. El rumor corría desde hace un par de semanas. En el gabinete creen que se trató de un caso puntual. Por ahora no habrá otro”, dicen.

“La diaria era muy difícil de llevar. Casi imposible en una dependencia donde tenías gente de Grabois, del Movimiento Evita y de La Cámpora. Inmanejable. Aun así, la gestión avanzó. Las tomas de tierras y el fuego amigo complicaron todo mucho más”, aseguró una fuente que tiene el pulso de lo que se vivía en ese ministerio.

“Es cierto, era una silla difícil. El llamado loteo es algo común en una coalición de gobierno. En todos los ministerios hay representantes de las distintas fuerzas. Quizás se debió haber llevado con más cuidado a ciertos librepensadores que ejercieron más presión de la que debían”, sentenció otro hombre del gabinete en clara alusión a Juan Grabois.

“Ferraresi les cae bien a muchos. Es lógico que lo haya hablado con CFK pero el cargo se lo ofreció el Presidente (sic). Su nombre cerró por todos lados. Le cierra perfecto a AF que lo conoce bien; le cierra a Juan Pablo Cafiero, que necesita ministros operativos y con gestión; les cierra a los intendentes del Conurbano; y por supuesto le cierra ideológicamente a CFK”, reconoció un peronista moderado cercano a la línea albertista.

La verdad es que Jorge Ferraresi, el nuevo ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat, es CFK. Forma parte de esa concepción política bien kirchnerista en la que se toma al Estado como botín. Es una diferencia conceptual muy importante. Ferraresi no se considera como un administrador de la cosa pública sino como su dueño. El acto de asunción de su cargo –el 15 de diciembre pasado– es recordado por el impune uso que hizo de menores en un simulacro de jura que trajo al presente los tiempos de los dos primeros gobiernos del general Perón en los que eran de lectura obligatoria libros en los que frases como “Perón y Evita nos aman” eran el denominador común. Nada que sorprenda: en el kirchnerismo todo es obsoleto. Todo atrasa.    

En 2019 inauguró en Avellaneda la Plaza República de Venezuela, con el lema “Defendamos la democracia de Venezuela”.  Se ve que no tiene la más mínima idea de lo que pasa con la dictadura de Nicolás Maduro. Preocupante que un dirigente político confunda una dictadura con una democracia.

La llegada de Ferraresi demuestra, además, que cuando en su carta abierta del 27 de octubre, CFK dijo que había “funcionarios que no funcionan”, se refería a funcionarios de este gobierno y no de otros, como absurdamente pretendió interpretar AF. Está claro, pues, que hay una ex presidenta en funciones a pleno, que desde el Senado y el Instituto Patria ejerce una tarea tutelar sobre el Gobierno, y un presidente formal que le obedece debidamente.


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