Escuchá
OPINION

Imaginario político 2023

20 de noviembre, 2020

Se sostiene que seis meses en política son un siglo por lo mucho que puede cambiar todo, todo el tiempo. Con la pandemia, el escenario es aún más impredecible, y sobre las elecciones de octubre próximo hay pronósticos para diferentes gustos. Tanto de castigo al Gobierno por la crisis económica agregada, con el consecuente triunfo de la oposición; como de triunfo del oficialismo por la oportuna aplicación masiva de vacunas y recuperación de la economía sumado a la división del voto opositor ante la canibalización de seguidores de Juntos por el Cambio de los libertarios de Espert y Milei. 

La repetida apelación a la categoría política “socialdemócrata” tras años de desuso puede indicar algo de PJ

Pero como sucede en economía y otros campos del conocimiento, en ocasiones resultan más predecibles las grandes tendencias de mediano plazo que las idas y vueltas que tienen esas direcciones en su avance. Las recientes elecciones municipales de Brasil, equivalentes a nuestras elecciones de medio turno en Argentina, proveen algunas señales. Perdieron todos los candidatos que Bolsonaro apoyó y en su gran mayoría ganaron aquellos que implementaron cuarentenas y medidas de aislamiento social

Contradiciendo a Bolsonaro. Pero también perdieron los candidatos que apoyó Lula, sufriendo en San Pablo, cuna emblemática del nacimiento del Partido de los Trabajadores, que su candidato saliera cuarto. Los ganadores fueron los partidos moderados de centro. Pareciera que la ola de populismos emancipadores y los movimientos reaccionarios a ellos, cara y contracara de los vértices de la polarización, ya estuviera cumpliendo su ciclo.

En la Argentina misma, ya hace un año, si el kirchnerismo se hubiera quedado en el Frente para la Victoria sin transformarse en el Frente de Todos apelando a juntar votos de centro con Alberto Fernández, los gobernadores peronistas y Sergio Massa, probablemente  no habría ganado. Y si Juntos por el Cambio no hubiera tenido a Macri como candidato, sino a María Eugenia Vidal, quizás no habría perdido.

En la mayoría de los países de Sudamérica, el imaginario político colectivo  de fin de siglo pasado fue el del neoliberalismo; el de la primera década del siglo XXI y parte de la segunda, fue el de la descolonización de ese imaginario con gobiernos nacionales y populares que tras más de una década de hegemonía cansaron y hasta irritaron a quienes no eran sus partidarios, generando reacciones en forma de candidaturas que no hubieran podido ganar elecciones en otras circunstancias, como Bolsonaro y, salvando las muchas distancias, Macri.

El ingreso a la tercera década de este siglo probablemente marque una tendencia hacia la reducción del grado de polarización que caracterizó las dos décadas anteriores, con una menor intensidad ideológica porque el mundo del siglo XXI reemplazó la guerra fría con su disputa político/militar por una guerra comercial. Quizás también en algo esté contribuyendo la pandemia, al cambiar el orden de ciertas prioridades  existenciales colocando la salud pública y la educación en primer plano.

En la Argentina son habituales los análisis sobre la cristinización de Alberto Fernández, pero son menos frecuentes acerca de la socialdemocratización del kirchnerismo.

Es interesante observar cómo la categoría socialdemocracia, inexistente en la Argentina del siglo XXI, comenzó a ser frecuentemente utilizada como aspiración o degradación del panperonismo. El principal ministro de Sergio Massa en el gabinete, Mario Meoni, ministro de Transporte de Alberto Fernández, define a Sergio Massa como “más liberal que socialdemócrata” posicionándolo más a la derecha que el Presidente.

Y quien tiene más credenciales para evaluar al peronismo habiendo sido el representante más importante del PJ en la oposición como presidente de la bancada mayoritaria del Senado, Miguel Ángel Pichetto, quien además cruzó en funciones a Menem, Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Kirchner y Macri, pronostica que el kirchnerismo evolucionará hacia el centro en la medida en que la generación de La Cámpora vaya madurando y ocupando todos los espacios de los históricos del kirchnerismo. “Espero un aggiornamiento republicano del kirchnerismo”, dijo textualmente Pichetto.

Socialdemocracia, nuevo laborismo, por el partido inglés hermano mayor del peronismo, republicanismo, renovación o nuevo peronismo son distintas formas de nombrar un proceso de institucionalización del movimiento peronista, una modernización que la biología produce más allá de la voluntad de los guardianes de la doctrina.

El filósofo introductor en la Argentina de la metapolítica como disciplina, Alberto Buela Lamas, dijo: “El peronismo dejó de existir hace mucho. Murió Perón y lo que hay son peronistas, pero el peronismo no existe, el peronismo originario desapareció”. 
Desde Juntos por el Cambio también hay una disputa por el imaginario socialdemócrata que Juan José Sebreli llama liberal de izquierda. Carrió podría haber representado eso a comienzos de siglo pero luego el macrismo la connotó más a la derecha. El radicalismo también quedó con su imagen derechizada por Macri pero una candidatura exitosa de Facundo Manes como gobernador bonaerense podría recuperar el carácter progresista del radicalismo y reconstruir su histórica alianza con el Partido Socialista de Santa Fe. Y dentro del PRO: María Eugenia Vidal, Rodríguez Larreta con su origen peronista, Monzó y Massot de igual procedencia, además de Rogelio Frigerio desde al desarrollismo y ni que hablar Margarita Stolbizer –quien ya participó en un evento con Larreta– podrían también disputar un espacio liberal no conservador.

Juntos por el Cambio también disputa un centro progresista asumiéndose como liberal de izquierda

Es probable que Argentina, como sucede en España con el socialismo y el PP, en el centro, con Unidas y Vox a sus extremos, evolucione hacia dos fuerzas de relativo centro, una más a la izquierda que otra, con dos partidos testimoniales que terminen ocupando el espacio de los polos: una izquierda que asuma la lucha de clases como dogma (PO-PTS) y una derecha libertaria que también asuma el mercado como dogma (Espert-Milei). El escenario opuesto sería un regreso al kirchnerismo de los últimos dos años de la presidencia de Cristina Kirchner con el pase a retiro de Alberto Fernández y la derechización de Juntos por el Cambio con el propio Macri como candidato a presidente en 2023. Este último, funcional a un estrepitoso fracaso del país en los próximos años.


seguir leyendo

Lo más visto

Noticias Recomendadas