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ALBERTO Y LA ECONOMIA

Evangelio peronista

El nuevo gobierno encaja en el clima de época, sin mayor paciencia por el largo plazo. Semejanza Menem-Cavallo. 30 de noviembre, 2019

No debería sorprender que en un país en el que en la última década bajó más de diez puntos el número de argentinos católicos y crecieron los fieles evangelistas el poder vuelva a estar en manos del peronismo. La tendencia religiosa que marcó una reciente encuesta realizada por el Conicet revela un escenario que tiene paralelismo político.

Jugando con espejos, podría decirse genéricamente que el peronismo es evangelista y el resto de las fuerzas con las que se enfrenta (radicalismo, PRO últimamente) son el catolicismo.

A los últimos (Macri, UCR)  les toca habitualmente el turno de postular la idea de una tierra prometida, pero el camino hacia ella está lleno de sacrificios y algún Vía Crucis. Habrá premio para la sociedad que haga las cosas bien a largo plazo, que no se deje caer en la tentación. Pero, primero hay que saber sufrir. Para los argentinos condenados al éxito el paraíso es posible, sí, pero en otra vida. Ahí es donde el peronismo impone su propio evangelio.

A los últimos (Macri, UCR)  les toca habitualmente el turno de postular la idea de una tierra prometida, pero el camino hacia ella está lleno de sacrificios

En un mundo cambiante que tiene en la finitud su única certeza, donde la tecnología acelera tiempos y ansiedades, y en un país que tiene a la inestabilidad y la poca certidumbre como constante, los autoproclamados herederos de Perón proponen el “vivamos bien hoy”. El asadito del domingo es el pájaro en mano y vale más que cien brotes verdes que vienen volando, y nunca llegan. ¿Cómo no decir aleluya ante semejante propuesta?

De alguna manera, Macri coqueteó y tuvo rédito con esa idea en 2015, con su muletilla “es hoy, es aquí, es ahora”, pero luego, se sabe, pasaron cosas.

Recalculando. Alberto Fernández comenzó prometiendo ponerle plata en el bolsillo a los argentinos como el primer paso en el camino hacia la luz presidencial. La idea fue desde el principio celebrada por igual en la CGT y en la UIA, replicando la histórica alianza que el peronismo siempre busca construir con la base y la cúpula de la pirámide social. No falta quien afirme que el justicialismo y sus matices se apoyan en esa base para llegar al poder y luego se mantienen sustentados por la cúspide.

Lo argumentan con casos como la reciente coincidencia entre Héctor Daer, el gremialista más cercano al presidente por asumir, y Miguel Acevedo, titular de la Unión Industrial, quienes creen en conjunto que no son tiempos de demandas.

Por las dudas, Hugo Moyano salió a pedir un bono de fin de año y en un golpe a dos bandas busca dejar como reblandecido al gremialismo que aspira a no dejarle lugar en el nuevo poder,  y al mismo tiempo funciona como advertencia al próximo gobierno, si es que lo excluye del sistema de reparto que cree o aspira a merecer. Los hombres de negocios también toman sus recaudos.

Daer descartó que haya un bono de fin de año generalizado sino que se evaluará en cada sector

La poderosa AEA, que reúne  a empresas como Arcor, Techint y Clarín, entre otras grandes compañías, acaba de sumar nuevos integrantes de peso a sus filas. Cierto es que la mayoría de quienes la integran –que en conjunto facturan más de 50 mil millones de dólares– también están representados en la UIA, pero muchos de sus miembros creen que no está de más ampliar la masa crítica, en el hipotético caso de que la Unión Industrial albertista no sea lo suficientemente solidaria con sus pares si al nuevo gobierno se le ocurre replicar algunas metodologías de gestiones pasadas.

Con todo, lo que aún no está claro es a qué bolsillo se va a aplicar el débito para que el dinero viaje masivamente hacia los argentinos. Hace pocos días un máximo representante de un banco de capitales extranjeros comentaba que en el sistema financiero hay depositado el equivalente a 6 puntos del PBI, pero que el dinero declarado por los argentinos es casi diez veces más de lo que le confían a los bancos.

No parecen cifras que ayuden a dar la sensación de falta de recursos frente a acreedores como el FMI y tenedores privados de deuda a los que en principio, se pretendería convencer con una idea del evangelio criollo: primero perdonen a la Argentina y luego hagan el sacrificio de no recibir pagos de capital e intereses por dos o tres años. La historia reciente no reúne las condiciones para ser garantía de cumplimiento.

Vos fumá. Que el futuro presidente anticipe que no va a pedirle al FMI los millones que le había prometido a Macri, no suma ni resta. Es como si, ahora que se separó, uno le avisara a la China Suárez que no va a invitarla a salir. Nadie está esperando eso.

Alberto anticipó que no pedirá al FMI los US$ 11 mil millones restantes del acuerdo

Si Duhalde es el monumento al bombero, Marco Lavagna se anotó en la primera fila de los lanzallamas. Su nombramiento quizás sea el último gesto del plan seducción a Roberto Lavagna para ubicarlo en el Gobierno o en el lugar cercano que sea. Marco no solo tuvo gatillo fácil para tuitear que va a estar a cargo del Indec, sino que al toque salió a pronosticar la inflación de 40% para 2020 y a subirle el precio al dólar actual. ¿Efectivamente se habrá cortado solo o estará diciendo algo que alguien no quiere o no puede decir? En la City, hubo alguna gente que se puso en movimiento aún antes de sacarse esa duda.

Está claro que mucho de lo que dice hoy Alberto Fernández no necesariamente tiene por destino a quien o quienes se alude. Sus referencias a las crisis que atraviesan los países de la región por estos días apuntan más a crear su propio posicionamiento puertas adentro o a que su rol regional le dé una centralidad que parece ceder ante Cristina en las designaciones del futuro gabinete y otros cargos estratégicos.

El futuro presidente parece tener reservada o reservarse para sí, la decisión de en quién o quiénes delegará el manejo de la economía, el Ministerio que despierta las mayores expectativas.

El futuro presidente parece tener reservada o reservarse para sí, la decisión de en quién o quiénes delegará el manejo de la economía

Como si una divisoria marcara que la gestión política quedará en manos de Cristina y él pasara a ser el responsable de los resultados económicos por venir. Fantaseando, algo así como lo que ocurrió en su momento con Menem y Cavallo, pero con roles de poder invertidos. En los hechos, el ministro fue entonces el verdadero segundo integrante fuerte de aquel gobierno.

Con diferencias que no son menores, el escenario económico del fin del gobierno de Macri quizás sea tanto o más complejo que el del arranque de la década del 90, por la recesión y la inflación, pero también por la frustración social.

En esa zona de riesgo económico se definirá si Alberto Fernández aprueba el examen. En la Argentina, pocas cosas como la economía son capaces de ubicar a un presidente tan cerca del paraíso o del infierno.

*Director de Radio Perfil.


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