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En busca de la paridad de género

. 14|04|19

Un hecho evidente de los últimos años de la vida pública argentina ha sido la aparición y consolidación del movimiento de mujeres como el actor socio-político más dinámico de la agenda democrática de derechos individuales y sociales del siglo XXI. La larga movilización de todos estos años permitió romper una valla entre la calle y el palacio: por primera vez se discutió una ley de legalización del aborto en el Congreso que no se aprobó, y se logró la paridad de género en el campo electoral.

Sin embargo, este avance parcial nos hace reflexionar sobre todo lo que falta. El movimiento feminista construyó una transversalidad social múltiple en la calle (la confluencia de mujeres de distintas generaciones, distintas pertenencias políticas, distintas creencias) que todavía no se tradujo en una transversalidad institucional en el terreno del Estado y las políticas públicas.

En este sentido, quiero mencionar tres ámbitos institucionales en los que es necesario avanzar con la perspectiva de género de manera más operativa y sustancial: la política, la economía y la política social.

En lo político, la ley de paridad de género significó un avance importante frente a la vieja ley de cupo femenino de 1991, que en la propia noción de “cupo” dejaba implícito el lugar marginal que tenía la mujer en el sistema político. La paridad legislativa alcanzada hoy expresa un piso de igualdad necesario, pero todavía no hay una paridad sustantiva que permita el acceso de la mujer a los verdaderos espacios de poder político. Hay concejalas y diputadas, pero hay muy pocas intendentas, ministras o gobernadoras. Se podría decir que las mujeres están en las listas, pero todavía no están en las mesas donde se hacen las listas.

Hasta que no incorporemos la perspectiva de género al ámbito de la toma de decisiones de la política, no habrá una paridad efectiva que equipare la presencia de mujeres y hombres en cada vértice de poder, y mientras no se modifique la lógica de ese poder habrá menos chances de que las políticas públicas incorporen la mirada de las mujeres a la hora de ser más eficaces.

La crisis económica nos permite ver hasta qué punto son las mujeres quienes más la sufren: son mayoría en los aumentos del desempleo y el trabajo en negro. La falta de recomposición salarial también las afecta más que a los varones: en promedio, ganan un 26% menos que ellos. Y estas cifras se duplican en las poblaciones de jóvenes hasta 29 años. El desafío es inmenso: se trata de incorporar la perspectiva de género a la legislación del trabajo, a las convenciones colectivas, a la práctica sindical y a los protocolos laborales de las empresas.

Las políticas sociales de género instrumentadas por el Estado están en el centro de las demandas del movimiento feminista. A la falta de presupuesto adecuado en áreas vinculadas con la prevención de la violencia de género o la salud sexual y reproductiva, se agrega la falta de planificación burocrática: ¿qué pasa cuando una fiscalía archiva una denuncia por violencia sin escuchar a la víctima? ¿Qué hacer cuando una mujer ingresa a un hospital a causa de un aborto espontáneo o legal, pero se le escatima la atención médica? Se trata de situaciones concretas que ocurren, y que necesitan un abordaje institucional que garantice los derechos de las mujeres que son vulneradas en contra de lo que prescribe la ley. Para que estos abusos no se produzcan, hay que incorporar la perspectiva de género como un requisito de la capacitación de los agentes administrativos  del Estado y de la Justicia.

El análisis de estas tres dimensiones del estado actual de la inequidad de género sirve para reconocer los logros obtenidos en la calle, pero también para detenernos en lo que falta, y desde allí comprender esta nueva etapa que se abre: las mujeres debemos pasar de la visibilización de nuestros problemas a la transversalización progresiva de la perspectiva de género en cada estrato institucional de la política, el trabajo y el Estado que nos permita alcanzar soluciones efectivas.

Cada marcha por Ni Una Menos, cada convocatoria por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, cada paro de mujeres, nos aúna, nos fortalece y nos hace crecer. Cada acción del movimiento de mujeres argentino marca tendencia y es apoyado en el mundo. Las calles son nuestras, pero solo con la calle no alcanza. Necesitamos un Estado que se haga eco definitivamente de esta voz, para alcanzar una sociedad más equitativa, más justa y con más derechos para todes.

 

*Licenciada en Comunicación Social UNLP. Especialista en Comunicación Política y Organizaciones.


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