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'El gran reset'

Lo que necesita el mundo por venir son tierras raras, minerales, alimentos y agua limpia. 24 de julio, 2020

No se trata de un capítulo más de la saga de Star Wars, ni un problema computacional. “The Great Reset” es nada más y nada menos que el título, eslogan y bajada de línea principal de la conferencia del Foro Económico Mundial que se reunirá en la ciudad de Davos (Suiza) en enero de 2021.

Revoluciones en la Matrix. Quizás desde la mirada argentina, aldeana, de la política, donde las discusiones principales se centran en conspiraciones pequeñas, pase inadvertida o subestimada la reunión de Davos del año próximo. Sin embargo, allá se propondrá nada menos que pensar el marco político-institucional para la nueva revolución (pos) industrial que se desarrolla delante de nuestros ojos, pero que la pandemia del Covid-19 no ha hecho otra cosa que acelerar. El creador y principal soporte ideológico de la cumbre de Davos es el economista alemán Klaus Martin Schwab, quien publicó en 2016 el libro La cuarta revolución industrial, cuya edición en castellano fue no casualmente prologada por Ana María Botín, presidenta del Banco Santander. Los cambios tecnológicos recientes están en el centro de la mirada del “álma mater” de la cumbre de los Alpes suizos que según sus propias palabras “abarca amplios campos, como la inteligencia artificial (IA), la robótica, el internet de las cosas (IoT), los vehículos autónomos, la impresión 3D, la nanotecnología, la biotecnología, la ciencia de materiales, el almacenamiento, energía y la computación cuántica, por nombrar unos pocos”.

Muy sintéticamente, la primera revolución industrial (principios y mediados del XIX) comenzó en Inglaterra con la invención de la máquina a vapor, los ferrocarriles y la industria textil. La segunda, más profunda se organizó alrededor de lo que el profesor Carlos Abalo llamó la era en que “las máquinas construyen máquinas”. Esta fase alcanza su plenitud en la primera mitad del siglo XX, alrededor de la cadena de montaje y la industria automotriz: su baricentro, la fábrica. La tercera revolución, más reciente (a partir de los años 70) se basa en la sílice: desarrollo de las computadoras, la digitalización y la automatización de los procesos. La cuarta revolución comienza a delinear el fin del hombre-productor y la fragmentación completa de los procesos productivos.

Reseteando. Pero ¿por qué hay que reiniciar al mundo? Existen muchos interrogantes alrededor de este imperativo categórico. El primero aborda las inquietantes tensiones entre la democracia liberal (en algunos casos solo formal) y la nueva fase del capitalismo. Luego aparece la inquietud sobre el lugar de los propios Estados nacionales que parecen ser pírricos ganadores en la lucha contra la pandemia, pero que se ven afectados a diario por la fluidez de los capitales financieros y que hoy encuentran una nueva tecnología para obviar los controles de los bancos centrales: el blockchain.

El creador del concepto del reinicio global es el experto en desarrollo y ciudades creativas Richard Florida. Su libro Gran reset: Nuevas formas de vivir y trabajar para impulsar la prosperidad es de 2010 e intenta dar una respuesta a la crisis financiera internacional de 2008. Su definición del reinicio no deja lugar a dudas: “Los grandes resets son transformaciones amplias y fundamentales del orden económico y social que van más allá de lo estrictamente económico o financiero”. El problema es que, como Florida comenta, “el reset económico actual no ha hecho más que empezar, por lo que aún resulta difícil intentar determinar cómo se resolverá”. En esta indeterminación no se puede excluir el avance de la hegemonía china planetaria en detrimento de la estadounidense. Es uno de los problemas que en Davos se buscará debatir.

Inclemencias. En cada cambio global la República Argentina se vio profundamente afectada. La primera revolución industrial la encontró como el “granero del mundo” que los conservadores aún añoran. Con la segunda se convirtió en un país con aspiraciones industriales, pero con fuertes y permanentes conflictos con los sectores agropecuarios que lo llevaron a su inestabilidad política característica. La tercera revolución industrial (la digital) encontró al país en una crisis permanente con altos picos inflacionarios, volatilidad de la moneda y políticas zigzagueantes entre el proteccionismo y el liberalismo económico. ¿Cuál es el lugar de Argentina frente a la cuarta revolución y el reset en ciernes? La primera proyección es que parece tender a la coexistencia de un sector agropecuario, minero, acuífero y en menor medida energético con el complejo estatal. Una de las preguntas que recibió Alberto Fernández en el encuentro del Council of the Americas se refirió precisamente a las energías renovables.

El planeta por venir necesita en primera medida minerales (como tierras raras), luego alimentos y agua limpia. No parece necesitar de Argentina productos o equipos industriales, ni para su consumo interno, en un regreso a 1880 en un contexto de sobremodernidad. En medio de ese páramo Richard Florida considera que el mundo que viene es de las nuevas urbanizaciones y dentro de ellas, de las clases creativas, una pequeña elite con capacidad para generar ideas con un mercado mundial hiperconectado.  

Finalmente, el complejo estatal tendría la función de permitir la supervivencia de quienes queden a la intemperie económica. Claro que la inquietud que genera este panorama es si el mapa social podrá resistir este formato de reset. Con la crisis del coronavirus ya se empieza a visualizar una nueva batalla en el marco de la seguridad urbana, una escalada criminal que encuentra a personas armadas y dispuestas a disparar. Un far west en la era de la información, lo que generará miles de interpretaciones y dilemas éticos y morales, con el agregado de la facilidad de juzgar las acciones de terceros. En este sentido, el sistema democrático se verá sometido a fuertes e inéditas tensiones.

Los hacedores de futuro. Cambiar el lugar que le correspondería a la Argentina tras la nueva revolución industrial y el Gran Reset parece no ocupar espacio en ninguna agenda vernácula. Si este espacio no emerge, lo más probable es que el futuro se decida en Davos.

 

*Sociólogo (@cfdeangelis)


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