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El cazador cazado

27 de junio, 2020

En el documental The Great Hack, en el que se cuenta cómo la consultora británica Cambridge Analytica intervino desde Facebook en el referéndum del Brexit y las presidenciales estadounidenses de 2016, el profesor de análisis de datos David Carroll le hace juicio a la consultora en el Reino Unido y pide que le devuelvan los 5 mil puntos de información que tienen sobre su perfil. Carroll lamenta que, después de ganar el pleito, no haya conseguido que le restituyeran la información y dice que cuando su pequeña hija cumpla la mayoría de edad la acumulación de datos que Facebook tendrá de ella será de 70 mil puntos.

Quien haya visto el documental, muy recomendable, habrá asistido al trabajo científico que hay detrás de Cambridge Analytica. Nada escapa a la invasión que se perpetra contra los votantes pero lo que ocurrió en Tulsa esta semana pone en ridículo a todo el equipo de la campaña electoral de Trump y contra las cuerdas a todos los ingenieros de su plataforma de redes.

En Tulsa, una ciudad de 400 mil habitantes del estado de Oklahoma, el presidente hizo su primer acto de cara a las elecciones de noviembre. Todo estaba bajo control y la decisión táctica de comenzar allí es porque en 2016 superó a Hillary Clinton por más de treinta puntos, con lo cual el éxito estaba asegurado.

El estadio elegido para el acto, según informó la BBC, no superaba las 20 mil localidades y, para acceder, solo había que hacer una reserva a través de la red. El único inconveniente era que, debido al Covid-19, y siendo Estados Unidos el país de mayor riesgo del mundo con casi 2 millones y medio de contagios, esto actuara en contra de la convocatoria. A pesar de ello, el trabajo en las redes parecía una garantía para el éxito. Todo comenzó a funcionar en ese sentido. Abierta la inscripción, se agotaron los asientos. La cifra siguió en aumento y, al igual que la curva exponencial de la infección, pasó de 50 mil a 500 mil pedidos. Se decidió inmediatamente montar un escenario en el exterior del estadio con una pantalla gigante y el jefe de campaña de Trump escribió en su cuenta de Twitter que sería la primera vez que el presidente hablara en persona, al mismo tiempo, a los asistentes de un estadio y a la multitud congregada afuera. La cifra de demandas para asistir seguía subiendo. El trabajo en redes de la campaña demostraba su fortaleza nada más comenzar la carrera electoral. Cuando se estaba por llegar al millón de pedidos, Trump publicó un tuit: “¡Casi un millón de personas solicitaron entradas para el Rally de la noche del sábado en Tulsa, Oklahoma!”. Fox News, la cadena que apoya al presidente –y de mayor audiencia–, emitía un marcador indicando cuántos pedidos faltaban para llegar al millón.

¿Qué podía salir mal?

Se abrieron las puertas del estadio y la gente empezó a ocupar sus asientos mientras, afuera, un grupo se arremolinaba en torno al escenario con la pantalla gigante. A medida que pasaban las horas el recinto no se llenaba. En un momento dado se pidió a quienes se habían quedado afuera que ingresaran, y se desmontó el escenario. Cuando Trump llegó al estadio había solo 6.200 personas, el total de asistentes según el parte de los Bomberos de Tulsa. Las fotos oficiales de la campaña lo ocultan, pero todos los medios dejaron en evidencia al presidente en un estadio vacío.

¿Qué ocurrió? El ex asesor de George Bush, Steve Schimdt, dijo que miles de adolescentes y seguidores de K-pop de todo el país boicotearon el acto haciendo una campaña desde sus cuentas de TikTok para realizar falsas reservas. El 12 de junio, un video que circuló en TikTok aseguraba que se habían hecho ya unas 700 mil reservas. ¿Nadie lo vio en el cuartel general de la campaña de Trump?

No han hecho falta científicos de Cambridge ni los perfiles de Facebook esta vez. Simplemente la pericia de chicos y chicas desde una red adolescente. El ingeniero David Carroll habrá sonreído: el cazador cazado.

 

*Escritor y periodista.


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