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OPINION

De Macri a Guzmán

16 de octubre, 2020

La reaparición de Macri en reportajes, al ritmo de uno por día, más humilde y mejor en el primero, impaciente y arrogante en el tercero, explicando su fracaso con la economía, coincide con la necesidad de Alberto Fernández de mostrar que él mismo aún no fracasó en la misma materia, pasando a colocar en el centro de la escena al ministro Martín Guzmán, centralidad que no tuvo un ministro de Economía desde la salida de Lavagna en 2006.

El problema de fondo es el mismo: no fracasó solo Macri, con una ideología opuesta también fracasó  Cristina Kirchner empeorando la economía que heredó en 2007 para entregar en 2015. Y el éxito de Néstor Kirchner con luces y sombras es discutible  porque hubo una economía distinta los segundos dos años de su presidencia ya sin Lavagna, cuando continuó con el crecimiento iniciado a fines de 2002 pero consumiendo futuro al atrasar las tarifas, otra forma de endeudamiento. Un crecimiento –en terminología de Martín Guzmán– no sustentable.

Cristina Kirchner fracasó en economía como Macri. El PBI de 2014 y de 2015 cayó más de 2% cada año 

El modelo de Macri no explotó gracias al Fondo Monetario Internacional. Pero Trump no le dio casi 50 mil millones de dólares a Macri para que venciera  al kirchnerismo en las elecciones haciendo la campaña electoral más cara de la historia como cree parte del peronismo. Le dio casi 50 mil millones de dólares para que Macri pudiera terminar su gobierno y fuera el primer presidente no peronista en lograrlo. Con el plan económico de ajuste de emisión cero del FMI, nadie hubiera podido ganar frente a cualquier candidato de una oposición unida.

El modelo kirchnerista no explotó en 2015 pero se consumió toda la inversión hecha en los 90 cuando objetivamente se modernizó la infraestructura pública, se consumió además los ingresos extraordinarios del superciclo de aumento del precio de las materias primas e hipotecó el futuro pasándole a Macri el retraso de las tarifas, un Banco Central sin reservas y una economía en recesión con caídas del Producto Bruto de más de dos por ciento por segundo año consecutivo (2014 y 2015).  

 Argentina tuvo éxitos económicos entre 1990 y 1994, y entre 2003 y 2008, pero ninguno fue sustentable. En 1995 el desempleo que había sido de 7% hasta 1992 pasó a 10% en 1993 y a 11,5% en 1994, para saltar ese año del Tequila a 17,5% y llegar a 18% en 1997 para bajar a 13% en 1998 y volver a subir a 14% en 1999 cuando Menem terminó su mandato: el doble de cuando asumió una década atrás. Fue un exitoso plan de modernización del país con fracaso social al duplicar la exclusión de los desfavorecidos sin un seguro de desempleo. Al revés, Néstor Kirchner y luego Cristina Kirchner lograron éxito social tomando el desempleo de 17% en 2003 para llevarlo nuevamente al 7% pre Menem de finales de los 80, pero no modernizando el país. Uno tuvo modernización sin inclusión, el otro inclusión sin modernización. 

La modernización con inclusión es la asignatura pendiente tanto del oficialismo como de la oposición. Y quizás ahora, por el verdadero efecto de los casi 50 mil millones de dólares del FMI/Trump a Macri, haciendo que el peronismo no pudiera asumir con la bomba ya explotada a su predecesor, como con Alfonsín en 1989 y De la Rúa en 2001, sino teniendo que soportar la detonación en su propio gobierno, estén dadas las condiciones para un acuerdo nacional no por afinidad sino por espanto. En sus reportajes, Macri dijo estar seguro de que este era el último gobierno populista de la historia de Argentina. Basando su pronóstico –tácitamente– en que la crisis económica se lo devoraría, sin poder cumplir las promesas de mejoras omnipresentes del peronismo.

Macri sigue insistiendo en su posición anticuarentenas (en privado hasta antibarbijo) consciente o inconscientemente invocando a “San pandemia”. El coronavirus empeoró tanto la economía en todo el planeta (sumado a su agravamiento en Argentina) que hace imposible al gobierno de Alberto Fernández producir en 2021 las mejoras por las cuales fue votado en 2019.

Ese escenario que empodera a Macri y alarma a Alberto Fernández tiene su ejemplo extremo en el libro de Naomi Klein de 2007, El auge del capitalismo del desastre,  que dio origen a “la doctrina del shock” por la cual para producir cambios ortopédicos en una sociedad era necesario primero que se produjera un desastre que diluyera la voluntad de resistencia a ellos.

Contra ese hipotético desastre es que salió Martín Guzmán a ocupar el centro de escena, el jueves en Vaca Muerta y el viernes en el conurbano bonaerense lanzando “Desagües Pluviales Burzaco Sur” antes de participar en la clausura del Coloquio de IDEA insistiendo ante los empresarios en que no devaluará ni desdoblará el mercado cambiario ratificando que el precio de referencia del dólar para finales de 2020 es el del presupuesto, $ 81,40, y lo mismo para finales de 2021 de $ 102,40.

Si Alberto Fernández fracasa económicamente, nada garantiza que se vote un plan económico de Juntos por el Cambio

Si lo lograra, llevará al Frente de Todos al triunfo electoral. Si fallara –como muchos creen–, la idea de Macri de regreso de Juntos por el Cambio en 2023 será la hipótesis más probable. Martín Guzmán es el plan de Alberto Fernández, pero: ¿puede el plan ser una persona? ¿Fue Cavallo el plan de Menem? La respuesta es no. Cavallo fue el autor de la Convertibilidad, esencial para que Menem fuera reelecto, pero el plan de Menem fue el de reforma estructural del Estado, que comenzó antes de Cavallo y continuó después de su renuncia, sumado a las “relaciones carnales” con Estados Unidos como simplificación del eje estructurante de la política internacional.

Como Macri tuvo su plan y salió muy mal, si Alberto Fernández fracasara, no necesariamente la sociedad confiaría en otro plan de Juntos por el Cambio. Lo mejor para Rodríguez Larreta sería que Alberto Fernández fuera un presidente de transición, exitoso en lo más difícil: desarmar la bomba que se pasaron Cristina y Macri. 


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