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Comodoro PyMe (parte I)

Como ya hemos dicho aquí en varias ocasiones, el Cuadernogate es un hecho histórico. Porque permite poner luz por primera vez en una zona oscura. 9 de febrero, 2019

Como ya hemos dicho aquí en varias ocasiones, el Cuadernogate es un hecho histórico. Porque permite poner luz por primera vez en una zona oscura. Muy oscura: la matriz del vínculo espurio entre quienes administran el Estado y los privados en costosos negocios que pagamos todos. Nada de ello fue inventado por el kirchnerismo, pero sí lo llevó al paroxismo. Y nada de ello podría haberse hecho sin la anuencia de integrantes de la Justicia.

Hasta ahora la investigación había avanzado sobre ex funcionarios y empresarios, pero poco en la pata judicial, con la única excepción del ex juez Norberto Oyarbide, más manchado que un tigre aunque en libertad y gozando de su cuantiosa jubilación, cuanto menos.

De pronto, a través del diario La Nación (receptor original de las copias de los cuadernos de Centeno) se filtró que la arrepentida viuda del ex secretario privado K Daniel Muñoz, acusados de juntar 70 millones de dólares, reveló que le habían pagado una coima al juez federal Luis Rodríguez por 10 millones para zafar de la investigación por enriquecimiento ilícito de su difunto marido.

En Comodoro Py es vox populi el encono personal que hay entre Rodríguez y Stornelli

Horas después, Horacio Verbitsky adelantó su habitual texto dominguero para publicar en su sitio web una investigación de un juez de Dolores, en la que aparece el fiscal de los cuadernos, Carlos Stornelli, vinculado a un curioso personaje que pedía sobornos supuestamente en nombre del funcionario.

Apunte uno. En Comodoro Py es vox populi el encono personal que hay entre Rodríguez y Stornelli. Casualmente, a los dos se les asigna relaciones con bandos opuestos de los servicios de inteligencia, no del todo desactivados como mostró PERFIL hace dos semanas.

Apunte dos. Ambos funcionarios, uno en on y otro en off, negaron obviamente las denuncias, las calificaron de “operación” y se pusieron a disposición de la misma Justicia de la que forman parte.

¿Lo dejamos acá, permitimos que cada sector de la grieta se indigne y acuse al otro y seguimos hasta el próximo escándalo? Así como el Cuadernogate es una oportunidad para intentar cambiar la matriz pública-privada corrupta hacia algo más transparente y con controles, también otorga la chance de limpiar la Justicia, sin la cual –insisto– nada de esto hubiera sido posible.

Hay juzgados federales, en la Capital y las provincias, donde se tarifan medidas de instrucción

Hay juzgados federales, en la Capital y las provincias, donde se tarifan medidas de instrucción. Si se investiga o no. Si se plancha una causa. Si se llama a declarar. Si se allana o se avisa antes del allanamiento, para que quede despejado. Si se archiva. Si se sobresee o se dicta la falta de mérito. Todo parece tener un precio.

No muchos magistrados federales están en condiciones de justificar el tren de vida que llevan con los salarios que cobran. Algunos lo hicieron más evidente, como el desplazado camarista Eduardo Freiler. Otros son más elegantes, discretos, prolijos. Y tienen familias numerosas: esposa, hermanos, primos, a los que les va muy, pero muy bien.

Contra lo que pretenden hacernos creer, en esos casos no hay en juego cuestiones ideológicas o políticas sino simplemente de negocios. Acaso por eso, varios de esos juzgados no solo resultaron funcionales al kirchnerismo sino también al macrismo. Por caso, el ahora cuestionado Rodríguez despachó en tiempo récord una causa contra Luis Caputo, cuando era Messi según el Presidente.

De lo que hizo el kirchnerismo con la Justicia Federal ya cuentan hasta el hartazgo los medios tuertos. Están en su derecho. Pero Cambiemos, en tres años de gestión, si bien levantó el pie de la presión directa o la extorsión, no ha cambiado ni afectado el sistema federal de administración judicial, sobre el que tampoco ha hecho mucho la Corte Suprema a lo largo de la laaarga presidencia de Ricardo Lorenzetti.

 

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