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OPINION

Ceguera paradigmática

27 de junio, 2020

El presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados de la Nación, el diputado Eduardo Valdés, acaba de confesar que fue la coalición gobernante la que censuró la exposición de Sérgio Moro en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.  En el “Diálogo virtual desde la Universidad de Buenos Aires: Pensar América Latina después de la pandemia Covid-19”, realizado el viernes pasado, del cual Valdés fue el presentador inicial, dijo: “En esa Facultad de Derecho donde estudiamos querían hacer una afrenta contra el presidente Lula trayendo y queriendo hacer que exponga sobre valores del derecho a quien no practicó precisamente esos valores en su propio país. Entonces ese mismo grupo encabezado por el consejero graduado Fernando Muriel tratamos de que eso no suceda porque era una afrenta a los valores que nos habían inculcado en esa casa de estudios”.

La réplica a la frustrada  videoconferencia de Sérgio Moro mostró que no fue la universidad quien la censuró 

El anuncio del evento con la participación de Lula y Alberto Fernández organizado por otra de las facultades de la UBA, en este caso la de Ciencias Sociales, transmitía la carga simbólica de una respuesta a la frustrada conferencia de Sérgio Moro hasta por su literalidad: una videoconferencia, organizada por una facultad pública, para profesores y especialistas, con la presencia de quien un sector de la Argentina cree que es la contrafigura de Sérgio Moro. 

 Pero Valdés, en lugar de dejarlo tácito, hizo explícito el carácter de réplica de esta videoconferencia agregando: “Y acá estamos entonces nosotros (con Alberto Fernández) mostrándonos junto al presidente Lula, que es un orgullo de todos los valores que nos han inculcado a nosotros dentro de la Universidad y fuera de la Universidad, y que tratamos de practicar en nuestra vida pública y en nuestra vida política”. 

Junto a su hiperactividad oral, que muchas veces le genera inconvenientes, Eduardo Valdés es una persona que genera empatía en el diálogo personal. Pero a pesar de tener una vocación por los temas internacionales habiendo integrado el equipo de Rafael Bielsa en la Cancillería en 2003, siendo embajador en la Santa Sede en 2014, habiendo hecho un posgrado en la Universidad de Georgetown en Washington especializado en política internacional y  habiendo sido parlamentario del Mercosur en 2015, lamentablemente no entiende la política de Brasil.

Su asociación entre el peronismo y Lula y el Partido dos Trabalhadores (PT) de Brasil es una simplificación comprensible en quien solo sigue el tema por los medios argentinos y no estudió la realidad brasileña en su territorio. Valdés le dijo a Lula: “Usted nos demostró en serio que no hay fronteras, que su palabra es la que antes nos enseñó Juan Perón pero que se proyecta en el continente (...) Hoy, como diría Perón, el continente está dominado, ojalá sea Alberto Fernández el dirigente que convoque a una dirigencia que rompa las cadenas de esta dependencia en América Latina y volvamos a tener los estándares de autonomía que usted tuvo al momento en que fue presidente, cuando nació la unión de América del Sur, la Unasur”.

Cuando en Brasil Bolsonaro pierda las elecciones, algo probable, no parece que sería por el triunfo del PT ni de un partido con ideas peronistas, sino partidos socialdemócratas de centro-centro izquierda como sería en Argentina Alfonsín o en el Brasil del pasado Fernando Henrique Cardoso, y/o en manos de candidatos de centro-centro derecha como del gobernador de San Pablo João Doria. Como ya se explicó en esta columnas varias veces, el PT es mucho menos importante en Brasil que el peronismo en Argentina.

El desconocimiento de nuestra dirigencia sobre nuestro principal vecino y socio comercial es lamentable. Muy pocos siquiera leen o acompañan medios en portugués. Siguen comparando a Sérgio Moro con Bonadio y a la Justicia brasileña con Comodoro Py sin darse cuenta de que no están atacando solo al impresentable de Bolsonaro sino que están ofendiendo al Poder Judicial brasileño, que tiene una autonomía incomparable con la de nuestra justicia federal y tribunales superiores.

La ceguera paradigmática nubla la visión e impide ver los claroscuros de un país continental como Brasil, cuya complejidad política es comparable a la de Estados Unidos, ambos con un territorio cuatro veces mayor que el nuestro, y una población 5 y 7 veces mayor que la nuestra. Trump no es EE.UU. (quizas ni sea su presidente en 2021), tampoco Bolsonaro es Brasil.

La metonimia, y no la metáfora, entre el Partido dos trabalhadores y el peronismo es el núcleo de la confusión

Pedí a Sérgio Moro su opinión sobre la videoconferencia del viernes y envió el siguiente mensaje: “En la conferencia entre el presidente Fernández y el ex presidente Lula, me molestó el hecho de que ambos atribuyen a los Estados Unidos la responsabilidad de los procesos de soborno que el ex presidente Lula habría sufrido en Brasil, lo que evidentemente no es cierto. Aparentemente, hacen lo mismo en relación con los procedimientos contra Cristina Kirchner. Es una solución argumentativa falsa en América Latina. El agente extranjero siempre tiene la culpa de nuestros problemas. De alguna manera se parece a algunas narraciones sobre la Guerra paraguaya, cuando culparon a Inglaterra por el conflicto, a pesar de que no hay evidencia histórica al respecto. Brasil y Argentina van juntos solo con retraso”.

Bolsonaro compara al kirchnerismo con el chavismo, no hagamos las mismas simplificaciones, solo la correcta comprensión de la realidad nos permitirá crear los remedios correctos para recuperarnos de nuestra continua decadencia. 


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