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Bizancio en marcha

26 de junio, 2020

A diferencia de muchos colegas que tildan siempre el “NS/NC” para eludir un compromiso profundo con el presente, yo abrazo todas las causas, especialmente las más excéntricas, y no me importa mucho si quienes convocan a marchar entienden de qué están hablando porque el movimiento, en última instancia, se demuestra andando. Tomemos las calles todos los sábados contra el comunismo (ese experimento caduco de superación del capitalismo que lxs estudiantxs estudian en las clases de historia). A lo mejor el marchar nos permite pensar algo sobre lo común que no sea la mera repetición de recetas. Rasgémonos las vestiduras en favor de la propiedad privada (inclusive la propiedad de lo viviente: “con mis hijos no te metas”).

Sugiero aquí otras convocatorias igualmente urgentes, para movilizar a lo más granado de Chetoslovaquia: “No al sistema métrico decimal” (sabemos desde 1890 gracias al nordestino Padre Ibiapina que es obra del Anticristo). “Basta de libertad de vientres” (poner en una misma oración “libertad” y “vientre” es una apelación al relajo sanitario y sexual, me imagino odaliscas perturbadas corrompiendo a la Infancia). “Prohibamos la veneración de imágenes religiosas (¡Aguante Bizancio!)”, la urgente “‘Estamos contra todas las leyes, empezando por la ley de gravedad”, convocada por el mismo colectivo de “¡Copérnico miente! ¡Viva el geocentrismo!” y, sobre todo: “Basta de discriminación: todos somos chetos”. Hay libros, pero ya los haremos quemar: sus complejidades distraen.


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