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Archivar a Baglini

Fernández elude hacer promesas y busca nombres con espalda. Futuro cercano sin alegrías para dar. 22 de septiembre, 2019

Parafraseando el gran texto de Umberto Eco, dos de las miradas frente al futuro del país se pueden dividir entre apocalípticas e integradas. Si bien en aquella obra Eco se refería al impacto de la cultura de masas en la edad de oro de la televisión, esta versión autóctona apunta a cómo será la “economía de masas” del próximo gobierno.

Entrar o morir. La posición de los integrados es la más fácil de reconocer. La Argentina tiene que incorporarse al mundo en la actual división internacional del trabajo y especializarse en lo que mejor le sale: la producción agropecuaria, que eventualmente puede extenderse a algunos alimentos que se puedan producir a partir de las materias primas. Los festejos sobre que China comprará por primera vez harina de soja en vez de los porotos van en esa dirección. Para profundizar esta integración, las tareas que habría que realizar son conocidas: eliminación de las barreras arancelarias, reducción de impuestos, y reforma laboral y previsional. Todo esto en el marco de un achicamiento del Estado que permita, en teoría, una expansión veloz del sector privado capaz de absorber a los trabajadores desempleados y los que se quedarían sin empleo tras una reforma de este tipo. Este es el programa de shock que los economistas despechados de Cambiemos todavía le reclaman al Mauricio Macri con menos canas de 2015. Sin embargo, frente a la herencia que dejará el actual gobierno y al posible retorno de un gobierno peronista, este programa deberá esperar mejor oportunidad.

Allí es donde empiezan a tallar los apocalípticos. Dueños de las peores perspectivas, observan las tensiones cambiarias, la alta y creciente inflación, los montos e intereses de la deuda pública con la masa de Leliq que duplica al circulante, y pronostican un final como el de Raúl Alfonsín: crisis social, hiperinflación y, como salida, una neoconvertibilidad. Las fechas del fin serían claves, como para todo pronosticador agorero: entre el día de la elección general del 27 de octubre y la asunción del nuevo gobierno el 10 de diciembre se desatarían los infiernos. Por eso también (para compensar) suministran información recomendando un adelantamiento de la entrega del mando.

Hay que leer poco el mundo para saber que la posición de los integrados no fluye en los tiempos que corren.

A las disputas por la aplicación de aranceles entre Estados Unidos y China, se les sumó el rechazo del Parlamento austríaco esta semana al acuerdo Mercosur-Unión Europea. Las cosas no son fáciles, como puede ver Andrés Manuel López Obrador, obligado a negociar con Donald Trump la contención de millones de migrantes provenientes de Honduras y Guatemala para evitar sufrir sanciones por parte de su gigante vecino.

La salida de los apocalípticos no es saludable. Cada crisis desde el regreso de la democracia fue hundiendo en la miseria a millones de argentinos. La tercera parte de los que no logran superar la canasta familiar no surgió de la nada, y ya comienza a conocerse a la tercera generación de jóvenes marginados de la salud o educación, para no hablar de la exclusión de un mercado de trabajo en condiciones normales. Debe señalarse que existe una continuidad en los integrados y los apocalípticos, pues estos últimos creen que la integración solo se puede hacer a la fuerza. Hay que revisar los textos (y videos) de aquellas crisis hiperinflacionarias entre finales del gobierno de Alfonsín e inicios del de Carlos Menem, tamizados por cruentas imágenes de saqueos para observar que aquella situación se transformó en la llave de oro en manos del actual senador riojano para implementar las reformas estructurales de los años 90, particularmente la privatización de las empresas estatales. Cambios antes impensables.

¿Existen alternativas entre apocalípticos e integrados? ¿Hay una “tercera vía” que no sea una expresión vanguardista sin referencia a las actuales correlaciones de fuerza?, o ¿existe otra opción por fuera de una solución de compromiso como la paridad uno a uno de los 90 pero que escondiera el huevo de la serpiente de 2001? No hay una respuesta clara, pero no queda otro camino que buscar soluciones creativas que permitan superar la situación.

Larga marcha Es verdad que la mayor responsabilidad para establecer un curso de acción hacia el próximo quinquenio es de la clase política, para desde allí articular, convencer o incluso forzar a otros actores a establecer un marco que le permita volver a crecer a la economía, quizá no en término de tasas chinas post 2003 pero sí por encima del crecimiento vegetativo de la población.

La campaña que se vuelve a poner en funcionamiento este fin de semana quizá sirva para exponer programas y alternativas.

El macrismo se relame las heridas tras las primarias con un sector pendiente de la retaguardia apuntando a conservar los territorios propios y que, de perderse, lo colocarían al borde de la extinción política. Estos son especialmente la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Mendoza, territorio que probablemente eligió la fecha más incómoda del calendario electoral para elegir gobernador o gobernadora: el domingo próximo.

Pero el corazón de Juntos por el Cambio, encabezado por Mauricio Macri, Marcos Peña y el inseparable Miguel Pichetto, cree que hay que seguir el camino épico. Sostienen que es factible rescatar una segunda vuelta llevando más votantes, aprovechando errores, como lo sucedido en Tucumán, y asustar a algunos votantes con un mapa político teñido de un azul justicialista (¿será posible sin hablar de economía?). A partir de allí, la larga marcha anunciada por treinta ciudades, que se inicia en Barrancas de Belgrano de la Ciudad de Buenos Aires y que tocará zonas en que los referentes locales preferirían figurar en soledad en los carteles de la vía pública.

En el otro rincón, la preocupación de Alberto Fernández parece estar lejos de la generación épica, y más cerca de tener un panorama aproximado de la situación que tendría que afrontar en caso de ganar las elecciones.

En este marco trabaja en el armado de un equipo de contención con dirigentes de peso con espalda para postergar noticias esperadas por quienes precisan una rápida recomposición del ingreso.

Probablemente serán tiempos de archivar el teorema de Baglini.

 

*Sociólogo (@cfdeangelis).

Carlos De Angelis

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