gatos

Alguna otra parte

Este deseo de evasión se equilibra con un tufillo general indecidible de “ojalá que pase algo en serio”, cuando en realidad lo que se desea es que ojalá no pase nada. 1|12|18

No debe ser casual que las noticias más vistas en los portales “alternativos” tengan que ver con (a) los indios de Sentinel del Norte que acabaron a flechazos con el misionero evangelista Chau; (b) un mapa coloreado con los países más seguros para ir a pedir asilo político; (c) el redescubrimiento de la Atlántida en el delta del Guadalquivir, en Andalucía, por parte de una empresa británica que no aporta más pruebas que el deseo y unas fotos de lo que ya se conoce desde hace siglos, y (d) la colisión de un asteroide del tamaño de dos Big Ben que se acercaría a la Tierra siete veces en los próximos cien años con una probabilidad de 0,0000003 de golpearnos un agosto. Las noticias que leemos cuando no hacemos nada útil tienen que ver con estar angustiados en otras partes.

Hasta la contraofensiva independiente del “primer agregador de noticias no automatizado para Hispanoamérica hecho en Argentina” se rige por el rating de interés de las mayorías que están al pedo y curiosamente tiende a coincidir con la arenga de Patricia Bullrich: abandonen la ciudad, déjenla libre para el G20. Si usted no puede abandonárnosla por medios físicos, enciérrese a viajar por celular a alguna otra parte.

Este deseo de evasión se equilibra con un tufillo general indecidible de “ojalá que pase algo en serio”, cuando en realidad lo que se desea es que ojalá no pase nada. Ojalá no detengan al príncipe saudita, ojalá Rusia y Ucrania no se declaren la guerra, ojalá que Assange se reúna ya en libertad con su gato, que –por cierto– fue expulsado de la Embajada de Ecuador porque ensuciaba.


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