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INTERNET INTOLERANTE

Algoritmos, elecciones, Bolivia

El fanatismo crece en el mundo. Sin darnos cuenta, los algoritmos nos relacionan con personas, ideas y productos que reafirman nuestras creencias. La red nos encierra en burbujas de “parecidos”, dificulta el contacto con quienes tienen una visión distinta de la vida. Nos hundimos en una ignorancia informada que promueve el maniqueísmo. 11 de octubre, 2020

Si alguien cree que la Tierra es plana, los algoritmos le pondrán en contacto con otros que opinan lo mismo, con textos “científicos” que demuestran que el hombre no llegó a la luna, con sitios que dicen que la redondez del planeta es una tesis comunista. Al cabo de un tiempo supondrá que la mayoría comparte sus supersticiones y terminará afiliado a una sociedad terraplanista.

La red permite que se cumplan las fantasías más extrañas y las depravaciones más absurdas. En Rotemburgo Armin Meiwes, un técnico informático de 42 años, mató y devoró a un ingeniero de 43, tras haberle cercenado el pene que comieron juntos. Meiwes dijo que cuando buscó en la red a personas que quisieran ser comidas vivas, encontró  204 aspirantes. Estas cosas habrían sido imposibles sin las conexiones de internet que permiten encontrar todo tipo de relaciones.

En la política antigua se estudió cómo se creaban verdades mentirosas. Irving Janis, acuñó el concepto groupthink en Groupthink: psychological studies of policy decisions and fiascoes, en donde habla de grupos que crean verdades engañosas, que les conducen a tomar decisiones irracionales a partir de mentiras compartidas.  

Absurdos. La red amplió el fenómeno más allá de las élites y con frecuencia produjo absurdos evidentes, que influyen en nuestras sociedades. Fanáticos como los Proud Boys, que respaldan a Trump, no admiten a mujeres, son misóginos, homofóbicos, creen en la superioridad de la raza blanca, combaten a negros y latinos. Su líder es Enrique Tarrio, un afro cubano, hijo del caos conceptual de la red.

La internet es la principal herramienta de avance tecnológico de la humanidad, pero trae también problemas: estimula la superficialidad de algunos políticos que creen que los 280 caracteres de Twitter son bibliografía suficiente para convertirse en estadistas. En nuestros países hay bastantes necios solemnes.

Hay políticos que creen que 280 caracteres en Twitter los convierten en estadistas

La ignorancia fomenta el síndrome de hubrys que estudió Robert Owen, compuesto por narcisismo, arrogancia, orgullo exagerado, abrumadora confianza en sí mismo y desprecio por los demás. Presidentes y funcionarios de mediana importancia se endiosan, se creen dueños de la verdad y se dedican a decir simplonadas.

El fenómeno se desarrolla de manera distinta en países con instituciones que limitan las tonterías de los poderosos, y en otros en los que las instituciones desaparecieron, como Bolivia. En vez de pensar en los problemas de la gente, hay líderes que se persiguen unos a otros, con o sin fundamento, crean leyes, nombran jueces obsecuentes que absuelvan a los propios y persigan a los adversarios. Se forma una enorme puerta giratoria en la que corren todo el tiempo, a veces como perseguidores, a veces como perseguidos. Para eso hacen política.

Esto que existió antes, irrita mucho a la población actual, angustiada por necesidades y problemas, a la que la enojan políticos dedicados a lucrar o a  satisfacer venganzas. Ni siquiera hablan de la muerte y la enfermedad que nos angustiaron estos meses, de la hecatombe economica que viene, del temor frente al desempleo y un futuro imprevisible. Solo les importa su suerte.

La gente cambió con la pandemia. El encierro y la intensa relación con la red transformó su mente. Está enojada y más deshinibida que hace un año. Los mensajes autistas de líderes anticuados, la debilidad institucional, la conmoción producida por la pandemia y la Cuarta Revolución Industrial nos llenan de interrogantes. Este es el contexto general en que se producen las elecciones bolivianas, el próximo domingo.

Elecciones. Bolivia es un país multicultural. La constitución reconoce 37 idiomas oficiales. El más hablado es el español, seguido por el quechua y el aymará. Aunque la mayoría de los bolivianos se dice católica, mezcla esta religión con cosmovisiones ancestrales como el culto a la Pachamama, que se funde con la Virgen de Copacabana, o la de Urkupiñia. Hay regiones aymarás al sur del Lago Titicaca que veneran al Tata Apóstol Santiago, el mismo Santiago Mataindios que hasta hace poco se reverenciaba en México.

Líderes como Evo Morales reivindican las culturas ancestrales. En 2009 emitió un decreto supremo que reconoció al año nuevo aymará (Wilma Kuti, el retorno del sol) que se celebra en Tiwanaku. En esta columna hemos hablado varias veces acerca  del solisticio de invierno del sur, en el que se celebra el Inti Raymi quechua y el Wilma Kuti aymará, distintos del solsticio boreal que coincide con la navidad cristiana o la celebración a Huitzilopochtli en la cultura azteca.

La reivindicación cultural condujo a Evo a graves enfrentamientos con regiones como Santa Cruz o Beni, las más ricas del país, habitadas por blancos y mestizos de cultura guaraní, semejante a la de Paraguay o a la de las provincias del noreste argentino.

El país se ha caracterizado por la inestabilidad política y la debilidad de las instituciones, como todos los que han sufrido la intervención permanente de las Fuerzas Armadas. Es el país latinoamericano que más presidentes ha tenido desde la independencia.

Desde hace mucho, sus élites son pesimistas. En 1983, como director de Flacso, me reuní con el rector de la Universidad de La Paz y otros académicos. Cuando le preguntamos “¿qué haría usted si le entregan el poder total de la república y puede disponer lo que quiera para cambiar al país?”, lo pensó un momento y respondió “pues me exiliaría”.

Evo cayó en la tentación que arruinó a Fujimori y a Menem: perpetuarse en el poder

Evo. Evo Morales es  el presidente que más ha durado en el poder: 13 años y 10 meses. Su gobierno estuvo lleno de contradicciones como la historia apasionante de su país. Logró un crecimiento promedio del 5% anual, la pobreza disminuyó al 17%, gracias a una política economica que garantizó la inversión extranjera y promovió el crecimiento agresivo de la minería. Al terminar su gobierno las empresas mineras extranjeras se habían duplicado.

El arquitecto de ese manejo  económico  fue su ministro de economía, Luis Arce, actual candidato presidencial del MAS, que aceptó recientemente en la televisión que en 2019 Evo Morales organizó el fraude presidencial que le costó su derrocamiento.

Evo cayó en la misma tentación que arruinó a Fujimori y a Menem: tratar de perpetuarse en el poder. El año pasado, después de unas elecciones sospechosas, la policía trató de detenerle, y Jeanine Añez se instaló en el Palacio Quemado, una señora que a la que le puso la banda presidencial un oficial de la marina. Blandía una biblia y anunció que acabaría con las religiones autóctonas del país.

Añez organizó una cacería de partidarios de Morales y su gobierno fue un desastre, uno de los tres más rechazados de la región. Se dedicó a la lucha ideológica anacrónica, e hizo esta semana un homenaje a los “Beneméritos de Ñancahuazú”, como se conoce a quienes capturaron y asesinaron a Ernesto “Che” Guevara.

Mientras la gente sufría los efectos de pandemia, para la que el país no había estado preparado, la presidente fue víctima del marketing político. Vendedores de humo publicaron encuestas que le favorecían, le dijeron que con publicidad podía crecer y la señora se postuló a la presidencia de la Republica. Su campaña en contra de Evo y el MAS rebotó. Con su torpeza logró que Arce se proyecte como el claro triunfador de la primera vuelta. Constatando su rechazo general, se retiró para apoyar a los que están en contra de Arce, un apoyo más para el MAS.

Mesa. Las elecciones se realizarán el 18 de octubre. En las encuestas aparece segundo Carlos Mesa, ex presidente provisional. Conversé con él hace dos años, cuando Evo aparecía en las encuestas muy desgastado. Mesa tenía cerca a jóvenes graduados en la GWU que sabían de Comunicación política. Habría sido relativamente fácil ganar las elecciones combinando su experiencia con las nuevas técnicas.

Hacer esto parece fácil pero suele ser difícil.  Se necesita no solo un candidato inteligente, sino que tenga la mente abierta para usar las herramientas del siglo XXI. Mesa perdió su oportunidad. Los acontecimientos posteriores  complicaron las cosas.  No solo tuvo que enfrentar a la potente maquinaria del MAS sino al fuego amigo de una presidente nociva y activa.

Las últimas encuestas dicen que Arce, del MAS, tendría el 30,6 por ciento y Carlos Mesa el 25%. Si traducimos este resultado a votos válidos, Luis Arce, tendría 41,2%; mientras que Mesa, sacaría un 33,5%. En Bolivia gana en una vuelta quien obtiene un 40% de los votos y más de 10% de ventaja sobre su inmediato contendor. El primer requisito estaría cumplido, el segundo no es imposible.

En otras mediciones que se hacen para el análisis, el 30% dice que de seguro votaría por Arce, podría votarle un 16%, nunca lo haría un 47%. A Mesa le votaría de seguro un 19%, podría votarle un 26% y nunca lo haría un 51%.  Arce está en mejores condiciones.

Las simulaciones de segunda vuelta que se hacen a esta altura de la eleccion no sirven para nada. En más de una ocasión hemos visto cómo quienes pierden en ese tipo se simulaciones antes de hora, ganan el los comicios. Si Mesa acumula apoyos de líderes como Añez, que tienen tanto rechazo, pierde fuerza.

Este es el contexto en que se producen las elecciones bolivianas, las primeras del mundo después de la pandemia. César Muñoz que trabajó durante seis años en Bolivia para Human Rights Watch dice que el uso de la justicia como ama de persecución política pone al país en camino a volver a la Edad de Piedra. Coincidimos con ese pesimista vaticinio.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.


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