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Surgen grietas en Frente de Todos en plena crisis

El partido gobernante muestra signos de tensión tras solo 10 meses en el poder, complicando aún más el desafío de salir de una profunda recesión. Mientras, la popularidad de Alberto Fernández se hunde. 16 de octubre, 2020

En la Argentina están emergiendo múltiples divisiones entre las diferentes facciones de la coalición peronista que gobierna, incluido el bloque más centrista del Presidente, Alberto Fernández y los partidarios de la poderosa vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner. El momento es especialmente perjudicial porque su administración se está quedando sin efectivo y la pandemia está golpeando fuertemente a Argentina.

La decisión de la semana pasada de la Cancillería de sumarse a una votación regional condenando al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por violaciones a los derechos humanos basados en un informe de las Naciones Unidas, fue fuertemente criticada por los aliados cercanos de Cristina Kirchner, lo que provocó la renuncia de una diplomática. El incidente refleja el acto de equilibrio ideológico en curso que se extiende a la política económica, las relaciones con la empresa privada y los tribunales.

A principios de este año, un intento de nacionalizar una empresa procesadora de soja en dificultades, que fue aplaudido por los miembros más radicales de su partido, se revirtió tras las críticas de otros aliados y la poderosa industria agrícola.

Si bien los miembros de la coalición niegan que se esté produciendo una división significativa, dos funcionarios cercanos a Fernández admiten que las tensiones están creando un ruido no deseado. Los líderes peronistas dicen en privado que las reformas favorables a la inversión son necesarias para revertir la economía, pero el Gobierno no está dispuesto a pagar el costo político asociado con cambios impopulares.

Dos funcionarios cercanos a Fernández admiten que las tensiones están creando un ruido no deseado

“El Presidente no está ejerciendo su poder ahora mismo y por eso el peronismo está confundido”, dijo Andrés Malamud, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Lisboa. “Es un gobierno que no gobierna, y en Argentina, la economía se complica sin gobierno”.

El peronismo, un movimiento nacido de la primera presidencia de Juan Perón en 1946, generalmente favorece las políticas intervencionistas que dan a los trabajadores la ventaja sobre las empresas. Pero en una señal de su naturaleza camaleónica, los diferentes gobiernos peronistas a lo largo de las décadas han ido desde amigos hasta enemigos de Wall Street y Washington.

Lo que está en juego es si Argentina puede romper su larga historia de crisis económicas recurrentes y sentar las bases para políticas sostenibles que duren más allá de cualquier período de cuatro años. En los últimos cinco años, Argentina pasó de ser un paria de los mercados financieros globales a ser un favorito de los inversionistas que organizó una reunión del G20, solo para incumplir nuevamente su deuda y volver a imponer controles de capital.

La falta de claridad en las políticas se suma a una serie de otros problemas. Después de una reestructuración de la deuda de US$ 65 mil millones y los éxitos iniciales en la lucha contra la pandemia del coronavirus, los bonos recién emitidos se han derrumbado y las malas políticas de pruebas y rastreo de Argentina han contribuido a agravar la crisis sanitaria. La nación ocupa ahora el quinto lugar entre los países con mayor número de casos del mundo.

Incluso la naturaleza está poniendo a prueba al Gobierno, con incendios descontrolados que causan estragos en la región central del país.

Entre los problemas económicos preexistentes y el impacto de la pandemia, Argentina se encamina este año hacia su mayor contracción registrada, con crecientes especulaciones de que el Gobierno tendrá que devaluar el peso.

“Si alguien está planeando una marcha para que me aleje de Cristina, se equivoca porque no voy a hacerlo.” (Alberto Fernández)

Una persona familiarizada con el pensamiento del Presidente dijo que una devaluación rápida no es política ni económicamente factible, debido al traspaso inmediato a los precios y la inflación, lo que perjudicará a los más vulnerables, incluida su base de votantes. Al mismo tiempo, la naturaleza impredecible de la pandemia inhibe la capacidad del Gobierno para pensar en políticas de mediano plazo, agregó la persona.

Las diferencias internas sobre la política económica han surgido últimamente. La decisión de hacer más estrictos los controles de divisas en septiembre reveló una división entre el jefe del banco central, Miguel Pesce, y el ministro de Economía, Martín Guzmán. Las tensiones entre ellos aumentan mientras el Gobierno negocia cómo devolver un préstamo de US$ 44.000 millones al Fondo Monetario Internacional.

“La economía no va bien, los enfermos están empeorando. Es un gobierno que no ha hecho nada exitosamente”, dijo Julio Bárbaro, un ex político del peronismo.

Mientras tanto, siguen creciendo en el centro de Buenos Aires las protestas mensuales de la oposición que rechaza una reforma judicial propuesta que algunos ven como una forma de proteger a Fernández de Kirchner y otros funcionarios de problemas legales persistentes, lo que ha causado más fricciones.

Fernández ha negado fisuras internas o diferencias con su vicepresidente. “Si hay alguien que está planeando una marcha para que me aleje de Cristina, se equivoca porque no voy a hacerlo”, dijo el 11 de octubre.

Pregunta abierta

La unidad dentro del mayor movimiento político del país siempre fue una pregunta abierta desde la victoria electoral de Fernández hace un año.

El Presidente, un operador político que nunca antes había ocupado un cargo electo, obtuvo la victoria debido, en gran medida, a la base de votantes profundamente leal de Fernández de Kirchner desde su época como presidenta de 2007 a 2015.

Eduardo Duhalde, un peronista que también enfrentó una grave crisis y duró poco más de un año como presidente hasta 2003, dijo que la administración de Fernández está paralizada por los crecientes problemas del país. “El presidente está grogui”, dijo a una estación de radio local en septiembre.

Las encuestas muestran que el índice de aprobación de Fernández cayó al nivel más bajo desde que asumió el cargo en diciembre, y solo 35% de los argentinos considera que el Gobierno está haciendo un buen trabajo.

Malamud dice que los gobiernos anteriores solo pudieron calmar el caos dejando en claro quién toma las decisiones. “Hay que cambiar dos cosas y es muy poco probable: un presidente fuerte y un ministro de economía fuerte”, dijo. “La única forma en que Alberto puede generar confianza es separándose de Cristina y ha demostrado que no está dispuesto a hacerlo. De hecho, busca estar más cerca de ella”.

Patrick Gillespie

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